miércoles, 29 de septiembre de 2010

Compostela, otoño en sepia...

Madrigal a cibda de Santiago
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Chove en Santiago
meu doce amor.
Camelia branca do ar
brila entenebrecida ao sol.
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Chove en Santiago
na noite escura.
Herbas de prata e sono
cobren a valeira lúa.
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Olla a choiva pola rúa,
laio de pedra e cristal.
Olla no vento esvaído
soma e cinza do teu mar.
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Soma e cinza do teu mar
Santiago, lonxe do sol;
agoa da mañán anterga
trema no meu corazón
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Federico García Lorca, Seis poemas galegos, 1935.
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En 1935, Anxo Casal, editor de la revista "Nos", publicó los "Seis poemas galegos", de Federico García Lorca. En efecto, no es una broma, porque el bueno de Federico tuvo el "ángel" de escribir, tales versos, en romance gallego. Los artistas tienen esas "caídas", y en ellas, muchas veces, sacan a relucir pinceladas de genialidad. Puede parecernos absurdo, que un "granaíno" tan andaluz como Lorca, se descolgase con poemas en gallego, una lengua que, en teoría, debía desconocer. Y más absurdo que, además, el resultado fuese tan auténtico como si él hubiese nacido en Santiago, siendo amamantado por las cantigas del Bardo Martín Codax.
Lorca, ese "gallego, doblando el mapa", parece uno de aquellos "decidores", que evoca el Marqués de Santillana: "Non ha mucho tiempo cualesquier decidores e trovadores destas partes, agora fuesen castellanos, andaluces o de la Extremadura, todas sus obras componían en lengua galaica o portuguesa".
No obstante, incluiremos su traducción al romance castellano, para que todos queden satisfechos, quienes prefieren al Marqués de Santillana, y quienes prefieren al Bardo Matín Codax. Aunque no creemos que sea cuestión de preferencia, pues el poeta demostró sobradamente su "don para el lenguaje", sublimando el universo gitano, sin pertenecer a la raza, diseccionando la vida neoyorquina, a pesar de ser extranjero, y calando la esencia gallega, aunque procedía de una realidad cultural tan opuesta.
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Madrigal a la ciudad de Santiago
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Llueve en Santiago
mi dulce amor.
Camelia blanca del aire
brilla entenebrecida al sol.
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Llueve en Santiago
en la noche oscura.
Hierbas de plata y sueño
cubren la vacía luna.
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Miro la lluvia por la calle
llanto de piedra y cristal.
Miro en el viento desvaído
sombra y ceniza de tu mar.
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Sombra y ceniza de tu mar
Santiago, lejos del sol;
agua de la mañana antigua
tiembla en mi corazón.
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[El grupo musical galego, Luar na lubre, ha puesto música a estos versos, con una sensibilidad que habría hecho las delicias de su autor. Con el título, "Chove en Santiago", podemos encontrarlo en el disco "Cabo do mundo" (1999).]
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Las viejas imágenes que nos han servido para ilustrar el poema, proceden del libro "Estampas compostelanas" (1928), obra del fotógrafo "Ksado", nombre de guerra del afamado Luis Casado Fernández (1888-1972), cuyas imágenes de esa Galicia de principios del siglo XX son las más reproducidas de este país, sus gentes y sus pueblos.
Muy conocido en Santiago, por el estudio que en 1915 abrió en la Rúa do Vilar, estuvo vinculado a la vanguardia intelectual, desde la revista "Nos" y el Seminario de Estudios Gallegos. Su fama, emana de una sensibilidad especial, a la hora de tratar los temas, pues además de ser crónica lúcida de la región, sus fotos abren puertas a la ensoñación sin apartarnos de la realidad. Estos pocos ejemplos, dan fe de ello.
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Salud y fraternidad.

martes, 14 de septiembre de 2010

"Conmigo vais, mi corazón os lleva..."

Campos de Soria (VIII).
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He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria -barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra-.
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Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
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¡Álamos del amor que ayer tuvísteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!
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[Antonio Machado, Campos de Castilla (1907-1917)].
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Salud y fraternidad.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Septiembre en Soria (Cuentecillo otoñal).

