viernes, 27 de marzo de 2009

¡Feliz Equinoccio de Primavera!

Disculpen sus mercedes que llegue tarde, es que no bien acabo de despertar de mi letargo invernal y ya me ataca la astenia primaveral. ¡Si hasta me noto “borroso”! ¡Uy, perdón por el felino bostezo, un poco más y desencajo la mandíbula!
Bueno, lo dicho, que el equinoccio primaveral les vaya de maravilla a todos. Pido a la Madre Tierra, que las alergias a gramíneas o similares les sean leves, y que la vida que ahora germina sea un reflejo del germinar espiritual e intelectual de vuesas humanas personas.
Les recuerdo que los célticos germanos, festejaban por tales fechas a la Diosa Eostre, el renacer primaveral, que simbolizaban pintando huevos de vivos colores, pues sumaban así, el colorido de la explosión floral, a la vida dormida que contenía el huevo y pronto se haría realidad.
¿Y ahora que caigo, en la actualidad no es, por estas fechas, cuando se hacen dulces sobre los que se colocan huevos cocidos; y también huevos de chocolate, rellenos de sorpresas?
Su felino y seguro servidor, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide, se acurrucará otro ratito, que esto de felicitar cansa mucho.

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¿Serían tan amables, de guardarme un orondo y sabroso huevo de Mamá Oca, para cuando despierte...? Mmmiiiaaarrraaamamiauu...
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Salud y fraternidad.

jueves, 26 de marzo de 2009

“El que no es agradecido, no es bien nacido...”

Texto encontrado en un panel sobre la restauración del precioso templo, tardo-románico, de San Lorenzo, en Córdoba:
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“Gracias a esa mujer llamada Mustak, por dedicarle una mezquita a su hijo Al-Muquira, convirtiéndose desde entonces este sitio en lugar sagrado.
Gracias a Gafarben Abderraman, su director de obras.
Gracias al Rey Don Fernando III, por mandar edificar sobre dicha mezquita esta Iglesia de San Lorenzo.
Gracias a todos los canteros castellanos y alarifes musulmanes que la llevaron a buen término.
Gracias a Hernán Ruiz II por regalarnos su magnífica torre campanario tras el derrumbe de la primitiva.
Gracias a Melchor Fernández Moreno, Francisco Hurtado Izquierdo y a Juan del Río por el espléndido retablo mayor, y a otros tantos artistas anónimos.
Gracias a todos los Párrocos, Sacristanes y feligreses por su cariño hacia este templo.
Gracias, especialmente a “El Maño” por casi toda una vida dedicada a su cuidado.
Gracias a la Consejería de Cultura y al Obispado de Córdoba por ponerse de acuerdo en su restauración.
Gracias a todos aquellos que han intervenido, en mayor o menor medida, en estas últimas obras: Constructoras, técnicos, especialistas, operarios, etc.
Gracias a los cernícalos, por NO elegir esta iglesia como su segunda residencia, sin cuya colaboración habríamos tardado “algo más” en terminar las obras.
Gracias, en definitiva, a Dios por haber permitido que esta joya de edificio haya llegado hasta nosotros luchando contra el Tiempo, la Naturaleza y, en ocasiones, contra el Hombre.
Gracias a todos”
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Un texto de espíritu tan abierto es muy de agradecer, teniendo en cuenta los tiempos de corren de intransigencia e integrismo. Aunque un punto notamos a faltar, y vamos a incluirlo de nuestra cosecha:
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“Gracias a quienes, al menos de momento, permiten hacer fotos en el interior de este magnífico templo, ojalá su ejemplo cunda en los demás templos cordobeses”.
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Salud y fraternidad.

domingo, 15 de marzo de 2009

“En Sajazarra... Nada es verdad, ni es mentira”.

