miércoles, 4 de agosto de 2010

¿El Ebro nace en Reinosa, provincia de Santander...?

¡Ay, el Ebro, río mítico y espejo de nuestra candidez! Río ignoto de nuestra infancia, cuando todos los escolares debíamos declamar, a coro y sin desafinar, aquella cantinela monótona, destinada a grabar en nuestras vírgenes mentes, con letras de fuego, la geográfica "verdad" patria, oficial, incontestable y eterna:
"¡El Ebro nace en Reinosa, provincia de Santander... etc, etc, y etc.!"
Todavía recordamos a nuestro condiscípulo Alarcón, "el Mudito", así apodado porque a veces, cuando el maestro le preguntaba la lección, se quedaba mudo, no porque no la supiera, sino porque no le daba la real gana contestar. Cada vez que nos hacían canturrear lo del río patrio, "el Mudito", que tenía una sutil y rebelde vena humorística, se arrancaba "sotto voce" entre el coro infantil, con "versiones" personales de este cariz: "El Ebro es una cosa que nace por Santander", o bien "El cerdo engorda en Reinosa y yo me lo comeré", con reprimido regocijo de sus más cercanos compañeros de pupitre.
Hasta que Gonzalito González, alias "el Chiva" por ser el chivato oficial, dio el cante al maestro, y la siguiente vez que "el Mudito" soltó un: "El Ebro nació en su casa el día de antesdeayer..." El cerrado puño, del advertido docente, cayó implacable sobre el cráneo del herético, cuyo hueso resonó como si hubiese sido desnucado. De resultas, le brotó un hermoso chichón occipital, justo castigo, a más de lo cual se le adjudicó una semana de rodillas y sin recreo. Así aprendimos, en cabeza ajena, que con la sagrada geografía patria no se juega...
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Pasaron los años, pasaron los maestros, pasaron los gobiernos, en definitiva, pasó la vida. Y los niños que ya no éramos, descubrimos que, aquella "verdad inmutable", no era más que otra de las muchas mentiras y falacias con que los gobernantes de todos los tiempos insultan nuestra inteligencia, siempre que se lo consentimos. Otro espejismo, otro mundo al revés. Entonces comprendimos cuanta razón tenía "el Mudito", aquel espíritu libre, al burlarse siempre del Ebro aún a costa de sus costillas, o para ser más exacto a costa de su caja craneal. Cuando, ya en la madurez, tuvimos ocasión de visitar el "presunto" nacimiento del Ebro, nuestro emocionado recuerdo voló hasta aquel aula infantil y el guasón condiscípulo que alegraba, con su rebelde humor, aquellos años grises cargados de mentiras.
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Porque el Ebro, no nace en Reinosa, provincia de Santander. Ese Ebro que, se supone, dio a la península el nombre ancestral de "Iberia" -Ibero = Ebro-, nace en Cantabria, en una fuente de los Picos de Europa, concretamente el Pico Tres Mares. Pero nace con nombre supuesto, bajo el seudónimo de "Híjar", y tan solo se revela como Ebro, e inicia su curso, a 1980 metros de altitud, en Peña Labra, 27 kms antes de llegar a Reinosa.
No obstante, todo lo anterior debe entenderse "con valor de simple presunción", pues ni geólogos, ni hidrólogos, ni geógrafos, ni el sursum corda, se ponen de acuerdo sobre el verdadero punto en que nace el Padre Ebro. ¡Tenga usted 928 kilómetros de largo, para esto!
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Sin embargo, hoy día, el nacimiento "oficial", para más fácil acceso y cómoda visita, se ha rebajado hasta los 880 metros de altitud de "la Fuentona", en Fontibre, municipio de la Hermandad de Campoo de Suso, en Cantabria.
Bajo la conocida peña de La Torre, así llamada por haberse elevado en ella la medieval Torre Fuerte de los Mantilla, se despliega el bosquecillo de el Escajal. En lo que antaño era el bosque primigenio, está enclavada la Fuentona, rodeada de chopos, fresnos, hayas, olmos, espinos, mostazos, acebos, endrinos, y demás especias autóctonas. En sus lindes, se asienta el templo de San Félix y el viejo caserío.
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Este mágico lugar, donde todavía habitan hadas y gnomos, tiene su propia geografía interna: La Fuentona, es la surgencia donde brotan las aguas entre peñascos. Su contorno, se conoce como la Fontanuca. El Pozo Azul, así nombrado por la tonalidad verdiazulada del agua, se encuentra unos metros más adelante. Y por último, en el primer recodo del renacido río, se halla el Pozo de los Muertos. Cada lugar, tiene sus leyendas, sus tradiciones y espíritus guardianes: la Dama del Agua, el Cuélebre, los trasgos o trastolines...
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El viejo Padre Ebro fue utilizado como propaganda, religiosa y política, no solo en la escuela. Junto a la surgencia del río se erigió, en 1889, una columna con la Virgen del Pilar, quizá para "santificar" al genio "pagano" del río Íbero. Pasado el Pozo Azul, se colocó en 1950 un relieve mural de artístico estilo totalitario, obra de Jesús Otero, donde una grandilocuente cita de Menéndez Pelayo -don Marcelino-, pretende instruirnos sobre el significado del Ebro para España, con expresiones como "unidad suprema" y "diversidad fecunda". Una España, que el imperialismo romano bautizó como Hispania, para borrar que originalmente fue la celtibérica Iberia. Y que luego, otros, rebautizaron de muchas falaces maneras...
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Sin embargo, la memoria ancestral todavía hace que las buenas gentes, siquiera de manera inconsciente, continuen perpetuando allí los ritos de la Antigua Religión, so capa del barniz devoto de las nuevas creencias mitológicas judeo-cristianas. En una hornacina, excavada en la roca de la que brota el agua, como si de un templo se tratase, los "fluviales peregrinos" dejan cintas de colores, velas, pañuelos, flores, como ofrendas al espíritu de las aguas, al genio que habita el río, se llame como se llame esta divinidad y la administre quien la administre...
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El poeta Gerardo Diego, dedicó al río de su infancia estos sentidos y apasionados versos, titulados "Pico Tres Mares", donde la montaña aparece como "Madre de Iberia":
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Ni una gasa de niebla, ni una lluvia
o cellisca, ni una dádiva de nieve,
ni un borbollar de fuente candorosa
dejo perderse. Madre soy de Iberia,
que incesante en mi seno, nace y dura.
A los tres mares que la ciñen, corren
-distintas y purísimas- mis aguas.
Al Ebro el Híjar, el Pisuerga al Duero,
y el Nansa se despeña. Tres destinos:
Mediterráneo, Atlántico, Cantábrico.
Y mi cúspide eterna, bendiciendo
-vientos de Dios- España, toda en torno.
Postérnate en mi altar si eres hispano.
Si de otras tierras, mira, admira y calla.
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[Gerardo Diego, Mi Santander, mi cuna, mi palabra, 1961].
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Salud y fraternidad.