El padre Duero, siempre igual, siempre cambiante, baja despacio, y su rumoroso canto pregona ese otoño que los viejos huesos ya presienten. Traza el río su curva de alfanje, plateada hoja que a los árboles abate, espejea mientras pasa, inmutable, bajo los muros de la octogonal ermita centenaria, lamiendo las riberas y abrazando al puente sus pilares.
Por las verdes frondas, que en las orillas se acurrucan como gatos frioleros y orondos, los colores huelen a otoño. Sin embargo, el sol todavía entibia el huerto monacal, que poseyeron los templarios en San Polo, y sus almas en pena, de monjes y guerreros, se solazan contra los muros que la hiedra devora, en espera de la noche, ya no muy lejana, de difuntos, cuando para general escarmiento cabalgarán de nuevo.
Una leve brisa, madre del cierzo, resbala desde el Mirón, asciende por el Espino, y aunque pasa de puntillas, bajo el Arco del Cuerno, cuando revolotea el cauce del río, quiebra el frágil espejo del Duero..
Saturio, santo astuto, que sabe más por viejo que por ermitaño, apresta ya su capa, por si este año el invierno baja, tempranero, desde el Monte de las Ánimas. Arrebujado en el pardo manto, Saturio, en la puerta de su cueva, entibia vino a la lumbre y cuenta viejas historias, a unos díscolos rapaces que, terminada la escuela, andaban por la ribera atrapando ranas y hurtando peras.
Gusta la chiquillería, de escuchar los cuentos y leyendas del barbado anciano, hacen aspavientos, se asombran, con las palabras una y cien veces oídas de sus santos labios. El bondadoso ermitaño, bebe despacio aquel cálido caldo de Noé, y permite que los rapaces mojen en el jarro sopas de oscuro pan de centeno, que saborean cual golosina del cielo, pues por ser vino del santo, no enturbia el entendimiento. Y Saturio piensa, para sus adentros, si entre estos rapazuelos, quizá, no está el futuro discípulo, el que herede su cueva, sus trabajos y los favores del cielo.
. Mientras unos le piden: cuente esto, o lo otro, no, mejor aquello, alguno sugiere que podría desvelarles, en voz baja, su milagroso secreto, cómo volar a lomos de su capa sobre las ondas del Duero, atravesando de orilla a orilla, en seco, como celestial barquero. Sonríe el viejo Saturio, explica que no hay secreto, sino la santa voluntad de los cielos, que a quien quieren favorecen, por su buen natural, con tales misterios.
Para que consigan, similar portento, les manda ser buenos, o si no pueden, tan solo que sean un poco mejores de lo que sus mayores fueron, que no roben nidos, ni martiricen gatos o perros, que obedezcan a la madre, no enrabien al maestro, que sean laboriosos, honrados y sinceros. Después ya se verá..., lo que disponen los cielos.

Luego los despide, pues aquel caldo tibio, aquel vinillo aloque, le está dando sueño, y no es cosa propia que con su persona pierdan más el tiempo.. La indisciplinada tropa, se aleja por el sendero que sigue la orilla, cual vaina curvada del alfanje Duero, tiran piedras a la mansa corriente, asustando a los peces y riendo. Cuando, al doblar un recodo, aparece la imponente mole de San Polo, cesan las risas, la charla disparatada, el infantil loqueo. Aunque sacan pecho como si nada pasara, si que pasa, pasa revoloteando el miedo.
Y al desfilar bajo el monacal arco del ruinoso templo, se arrebujan, muy pegaditos unos con otros, en completo silencio, no vaya a ser que se despierten las ánimas de los templarios, que dicen fueron santos, e inocentes, y aún así los condenaron al fuego. Que por ello, tienen malquerencia de los vivos las almas de tales muertos.
Al cruzar el puente, la chiquillería, recobra el aliento, y vuelven las risas, y vuelve el jaleo, como si una negra nube hubiese pasado dejando que el sol brillara de nuevo.. Una leve brisa, madre del cierzo, resbala desde el Mirón, asciende por el Espino, y aunque pasa de puntillas, bajo el Arco del Cuerno, cuando revolotea sobre el cauce del río, quiebra el frágil espejo del Duero.
Sin embargo, el sol todavía entibia el huerto monacal, que poseyeron los templarios en San Polo, y sus almas en pena, de monjes y guerreros, se solazan contra los muros que la hiedra devora, a la espera de la noche, ya no muy lejana, de difuntos, cuando para general escarmiento cabalgarán de nuevo.
Cae la tarde, el padre Duero siempre igual, siempre cambiante, rebasa el puente sin detenerse y sus oscuras aguas siguen cantando que el otoño, un año más, a Soria viene en septiembre.
.Salud y fraternidad.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sit tivi terra levis.