Sajazarra es una acogedora población de La Rioja, que ha conservado su aire antiguo sin por ello dejar de vivir en el presente. Al pasear por sus calles, aparte del encanto medieval, podemos encontrarnos con más de una sorpresa. Entrando en una plazuela, al doblar una esquina, o saliendo de cualquier callejón, el surrealismo puede saltarnos a los ojos y hacernos ver visiones.
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¿Por qué se empeñan esas dos vecinas, o son vecinos, o amigos, o enamorados, en estrechar sus manos desde ambos lados de la diminuta calleja? ¿Es real, esta visión, o es producto de los caldos de la tierra, catados en la Bodega del Castillo? ¡Nuestra razón se nubla, alucinamos, allí no hay ventanas! ¡Los brazos surgen de los muros de piedra!
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Sin embargo, al salir a la luz de la plaza y volver la vista, descubrimos que la fantasmagórica visión es tan sólo una “broma visual”. Respiramos, aliviados, al comprobar que no habíamos sido víctimas de una aparición fantasmal. Y más, cuando nos informan los amables vecinos que, cada verano, se celebra en esta localidad un Festival de Música Antigua y unos Encuentros de Arte Moderno.
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Muestra de tales sucedidos culturales, que dan vitalidad al lugar, son esas insólitas figuras que nos acechan en cada rincón, como las citadas manos. O este impresionante dragón que, literalmente, hecha humo por las fauces, porque sirve de chimenea a una calefacción.
En resumen, un pueblo agradable, divertido y curioso, digno de visitarse en cualquier época del año, pero sobre todo en verano.
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Salud y fraternidad.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Refranero “marzero”, desde mi brasero.

“En marzo la veleta ni dos horas está quieta”.
“Marzo varía siete veces al día”.
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No tiene marzo mejor prensa que febrero, en esto del clima. Cierto que algunos árboles florecen y brotan en otros las primeras hojas, pero la primavera es todavía una ensoñación, un duermevela. Se presiente, se oyen sus pasos, pero antes de llegar todavía ha de combatir con el invierno que se retira. Y suerte tendremos si una heladada intempestiva no arruina la precoz floración.
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“Marzo trae las hojas y noviembre las despoja”.
“Cuando marzo mayea, mayo marcea”.
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Porque hay árboles que parecen haberse vuelto locos, en medio del clima cambiante y extremoso se tornan excesivos, florecen como a lo loco, desbordan energía por todas sus yemas. Parece que tienen prisa, no quieren ser los últimos o los menos generosos. Aunque, esta superabundancia, puede que tan solo responda a esa técnica tan querida por la Naturaleza: el derroche. Mientras más embriones se produzcan, más posibilidades hay de que alguno prospere.
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“De marzo no te fíes que es traidor, tan pronto frío como calor”.
“Marzo que empieza bochornoso, pronto se vuelve granizoso”.

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La contienda entre ambas estaciones todavía será larga, complicada, de resultados inciertos para los dos bandos. Tan pronto parece que va a triunfar lo cálido, cuando una arremetida del frío nos devuelve a la cruda realidad. Así que es necesario actuar como los avisados campesinos, cortar leña y atizar la chimenea, pues las noches pueden ser especialmente duras.
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Nuestros celtibéricos compadres catalanes, parecen sentir un recelo especial por el mes de marzo y lo reflejan en este refrán tremendista: “Març marçot, mata a la vella a la vora del foc... i a la jove si pot”. (En román paladino, literal: Marzo marcero, mata a la vieja al lado del fuego... y a la joven si puede).
¡En nombre de la Diosa bendita, esperemos que sólo sea un refrán de tiempos pasados...!
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Salud y fraternidad.

jueves, 26 de febrero de 2009

¡Cantad y bailad! ¡Perséfone ha vuelto!

Gea, diosa por excelencia de la Tierra, la del amplio seno, es la Madre y Nodriza Universal, la tumba y la cuna de los seres vivientes. Ella produce todas las cosas, animales, plantas, humanos; todo lo nutre, lo hace prosperar, y todo vuelve a ella.
Cuando personifica la fuerza reproductora, de la tierra cultivada, aquella por cuya voluntad el suelo fructifica, se manifiesta como Deméter –cuyo nombre significa Madre Tierra-. Las tradiciones de su culto, se relacionan con la fertilidad y con el trabajo encaminado a obtener de ella los alimentos, no en vano se le atribuye el invento del arado.
Hija de Zeus y Deméter, es Perséfone, que representa la naturaleza renacida cada primavera, tras la desolación invernal; pero es, también, la esposa de Hades, dios del mundo de ultratumba, el Averno, y como tal Señora de la Inmortalidad del alma, de su eterno retorno.
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La esencia del culto se centra en el carácter cíclico de la Naturaleza, simbolizado en la siguiente tradición. Zeus prometió, a su hermano Hades, la mano de Perséfone. Pero el pretendiente, cansado de esperar, raptó a la joven y la condujo a su reino subterráneo. Deméter, airada al saber que Zeus consentía aquello, dejó el Olimpo. Este abandono de su puesto celeste provocó la aridez del suelo que, privado de su mirada protectora, cesó de producir mieses y frutos. En vano le rogó Zeus, pues ella se negaba a regresar si no le era devuelta su hija. Al fin, Zeus cedió y mandó recado para que Hades restituyese a la joven, sin embargo ello no era posible, pues durante su estancia en el Averno, Perséfone había comido una granada, el fruto del amor, y se había convertido en la esposa de Hades. Hubo que habilitar una solución de compromiso, Perséfone viviría tres meses con su esposo, durante los cuales la tierra permanecería yerma, latente, y otros nueve con su madre, que serían de fertilidad y cosechas.
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Al comenzar la primavera Perséfone vuelve, Deméter resplandece de gozo y derrama la fertilidad sobre la tierra, que en verano se manifiesta en abundantes frutos y cosechas; al llegar el otoño, la joven regresa al Averno, y la tristeza de su madre produce el adormecimiento paulatino de la fertilidad.
En honor a Deméter y Perséfone se celebraban las Fiestas Eleusinas y los Misterios de Eleusis. Las Pequeñas Eleusinas tenían lugar a mediados de febrero, como preludio a la primavera; las Grandes Eleusinas eran a mediados de septiembre, cuando se presentía el otoño. Se hacían procesiones, con antorchas, y ofrendas de frutos. Los fieles danzaban, bebían, cantaban, comían y se daban baños purificadores. De los “Misterios”, nada podemos decir, a los iniciados les está prohibido hablar de ellos...
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Salud y fraternidad.

miércoles, 25 de febrero de 2009

“Entierro de la Sardina” ¡Justicia poética...!

El Miércoles de Ceniza, es para mí un día irritante, muy irritante. Los humanos celebran el “Entierro de la Sardina”, entierro simbólico, claro, pero uno, gato al fin y al cabo, no puede dejar de sentir nostalgia. ¡Tanta sardina paseada a hombros! ¡El hocico se me hace agua!
Porque, aunque sean sardinas de cartón piedra y papel, servidor no puede dejar de soñar como sería hincarle el colmillo a una, de verdad, de carne y raspa, de ese tamaño...
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[Entierro de la Sardina, Buzanada de Arona (Tenerife), 6 de marzo de 1984].
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En fin, dejemos los sueños y reflexionemos. Quizá, vuesas mercedes, no se hayan parado nunca a considerar el significado profundo, el más íntimo y esotérico, del “Entierro de la Sardina”. Dicho entierro, que en realidad se resuelve mayoritariamente en incineración, tiene su explicación aparente, superficial, o “exotérica”, en el hecho de que los seguidores de Don Carnal, al terminarse el Carnaval y ver aproximarse las “estrecheces” gastronómicas de la Cuaresma, como “venganza” por verse obligados a comer, de ahí en adelante, tan sólo pescado, queman la sardina en efigie como algo jocoso.
.[Idem anterior].
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Lo que de oculto o “esotérico” tiene, este exorcismo popular, es bastante herético. Es tan simple que a nadie se le había ocurrido, hasta que un humilde felino como yo lo ha pensado.
Los “fieles” de Don Carnal, que deben pasar obligatoriamente al servicio de Doña Cuaresma y sus ayunos, lo que nos demuestran con tal acto, es que lo hacen cual “conversos”. Es decir, “a la fuerza ahorcan”. O sea, como si declarasen: “dejamos los jolgorios, dejamos la carne, pero es contra nuestra voluntad, porque nos obligan. No ejecutamos este precepto de buena voluntad, sino por miedo a ese Dios vengativo, a sus no menos vengativos ministros y a sus temidos sayones. Vamos a comer solo pescado, pero sabed que odiamos esta costumbre impuesta por la fuerza. Por eso, enterramos la sardina, la quemamos, ante vuestras santas e inquisitoriales narices”.

Y es que la fe, por obligación, es coacción, no devoción.

Lo dicho. ¡Quemar la "Sardina" es pura justicia poética!
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Salud y fraternidad.

lunes, 23 de febrero de 2009

“En el buen sentido de la palabra, bueno...”