Conocimos a Don Bernardino, durante una visita a las Meridades burgalesas. Ocasión en la que, a pesar de estar ya marcado por la enfermedad, se desvivió por ejercer de cicerone, mostrándonos los templos románicos de Vallejo de Mena, Siones y El Vigo, con una erudición, simpatía y amenidad, desbordantes. Si nuestra valía dependiese de los contendientes intelectuales con que nos enfrentamos, tendríamos que considerarnos muy afortunados, porque Don Bernardino fue un "oponente" fabuloso.
Hay personas con las que nos relacionamos toda una vida, y no acabamos de conocerlas nunca, jamás se llega a saber cual es su verdadera esencia, o dicho en palabras del pueblo llano: "de que pie cojean". A otras, las tratas durante un rato, y ya sabes lo que puedes esperar, o no, de ellas, basta un simple cruce de impresiones para saber lo que hay en su alma. Eso nos sucedió con este humilde párroco rural, al que hasta ese momento sólo conocíamos de oídas.
. La visión de su imponente figura, semejante a uno de aquellos "Jueces" bíblicos, severos al par que bondadosos, y el breve intercambio de opiniones -un poco de arte románico, un tanto de simbología teológica, un algo sobre historia de los Templarios, y una pizca de antropología sobre la comarca-, nos desveló al personaje con una claridad que no requería más explicaciones. En cuanto lo tratamos un poco, nos vino a la mente aquel pasaje de la mitología bíblica, en que Abraham dice a su dios: "¿Si encuentro aunque sea tan sólo un justo, salvarás la ciudad?", y la divinidad le contestó: "Si encuentras un sólo justo, no descargaré mi ira sobre la ciudad".
Y quedamos firmemente convencidos, que el mítico dios bíblico, tan inclinado a la venganza justiciera, hubiese perdonado la pecaminosa ciudad del libro, de haber habitado en ella Don Bernardino. Un hombre que, por encima de los defectos inherentes a la condición humana, era justo y bueno.

Un sacerdote de inquebrantables convicciones, y que a pesar de ello, o precisamente por eso, era severo con su alma, e indulgente con las almas de los prójimos. Dispuesto a escuchar y hablar, a dar su opinión sin menospreciar la del otro, a defender sus creencias sin imponerlas y con absoluto respeto hacia las ajenas. Su actitud humana y tolerante, le atrajo el respeto de sus feligreses y de quienes no lo eran, de modo que, siguiendo con las comparaciones de su fe, podríamos afirmar que, en su labor pastoral, actuó como aquel hombre de "la parábola del buen administrador", al que su amo dio unos dineros que él se preocupó de administrar sabiamente, de forma que produjeron grandes ganancias al señor.
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Ahora, a las puertas del otoño, se ha cumplido su tiempo, y este buen pastor ha dejado el mundo terrenal. Si existe alguna divinidad bondadosa, como aquella en que Don Bernardino creía a pie juntillas, estamos seguros que lo ha sentado a su diestra, donde descansará de todos los sinsabores que hubo de soportar durante su estancia en la Tierra, y se verá recompensado por el trabajo bien hecho. Hoy, si existe algo de verdad en esa religión a la que, este buen sacerdote, sirvió fielmente, el Diablo y todos sus secuaces habrán sufrido un tremendo berrinche, porque una gran alma humana ha pasado volando sobre ellos, con destino directo a los cielos, sin escalas ni trasbordo.

Quienes lo conocimos, mucho o poco, sentiremos el vacío de su ausencia, pero nos consolaremos con el recuerdo de su grata compañía, su amable trato, y su cálida humanidad.

Hasta siempre Don Bernardino.

Salud y fraternidad.

miércoles, 4 de agosto de 2010

¿El Ebro nace en Reinosa, provincia de Santander...?