El hecho de la casual coincidencia de fechas, con el jocoso Carnaval, no debe hacernos olvidar que un hombre bueno murió, en el exilio, hace 70 años. Un hombre del que, en estos días de máscaras, bien estará saber que nunca usó otra, quizá, que la de la poesía, y no por engaño sino por pudorosa timidez.
No tuvo que exiliarse por haber apoyado el extremismo, la violencia, la anarquía, el fanatismo o la guerra. Ni por desprecio o despego, hacia el terruño en que creció.
No, tuvo que dejar su tierra por haber apoyado a un gobierno, imperfecto como todos, pero democráticamente constituido; por creer en la libertad, del ser humano, para elegir el ideario que le viniera en gana, sin compromisos dogmáticos; por pensar que la fe es algo íntimo, libremente asumido, y no una obligación colectiva, impuesta por la fuerza; por creer en la diversidad de ideas, sin verdades absolutas; por pensar que la humanidad podía progresar, intelectual y materialmente, mediante la cultura y el conocimiento.
No, no tuvo que dejar su tierra por asesino y maleante, sino por haber sido honesto y consecuente con sus ideales y sueños. Tuvo que morir, exiliado, enfermo y perseguido, por haber soñado que Caín y Abel, hermanos después de todo, podían llegar a convivir en paz.
Cuando recogieron su cuerpo, en el bolsillo del traje, los amigos encontraron un papel con el último verso escrito por el poeta, porque era poeta:
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Estos días azules y este sol de la infancia...”
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Ese hombre bueno, ese poeta, ese soñador de futuros mejores, se llamaba Antonio Machado. Murió en Collioure (Francia), un mediterráneo pueblecito al otro lado de la frontera, el 22 de febrero de 1939. Hace setenta años, hace una eternidad. ¿O acaso, tan sólo un instante...?
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Sobre su humilde tumba, si no temiésemos profanar la modestia que lo caracterizaba, podrían figurar sin rubor sus propias estrofas:
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“Hay en mis versos gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”.

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“Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar”.Tamaño de fuente
(Retrato, Campos de Castilla, 1912).
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Salud y fraternidad.

sábado, 21 de febrero de 2009

“Sepan, gatos, que es Antruejo”.

Todavía subsiste, en el interior de la Catedral de Murcia, un Decreto expedido por su Santidad Clemente XIV, en 1769, a instancias de Don Joaquín de Olmeda, Arzobispo de Cartagena, en el cual concede indulgencias a los Capitulares de dicha Catedral y a los fieles que asistan a las Horas Canónicas diurnas, “en los tres días de Carnestolendas... Solamente en el espacio de los tres dichos días”. El objeto era “apartar de los pecaminosos desórdenes de dicha fiesta”, a las ovejas del rebaño... Por suerte, pocos fueron los borregos y borregas que siguieron tal sugerencia, la mayoría prefirió la fiesta, fuera del redil, a las indulgencias, dentro de él.
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¡Mascarita! ¿Me conoces?
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¡Un servidor, redomado felino agnóstico, quiere sumarse al desmadre de aquellas ovejas díscolas! ¡Como iba yo a perderme unos buenos carnavales, también llamados “antruejos” y “carnestolendas”! Así que, ni corto ni perezoso, me encasqueté el disfraz y salí a dar la tabarra, a cuantos tirios y troyanos se me pusieron por delante, con la tópica y cansina pregunta de rigor:
-“¿Me conoces mascarita?, ¿Me conoces mascarita...”
¡Y claro que me conocían! Como que el rabo me asomaba, tras la máscara, delatando mi raza y condición. No obstante, me divertí a modo, hice reír y me reí. Porque esa es la esencia de la fiesta, subvertir el orden establecido, ser lo que no se es, para aguijonear libremente las conductas, modas y modos del personal. Para desfogar el ánimo contenido, cambiando lo que somos, por lo que nos gustaría ser...
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Antruejo, buen santo, Pascua no tanto”.
Las “Mascaritas” de Buzanada de Arona (Tenerife), 13 de febrero de 1982.
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No hay Carnaval sin luna, ni Semana Santa a oscuras”.
Las “Carnestolendas” de Chinchón (Madrid), 17 de febrero de 1985.
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Carnestolendas aguadas, Pascua soleada”.
[Idem ant.]
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Alegrías, antruejo, que mañana será ceniza”.
Los “Antruejos” de Villanueva de Valrojo (Zamora), 5 de febrero de 1989.
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Desde San Antón, mascaritas son”.
[Idem ant.]
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Por muchas vueltas que dieron los sastres, no sacaron al Antruejo del martes”.
El “Carnaval” de La Adrada (Avila), 27 de febrero de 1990.
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Todo el año es Carnaval y en estos tiempos mucho más”.
[Idem ant.]

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Por las fotos ya habréis deducido que el carnaval que me gusta es el de raíz popular, el de mascaritas, moharrachos, botargas, destrozonas, zamarrones, etc. Es decir, el de aquellos que se disfrazan como manda la tradición, con lo primero que pillan en el desván, aquellos que, cual sastres improvisados, toman unos trapos y se cosen "una piel" para la ocasión. El carnaval de los pueblos y aldeas, claro, porque el otro, el "institucional", con pregón "pactado", disfraces de "diseño" y "pase de modelos", es una rebeldía de "quiero y no puedo".
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¡Viva don Carnal! ¡Muerte a doña Cuaresma!
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Martes era, que no lunes,
martes de Carnestolendas,
víspera de Ceniza,
primer día de Cuaresma.
Ved que martes y qué miércoles,
qué víspera y qué fiesta;
el martes lleno de risa,
el miércoles de tristeza.
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La mujer se viste de hombre,
y el hombre se viste de hembra.
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¡Qué abundancia de cosas,
qué de aparato de mesas,
capones, pavos, perdices,
conejos, gallinas tiernas!
¡Qué de gritos por las calles,
qué de burlas, que de tretas,
qué de harina por el rostro,
qué de mazas que se cuelgan;
trapos, chapines, pellejos,
estopas, cuernos, braguetas,
sogas, papeles, andrajos,
zapatos y escobas viejas!
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Y con ser tan grande el frío,
la gente se abrasa y quema
en un fuego que jamás
miró Nero de Tarpeya.

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[Gaspar de Lucas Hidalgo, Diálogos de Apacible Entretenimiento (1606), obra incluida por la Inquisición en su Índice de Libros Prohibidos (1618)].
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Salud y fraternidad.

martes, 10 de febrero de 2009

“Cuando el grajo vuela bajo... Crispín suelta un refranazo”

Como el humano que vive conmigo es muy modoso, ya que tiene “voto de castidad literaria”, ha dejado a mi consideración el publicar este refrán y sus variantes. Y es que, a mí, no me da reparo llamar al ratón, “ratón”, y a la sardina, “sardina”. Al fin y al cabo, eso es la sal de la vida.
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"Cuando vuela bajo, tiempo frío anuncia el grajo".
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"Cuando el grajo vuela rasante hace un frío acojonante".
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"Cuando bajo vuela el grajo hace un frío del carajo, y si vuela a trompicones hace un frío de cojones".
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"Cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo, y si vuela por los balcones hace un frío de..." (lo que rima, que ahora hay un niño en la foto).
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Atención, pregunta. Por 1 € de vellón: A la vista de estas fotografías, tomadas el 9 de enero en Madrid, adivinar como volaba el grajo del refrán y que tipo de frío hacía en la calle. [Ojo, no se admiten respuestas "subidas de tono"].
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Salud, fraternidad y mmaarrraamamiauuu.

martes, 3 de febrero de 2009

“Candelaria a dos y san Blas a tres, adivina que mes es”

Templo de San Pedro, s.XII, en San Felices de Castillería (Palencia).
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“En febrero, el primer día,
santa Brígida nos guía,
el segundo, la Candelaria sería,
y después, viene san Blas,
el cuarto, san Blasico es,
y con santa Águeda,
la fiesta es acabada”.
(Cantar de ronda, popular leonés).
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Salud y fraternidad.

domingo, 1 de febrero de 2009

“Refranero de Febrero, cosa de loqueros...”