¡Ay, el Ebro, río mítico y espejo de nuestra candidez! Río ignoto de nuestra infancia, cuando todos los escolares debíamos declamar, a coro y sin desafinar, aquella cantinela monótona, destinada a grabar en nuestras vírgenes mentes, con letras de fuego, la geográfica "verdad" patria, oficial, incontestable y eterna:
"¡El Ebro nace en Reinosa, provincia de Santander... etc, etc, y etc.!"
Todavía recordamos a nuestro condiscípulo Alarcón, "el Mudito", así apodado porque a veces, cuando el maestro le preguntaba la lección, se quedaba mudo, no porque no la supiera, sino porque no le daba la real gana contestar. Cada vez que nos hacían canturrear lo del río patrio, "el Mudito", que tenía una sutil y rebelde vena humorística, se arrancaba "sotto voce" entre el coro infantil, con "versiones" personales de este cariz: "El Ebro es una cosa que nace por Santander", o bien "El cerdo engorda en Reinosa y yo me lo comeré", con reprimido regocijo de sus más cercanos compañeros de pupitre.
Hasta que Gonzalito González, alias "el Chiva" por ser el chivato oficial, dio el cante al maestro, y la siguiente vez que "el Mudito" soltó un: "El Ebro nació en su casa el día de antesdeayer..." El cerrado puño, del advertido docente, cayó implacable sobre el cráneo del herético, cuyo hueso resonó como si hubiese sido desnucado. De resultas, le brotó un hermoso chichón occipital, justo castigo, a más de lo cual se le adjudicó una semana de rodillas y sin recreo. Así aprendimos, en cabeza ajena, que con la sagrada geografía patria no se juega...
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Pasaron los años, pasaron los maestros, pasaron los gobiernos, en definitiva, pasó la vida. Y los niños que ya no éramos, descubrimos que, aquella "verdad inmutable", no era más que otra de las muchas mentiras y falacias con que los gobernantes de todos los tiempos insultan nuestra inteligencia, siempre que se lo consentimos. Otro espejismo, otro mundo al revés. Entonces comprendimos cuanta razón tenía "el Mudito", aquel espíritu libre, al burlarse siempre del Ebro aún a costa de sus costillas, o para ser más exacto a costa de su caja craneal. Cuando, ya en la madurez, tuvimos ocasión de visitar el "presunto" nacimiento del Ebro, nuestro emocionado recuerdo voló hasta aquel aula infantil y el guasón condiscípulo que alegraba, con su rebelde humor, aquellos años grises cargados de mentiras.
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Porque el Ebro, no nace en Reinosa, provincia de Santander. Ese Ebro que, se supone, dio a la península el nombre ancestral de "Iberia" -Ibero = Ebro-, nace en Cantabria, en una fuente de los Picos de Europa, concretamente el Pico Tres Mares. Pero nace con nombre supuesto, bajo el seudónimo de "Híjar", y tan solo se revela como Ebro, e inicia su curso, a 1980 metros de altitud, en Peña Labra, 27 kms antes de llegar a Reinosa.
No obstante, todo lo anterior debe entenderse "con valor de simple presunción", pues ni geólogos, ni hidrólogos, ni geógrafos, ni el sursum corda, se ponen de acuerdo sobre el verdadero punto en que nace el Padre Ebro. ¡Tenga usted 928 kilómetros de largo, para esto!
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Sin embargo, hoy día, el nacimiento "oficial", para más fácil acceso y cómoda visita, se ha rebajado hasta los 880 metros de altitud de "la Fuentona", en Fontibre, municipio de la Hermandad de Campoo de Suso, en Cantabria.
Bajo la conocida peña de La Torre, así llamada por haberse elevado en ella la medieval Torre Fuerte de los Mantilla, se despliega el bosquecillo de el Escajal. En lo que antaño era el bosque primigenio, está enclavada la Fuentona, rodeada de chopos, fresnos, hayas, olmos, espinos, mostazos, acebos, endrinos, y demás especias autóctonas. En sus lindes, se asienta el templo de San Félix y el viejo caserío.
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Este mágico lugar, donde todavía habitan hadas y gnomos, tiene su propia geografía interna: La Fuentona, es la surgencia donde brotan las aguas entre peñascos. Su contorno, se conoce como la Fontanuca. El Pozo Azul, así nombrado por la tonalidad verdiazulada del agua, se encuentra unos metros más adelante. Y por último, en el primer recodo del renacido río, se halla el Pozo de los Muertos. Cada lugar, tiene sus leyendas, sus tradiciones y espíritus guardianes: la Dama del Agua, el Cuélebre, los trasgos o trastolines...
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El viejo Padre Ebro fue utilizado como propaganda, religiosa y política, no solo en la escuela. Junto a la surgencia del río se erigió, en 1889, una columna con la Virgen del Pilar, quizá para "santificar" al genio "pagano" del río Íbero. Pasado el Pozo Azul, se colocó en 1950 un relieve mural de artístico estilo totalitario, obra de Jesús Otero, donde una grandilocuente cita de Menéndez Pelayo -don Marcelino-, pretende instruirnos sobre el significado del Ebro para España, con expresiones como "unidad suprema" y "diversidad fecunda". Una España, que el imperialismo romano bautizó como Hispania, para borrar que originalmente fue la celtibérica Iberia. Y que luego, otros, rebautizaron de muchas falaces maneras...
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Sin embargo, la memoria ancestral todavía hace que las buenas gentes, siquiera de manera inconsciente, continuen perpetuando allí los ritos de la Antigua Religión, so capa del barniz devoto de las nuevas creencias mitológicas judeo-cristianas. En una hornacina, excavada en la roca de la que brota el agua, como si de un templo se tratase, los "fluviales peregrinos" dejan cintas de colores, velas, pañuelos, flores, como ofrendas al espíritu de las aguas, al genio que habita el río, se llame como se llame esta divinidad y la administre quien la administre...
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El poeta Gerardo Diego, dedicó al río de su infancia estos sentidos y apasionados versos, titulados "Pico Tres Mares", donde la montaña aparece como "Madre de Iberia":
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Ni una gasa de niebla, ni una lluvia
o cellisca, ni una dádiva de nieve,
ni un borbollar de fuente candorosa
dejo perderse. Madre soy de Iberia,
que incesante en mi seno, nace y dura.
A los tres mares que la ciñen, corren
-distintas y purísimas- mis aguas.
Al Ebro el Híjar, el Pisuerga al Duero,
y el Nansa se despeña. Tres destinos:
Mediterráneo, Atlántico, Cantábrico.
Y mi cúspide eterna, bendiciendo
-vientos de Dios- España, toda en torno.
Postérnate en mi altar si eres hispano.
Si de otras tierras, mira, admira y calla.
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[Gerardo Diego, Mi Santander, mi cuna, mi palabra, 1961].
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Salud y fraternidad.

lunes, 21 de junio de 2010

Refranero del solsticio sanjuanero.

El día de san Bernabé, dijo el Sol: "Hasta aquí llegué".
El Sol dijo a san Bernabé: "Aquí estaré y de aquí no pasaré".
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Estos refranes reflejan una verdad cósmica, pues "solsticio" significa "Sol quieto", en referencia a que, llegado a este punto del firmamento, el astro ya no asciende más, se mantiene allí de forma aparente, durante varios días, para luego empezar a declinar.
El solsticio de verano, momento en que el Sol se encuentra en su punto más boreal de la eclíptica, tiene el poder de darnos el día más largo del año, quince horas, y la noche más corta, nueve horas, todo lo contrario que el solsticio de invierno. Este fenómeno natural, fue mirado siempre como algo sobrenatural, y ello provocó curiosas consecuencias en el hemisferio norte, verbigracia atribuir tal fenómeno a la noche de san Juan, día 24, cuando en realidad el solsticio oscila, según años, entre el 20 y el 22 de junio. Este año, y en Celtiberia, el fenómeno tiene lugar el día 21 a las 13: 28 horas, y por tanto la mágica noche solsticial será la de ese día, no la del 24.
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Por san Juan, los días comienzan a acortar.
Sin engaños, la noche de san Juan es la más corta del año.
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Cierto, pero la "noche de san Juan", nació en realidad de un engaño judeo-cristiano. Se celebra en el paso del 24 al 25 de junio, oficialmente para festejar el presunto nacimiento de Juan "el Bautista", un extremista religioso de la colonia romana de Judea, que allá por el s.I realizaba ceremonias heterodoxas con el agua, durante una de las cuales reconoció a otro hereje hebreo, cierto Jesús Galileo, como "Mesías del pueblo de Israel".
Cuando la herética secta judaica, fundada por el "Mesías Galileo", fue adoptada de forma oficial como religión del decadente Imperio Romano, sus dirigentes se apresuraron a exterminar a los creyentes de la Antigua Religión, junto con las antiguas divinidades. Y para rematar la faena, suplantaron las festividades religiosas antiguas con festividades propias.
Así, las celebraciones del solsticio veraniego fueron acaparadas por ese apócrifo san Juan. Lo que nunca pudieron acaparar, fue el sentimiento mistérico, la espiritualidad mágica, y el fervor prodigioso de las gentes por unas ceremonias tradicionales que, buscando la unión del ser humano con la Naturaleza, propiciaban su integración en el ciclo del cósmico devenir.
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Los gatos de san Juan, no se llegan a acostar.
En la noche de san Juan, a los gatos se oye hablar.
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Esta mágica noche solsticial, por su insólita corta duración, se supone que propicia la apertura de las puertas que separan los mundos terrestre y celeste, por ello todos los prodigios son posibles. Aunque sólo algunos humanos, de espíritu bien dispuesto, serán capaces de captar alguna de las maravillas que han de producirse. Dicen, que mientras los humanos encienden hogueras para ayudar al Sol en la conservación de su energía, los enigmáticos gatos no duermen y se reunen, en conciliábulos, para contarse los prodigios del más allá, que a ellos les está permitido ver. Afortunado será quien los escuche, con el corazón puro, pues podrá entender sus maullidos como si fuesen humanas palabras, y escuchará maravillas sin cuento...
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Noche de san Juan, noche de amores.
Por san Juan, las enamoradas recogen sus enramadas.
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La magia nocturna de este día, es propicia para la fertilidad y feracidad de toda la Naturaleza, incluida la humana. Son numerosos los rituales propiciatorios para tal fin, desde los sanadores: pasar al niño quebrado a través de un junco abierto; hasta los de fecundación: beber las parejas de ciertas fuentes en busca de embarazo, o frotarse el vientre las preñadas con ciertas hierbas para tener un feliz parto. Sin olvidar lo principal, encontrar pareja, cosa que los mozos intentan dejando enramadas en las ventanas de las mozas, y ellas "leyendo" al amanecer presagios en recipientes de agua dejados al sereno...
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Entre san Pedro y san Juan, las hierbas olores dan.
Mañanas de san Juan, mozas, vamos a coger rosas.
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Si mágica es la noche, no menos lo es la amanecida. Las fuerzas naturales, desatadas en la oscuridad, parecen acrecentarse con la salida del Sol y concentran su energía en determinados elementos. Muchos de ellos, se tornan benéficos con la primera luz del alba: el rocío, es bueno para curar y prevenir enfermedades, grandes o pequeñas; las hierbas y flores, pueden sanar, tanto el cuerpo como el espíritu, pues al natural o preparadas se utilizarán como medicinas y amuletos, que libre de las numerosas acechanzas de los genios o duendes malignos. Entre las hierbas más benéficas, se encuentran aquellas utilizadas para preparar licores y orujos, "aguas de vida" que animan al enfermo y vigorizan al sano...
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El pollo de enero, por san Juan es comedero.
San Juan de buena estrella, buena comida y mejor cena.
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Si se tiene la suficiente suerte será posible toparse, en los bosques o prados, con cavernas que se han abierto misteriosamente durante la fantástica noche, en cuyas bocas saltan y picotean pollitos, gallinas y hasta gallos, todos de oro fino, custodiados por duendecillos o espíritus de los bosques. Esas cuevas son las puertas del otro mundo, al que solo las almas puras tendrán acceso, por un rato, para gozar con la visión de las maravillas de nuestra Madre Naturaleza, y participar en los fabulosos banquetes, que les obsequiarán los duendes, a base de insuperables manjares...
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Por san Juan, un baño, es salud para todo el año.
El agua de san Juan, todo lo puede curar.
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Las influencias cósmicas de este preciso instante, donde se juntan y confunden, lo temporal con lo intemporal, vuelven las aguas de ciertas fuentes especialmente benéficas. Es recomendable ir a recogerlas, como provisión para todo el año y múltiples usos.
Además, a poco que la suerte nos sonría, se podrá gozar de la contemplación de las "Damas de Agua", esos genios femeninos que, si no los molestamos, nos dejarán ver como peinan sus dorados cabellos al borde de la fuente, con peines de oro, o como hilan hebras de oro en sus ruecas de áureo metal, mientras entonan canciones, en una dulce lengua incomprensible, que eleva el alma hasta regiones insospechadas. Dicen que algunos, especialmente afortunados, se han visto obsequiados por las "Damas de Agua" con esos peines, orquillas, ruecas, o tejidos de oro...
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San Juan, sin dudarlo, tiene la llave de todo el año.
Año que san Juan abre, ya no lo cierra nadie.
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Los augurios que se produzcan en la noche y amanecida de san Juan, darán la medida para el devenir del nuevo ciclo anual, por ello se dice que "san Juan tiene la llave de todo el año". Mediante cera, clara de huevo, estaño, o posos de café, derramados sobre un recipiente con agua que se colocará al relente, los avisados serán capaces de interpretar el rumbo que tomarán sus vidas y haciendas a partir de tal fecha. Porque el contacto con las fuerzas del más allá, realizado a través de las puertas abiertas de esta noche fabulosa, permite a unos pocos privilegiados leer el futuro.
Aunque debemos tener cuidado, porque las energías de esta menguada noche, son tan fuertes y están tan revueltas, que algunas lecturas pueden resultar confusas, o ser mal interpretadas. No conviene fiarse demasiado de aquella lecturas, por muy claras que parezcan. Sin embargo "haberlas haílas...", y si todo ello es o no cierto, mi gato ha de saberlo. ¿Me lo querrá contar, esta noche?
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Salud, fraternidad, y feliz solsticio.