“Febrero el mes de los gatos, cayeron en la cuenta y tomaron todo el año”.
“Febrerillo corto, con sus días veintiocho; si tuvieres cuatro más, ni perro ni gato habían de quedar”.
“Febrerillo el loco, sacó su padre al sol y después lo apedreó”.
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“Por san Antón la buena oca pon; por la Candelaria, ponen la buena y la mala”.
“Si hiela en las Candelas, cuarenta días hiela; y si en san Blas, cuarenta más”.
“Cuando la Candelaria plora, el invierno es fora; cuando ni plora ni hace viento, el invierno es dentro; y cuando ríre, quiere venire”.
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“Si la Candelera riu l'estiu es lluny, si la Candelera plora l'hivern es fora” (Si la Candelaria rie el verano esta lejos, si la Candelaria llora el invierno se ha acabado).
“Si la Candelaria plora, la primavera flora, pero si no plora, ni flora ni plora”.
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“Que Candelaria plore, o que cante, invierno por detrás y por delante”.
“La Candelaria plore, o deje de plorar, la mitad del invierno queda por pasar”.
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Conclusión gatuna: “Ándeme yo caliente y ríase la gente...”
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Salud y fraternidad.

jueves, 29 de enero de 2009

“Las gatas no ponen huevos de oca...” (Refrán alemán).

“Los amantes fervorosos y los sabios austeros
gustan por igual, en su madurez,
de los gatos fuertes y dulces, orgullo de la casa,
que como ellos son frioleros y como ellos sedentarios.
Amigos de la ciencia y de la voluptuosidad,
buscan el silencio y el pavor de las tinieblas;
el Erebo se hubiera apoderado de ellos para sus correrías fúnebres,
si hubieran podido ante la esclavitud inclinar su arrogancia.
Adoptan al soñar las nobles actitudes
de las grandes esfinges tendidas en el fondo de las soledades,
que parecen dormirse en un sueño sin fin;
sus grupas fecundas están llenas de chispas mágicas,
y fragmentos de oro, cual arenas finas,
chispean vagamente en sus místicas pupilas”.
(Charles Beaudelaire, El gato).
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Mientras medito, ante los clásicos, se me ocurre una reflexión. Aunque nunca he sido amigo de tronos ni monarcas, me causa cierta simpatía el emperador de los dos números, Carlos I de España y V de Alemania, por la fina psicología que demostró poseer sobre lo divino, lo humano, y lo felino, cuando pronunció esta frase:
Hablo en castellano a Dios, en francés a los hombres, en italiano a las mujeres... y en latín a mi gato”.
A buen entendedor...
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Salud y fraternidad.

domingo, 25 de enero de 2009

“El sueño de una tarde de verano...”

Las meigas nos guiaron hasta Vilanova de Lourenzá una tarde de verano, típicamente gallega, de esas que no sabes si el sol empuja las nubes o al revés. Este pequeño pueblo de la Mariña Lucense, rodeado por colinas sembradas de bosques y praderas, creció alrededor del Mosterio de San Salvador, fundado el 947 por don Osorio Gutiérrez, llamado “o Conde Santo”, una santidad otorgada por decisión popular. El lugar tuvo tiempos mejores, cuando el Camino de Santiago lo atravesaba por la Ponte da Pedra. Ahora, con sus cultivos de alubias, “o val da faba” se mantiene en una aurea mediocritas. Hasta tiene un “Centro de Interpretación da Faba”, para promocionar este rico producto, y cada primer fin de semana de octubre, sus laboriosos habitantes celebran “A festa da faba”. Ocasión gastronómica, cultural y comercial digna de vivirse.
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Estábamos descansando de la ruta, en las afueras del lugar, cuando divisamos al caballo pastando en su prado, el también nos vio y venteó el aire olisqueando para decidir si éramos un peligro o no. Por un si acaso, y como la prudencia no está de más, decidió contemplarnos a media distancia. En esto apareció su dueña, una campesina que, en principio, nos observó con el mismo aire analítico de su caballería, aquilatando nuestra presencia con cierto recelo propio de las gentes del agro.
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Pero cuando salía del pasto con el corcel, solicitamos su permiso para fotografiar al hermoso animal y, acaso, si el lo toleraba, hacerle alguna caricia. Entonces, vecina y cabalgadura perdieron todo recelo. Se detuvieron, para la sesión fotográfica, y mientras junto a las fotos hacíamos zalamerías al noble bruto, ella nos obsequió con esa conversación sosegada, un punto filosófica, que tienen muchas personas del campo.
La dueña no cabía en si de gozo, porque unos “turistas”, o “gentes de ciudad”, al fin y al cabo incultos en el conocimiento y trato con los animales de labor, no solo admirasen al equino, sino que se detuviesen además a intimar sin reparos con la bestia. Quienes viven en contacto directo con la naturaleza distinguen mejor que nosotros, los “urbanitas”, cuando una caricia es afecto, cuando una alabanza es sincera, y cuando mero cumplido.
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Al cabo de unas parrafadas, sobre las alegrías y durezas de la vida campesina, más algunas recomendaciones suyas sobre las excelencias monumentales y gastronómicas del lugar, la amable pareja se alejó ladera abajo, camino del tibio establo. Él, con la barriga llena de jugosa hierba, agradecido de nuestras humanas carantoñas y jugueteos; ella, tan oronda de haber impresionado a los forasteros, aunque también íntimamente satisfecha de haber echado el rato, en agradable compañía, antes de retomar sus faenas.
Caía la tarde, con perezosa lentitud. Para nosotros, no había entonces mejor monumento que la naturaleza del entorno, ni alimento más sabroso que la afable conversación y trato, sostenidos con la simpática campesina y su caballo de labor.
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Salud y fraternidad.