jueves, 17 de junio de 2010

“Y si junio viene ruin…”

Dice la humana sabiduría popular, que: "Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo. Y si junio viene ruin, hasta el fin". Este junio, desde luego, ha venido de lo más ruin. Calores anticipados, al par que exagerados, lluvias tardías y torrenciales, fríos destemplados fuera de fecha...
Yo, por si acaso, cual felino prudente que me precio de ser, he recurrido a refugiarme tras este poderoso amuleto de la Diosa Madre, que me obsequió un travieso duendecillo llamado Syr.
. Si hubiésemos repasado el refranero, cuando era ocasión oportuna, quizá habríamos estado más prevenidos respecto al clima loco de junio:
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Hasta que pase san Juan no te quites el gabán.
Por bien o por mal, no te quites el sayo hasta san Juan.
Lluvias en junio, grave infortunio.
Tormentas por san Juan, quitan vino y no dan pan.
Aguas por san Juan, vinagre a la Navidad.
San Pedro lluvioso, treinta días peligrosos.
. Sin embargo, a pesar del tiempo loco, no debemos descuidar las labores propias de la época, si queremos obtener los frutos correspondientes:
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Cuando junio llega, busca la hoz y limpia la era.
Ara por san Juan, si quieres coger pan.
Por san Bernabé, la siega de prados está bien.
Entre san Juan y san Pedro, esquila al perro.
Por san Juan brevas, y por san Pedro las más buenas.
Quien quiera los higos ver nacer, madrugue por san Bernabé.
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Porque, como no hay mal que cien años dure... ni cuerpo que lo resista, al final saldrá el arco iris, señal cierta de la tregua que nuestra Madre Naturaleza nos da, tras habernos refrescado la memoria sobre quién manda, de verdad, en este planeta, y qué cosas son las que merecen la pena.
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Cultivo una rosa blanca
en Junio como en Enero,
para el amigo sincero,
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo,
cultivo una rosa blanca.

(José Martí).
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Salud y fraternidad.

domingo, 30 de mayo de 2010

Peregrinos del verso, en Compostela...

[Diapositiva,19 septiembre 1971, Año Santo Compostelano].
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También la piedra, si hay estrellas, vuela.
Sobre la noche biselada y fría
creced, mellizos lirios de osadía;
creced, pujad, torres de Compostela.
Campo de estrellas vuestra frente anhela,
silenciosas maestras de porfía.
En mi pecho -ay, amor- mi fantasía
torres más altas labra. El alma vela.
Y ella -tú-, aquí,
conmigo, aunque no alcanzas
con tus dedos mis torres de esperanzas
como yo estas piedras con los míos,
contempla entre mis torres las estrellas,
no éstas de otoño, bórralas; aquellas
de nuestro agosto ardiendo en sueños fríos.
[Gerardo Diego, Ante las torres de Compostela].
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[Diapositiva, 20 septiembre 1971, Año Santo Compostelano].
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¡Oh, Quintana de Muertos! ¡Oh Palacio
de Gelmírez! ¡Oh, piedra suntuaria,
lujosa piedra, piedra igual y varia,
matizada de gris hasta el topacio!
¡Oh, gárgola mingente en el espacio,
con la ruda impudicia milenaria!
¡Oh, musgo! ¡Oh, jaramago! ¡Oh, parietaria
-hiedra en la hiedra-, bajo el sol reacio!
¡Oh, Pórtico divino de la Gloria!
¡Oh, peregrinaciones! ¡Oh, estela
de labras y dolores! ¡Oh, memoria
del Apóstol San Iago!... ¡Oh, centinela
de la fe yerta y olvidada de la historia!
¡Oh, saudades! ¡Oh, muerte! ¡Oh, Compostela!
[Manuel Machado, Phoenix].
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Salud y fraternidad.

sábado, 17 de abril de 2010

Azahares en Abril...

Por la primavera, dicen que se altera la sangre. A mi compadre Alkaest, lo que se le alteran son las evocaciones. Llegado Abril, da siempre en soñar con el lejano sur andalusí: el ruido de sus acequias y surtidores, el perfume de las flores nuevas, la luz de sus muros encalados, el renovado verdor de los plateados olivares. Mira por la ventana y suspira: “¡Ay, aquellos abriles antiguos, que fueron a dar a la mar mientras vivía la vida...!” Sonríe, para sus adentros, íntimamente satisfecho, luego pasa su mano por mi lomo y se excusa: “Cosas de humanos, señor Crispín, cosas de humanos...”
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Y no me asombra que se ponga así. Entrando Abril, en el sur los naranjos estallan en flor, el aire se embriaga de azahar, calles y patios huelen a infancia desenfadada, a juventud enamorada, a nostálgica madurez. Huele a mañanas nubladas y frías, a mediodía suave y azulado, a tardes lluviosas y templadas, a noches tibias y perfumadas. Huele a soles viejos y a lunas nuevas, huele a azahar, a vida que renace una y otra vez, hasta que la Madre Tierra quiera...
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Poético, pero extraño árbol, el naranjo. Todavía está cargado de frutos maduros y ya se atropellan sus frescos azahares, presagio de la nueva cosecha. Todavía hay frutos a medio madurar, y las flores se amontonan con prisa por producir otros nuevos. Extraño árbol, que no duerme pero derrocha energía vital por todos sus poros, como si quisiera contagiarnos su exuberante optimismo vegetal.
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En Abril, icluso el refranero se vuelve optimista, vigoroso, despreocupadamente alentador, todo es abundancia y se cuenta por miles:
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“Para vos todo el año, y para mí Abril y Mayo”.
“Sale Marzo y entra Abril, nubecitas a llorar y campitos a reír”.
“Abril trae flores y Mayo se lleva los honores”.
“Pájaro y flor, en Abril buscan su amor”.
“En Abril, cada gota vale por mil”.
“En el mes de Abril harás quesos mil, y en el de Mayo tres o cuatro”.
“De los leños mil, guarda un ciento para Abril”.
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La sensual flor del naranjo, el azahar, citrus aurantium, toma su nombre del árabe az-zahr, que significa “flor”, derivando en el dialecto andalusí hasta designar únicamente las flores blancas de los cítricos, que darán lugar a limones, naranjas, limas, toronjas. Es muy sugerente que, de esta misma raíz, surgió la palabra “azar”, suerte, porque en el juego de las tabas, este huesecillo de carnero, usado a modo de dado, se marcaba con un “azahar” en la cara correspondiente a buena suerte. Sus propiedades medicinales son sedantes, ligeramente hipnóticas, por eso con ellas se prepara la célebre “agua de azahar”, y por eso el aire que perfuman sus flores nos resulta tan especial...
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“Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!”
(Baladilla de los tres ríos, Lorca).
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Que en vuestros corazones se produzca, una vez más, “también hacia la luz, y hacia la vida, otro milagro de la primavera...”
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Salud y fraternidad.