viernes, 16 de enero de 2009

El cerdo “Antón”: Tradición celtíbera de “pata negra”.

El pueblo salmantino de La Alberca, asentado sobre un castro celta, a pocos pasos del enigmático monte “Peña de Francia” y su mágica Virgen Negra, es interesante no sólo por conservar su arquitectura tradicional, sino porque conserva también algunos ritos y tradiciones ancestrales, que en otros lugares ya se han perdido.
A espaldas del templo parroquial, en el lugar conocido como "Solano cimero", existe un viejo crucero, junto a él, sobre cierta roca, podemos ver un curioso animal tallado en granito. Es “el cerdo Antón”, entrañable personaje popular, siempre diferente y siempre idéntico a sí mismo...
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El 13 de junio, festividad de san Antonio de Padua, traen un gurriato ibérico de unos veinte kilos, lo atan a la escultura, le colocan una campanilla al cuello, el párroco lo bendice y luego es dejado en libertad. Así vagará por las calles del lugar, manso y dócil como un perro, recibiendo alimento, mimos y juegos de los vecinos, durante siete meses. En ese tiempo engordará, puede que hasta los ciento cincuenta kilos, protegido por todos, pues se considera de mal agüero maltratar al cebón. Es un animal totémico, que trae la buena suerte a quienes lo “veneran”, y las maldiciones a quienes lo perjudiquen –se dice que en forma de enfermedades, referidas a las partes pudendas-.
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Esta vida regalada, le dura hasta el 17 de enero, fiesta de san Antonio Abad, alias “san Antón”, en que el pobre gocho es atrapado y sale a pública subasta entre las familias del pueblo. La que resulte ganadora, tendrá un hermoso tocinete de “pata negra” para utilizar en su “matanza”, sacrificio ritual que ya no provoca desgracia alguna sino todo lo contrario. Y el dinero recaudado, cantidad que siempre es muy superior a la del valor real del puerco, se empleará en obras benéficas (antiguamente era para el mantenimiento de párroco y parroquia).
La explicación que suele darse para ésta tradición, remonta el hecho al final de la Edad Media. Cuando las persecuciones, contra musulmanes y judíos, moriscos y conversos, se intensificaron, las gentes que no querían verse envueltas en ellas, idearon toda clase de formas para destacar que eran “cristianos viejos” libres de sospecha. Una de tales, era criar y consumir marrano, animal “inmundo” cuyo rechazo era propio de las etnias y religiones perseguidas.
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Verraco celtíbero, plaza de san Martín (Segovia). [Diapositiva 5 abril 1986].
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No digo yo que no hubiese algo de esto, en la tradición del “cerdo Antón”, que antaño era común a numerosos pueblos, pero creo que lo único que se hizo fue aprovechar una costumbre todavía más antigua. Entre los pueblos celtíberos, el gorrino era animal “sagrado”, tanto en su versión salvaje, jabalí, como doméstica, cerdo, lo que no les impedía cazarlos y criarlos para disfrutar su carne: en la tradición religiosa celta, el “animal de bellota” es la base de los banquetes, tanto en el mundo humano como en el de los dioses. Se celebraban sacrificios de cochinillos, consumidos en comidas rituales, o enterrados como ofrenda de fundación en los templos. Y por amplias regiones de Celtiberia, quedan todavía esculturas de granito representando verracos, como animales totémicos, protectores de las piaras de cochinos.
Item mas. Algunas representaciones celtas de la Diosa Madre, la muestran desnuda a lomos de un cerdo, y al Dios Padre lo figuran como un hombre con dicho animal sobre sus hombros...
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Salud y fraternidad.