domingo, 7 de marzo de 2010

¡Ay, cipreses de Granada!

“Venid los que nunca fuisteis a Granada.
Si altas son las torres, el valor es alto.
Venid por montañas, por mares y campos.
Entraré en Granada”
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[Rafael Alberti, Balada del que nunca fue a Granada, 1970?].
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Si hay un árbol que define a Granada, ese es el ciprés. Su silueta, firme, voluntariosa de ascenso, evoca en mí un no se qué trascendente. Su elegante perfil clásico, inverosímil, me deja un poso de serenidad, tanto exterior como interiormente, en la mirada. Hay en ellos una calma secreta, misteriosa, que se desprende de su lanceolada geometría, mientras entonan una inaudible canción plena de belleza, una música indefinida capaz de atravesar sutilmente el alma.
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Los hay, históricos y legendarios, como el “Ciprés de la Sultana”, en un patio del Generalife, a cuya sombra aquel atrevido caballero abencerraje tuvo amores con la sultana Morayma, esposa de Boabdil, provocando la terrible venganza del sultán, quien mandó degollar, en la “Sala de los Abencerrajes”, a cuanto miembro de dicha familia pudo prender.
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También los hay etéreos y sutiles, como el árbol plantado por san Juan de la Cruz, en el “Carmen de los Mártires”, a modo de símbolo del anhelo místico, del alma, que quiere ascender hasta fundirse con la divinidad. Otros, en cambio, son románticos, estéticos y un punto filosóficos, como los del “Carmen de los Cipreses”, a cuya sombra celebraban sus tertulias músicos, poetas y literatos, como Manuel de Falla, Ángel Ganivet, o Federico García Lorca.
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Luego están, orgullosamente humildes, los anónimos. Aquellos que, escoltando el camino de acceso a las “caserías” de la Vega, dan nombre a ciertas fincas: “Los Cipreses”. O los que rebosan su verticalidad, ansiosa de cielo, por encima de las tapias en pequeños patios del Albayzín. Aquellos, que apenas pueden rebullirse en placetas íntimas, en jardincillos recoletos. Y los que, orillas del Darro o del Genil, escoltan las frías corrientes, hijas de la blanca siembra que el cielo cosechó, allá en las cumbres de la Sierra Nevada.
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Por fin, tenemos, los fieles guardianes, como aquellos que custodian el secreto de los misteriosos “Libro Plúmbeos” del Sacromonte, mientras compadrean sus alegres zambras, junto a las cuevas del pueblo calé. O los hambrientos de trascendencia, en patios conventuales, al modo del que, en la Cartuja, compite en altura con su estilizada torre, mientras sigue derramando la serena sombra, que antaño cayó sobre las meditaciones de aquellos estoicos hijos de san Bruno.
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La primera vez que entré en Granada, llevado por la curiosidad, esas lanzas vegetales me dejaron herida, de belleza, el alma, y sin ser consciente de ello transité por la vida, con un no se qué inquieto, que no adivinaba, con una música interior que, sin sonar, sonaba. Al cabo de los años, tras esta segunda entrada, atraído en pos de la amistad, los cipreses, volvieron a cantar su canción y esta vez, como tenía bien alerta los oídos del espíritu, me fue desvelado su mensaje, fui consciente, y mi herida quedó sanada.
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“¡Ay, cipreses de Granada!
Cuanta nostalgia en sus ramas,
Y cuanta vida, ya olvidada.
Cuanta añoranza, tan callada,
Y cuanta vida, por vivir.
Cuanto suspiro, hacia la nada,
Y cuanto secreto, sin decir.
¡Ay, cipreses de Granada!”
[Alkaest, 2010].
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Salud y fraternidad.