lunes, 21 de junio de 2010

Refranero del solsticio sanjuanero.

El día de san Bernabé, dijo el Sol: "Hasta aquí llegué".
El Sol dijo a san Bernabé: "Aquí estaré y de aquí no pasaré".
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Estos refranes reflejan una verdad cósmica, pues "solsticio" significa "Sol quieto", en referencia a que, llegado a este punto del firmamento, el astro ya no asciende más, se mantiene allí de forma aparente, durante varios días, para luego empezar a declinar.
El solsticio de verano, momento en que el Sol se encuentra en su punto más boreal de la eclíptica, tiene el poder de darnos el día más largo del año, quince horas, y la noche más corta, nueve horas, todo lo contrario que el solsticio de invierno. Este fenómeno natural, fue mirado siempre como algo sobrenatural, y ello provocó curiosas consecuencias en el hemisferio norte, verbigracia atribuir tal fenómeno a la noche de san Juan, día 24, cuando en realidad el solsticio oscila, según años, entre el 20 y el 22 de junio. Este año, y en Celtiberia, el fenómeno tiene lugar el día 21 a las 13: 28 horas, y por tanto la mágica noche solsticial será la de ese día, no la del 24.
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Por san Juan, los días comienzan a acortar.
Sin engaños, la noche de san Juan es la más corta del año.
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Cierto, pero la "noche de san Juan", nació en realidad de un engaño judeo-cristiano. Se celebra en el paso del 24 al 25 de junio, oficialmente para festejar el presunto nacimiento de Juan "el Bautista", un extremista religioso de la colonia romana de Judea, que allá por el s.I realizaba ceremonias heterodoxas con el agua, durante una de las cuales reconoció a otro hereje hebreo, cierto Jesús Galileo, como "Mesías del pueblo de Israel".
Cuando la herética secta judaica, fundada por el "Mesías Galileo", fue adoptada de forma oficial como religión del decadente Imperio Romano, sus dirigentes se apresuraron a exterminar a los creyentes de la Antigua Religión, junto con las antiguas divinidades. Y para rematar la faena, suplantaron las festividades religiosas antiguas con festividades propias.
Así, las celebraciones del solsticio veraniego fueron acaparadas por ese apócrifo san Juan. Lo que nunca pudieron acaparar, fue el sentimiento mistérico, la espiritualidad mágica, y el fervor prodigioso de las gentes por unas ceremonias tradicionales que, buscando la unión del ser humano con la Naturaleza, propiciaban su integración en el ciclo del cósmico devenir.
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Los gatos de san Juan, no se llegan a acostar.
En la noche de san Juan, a los gatos se oye hablar.
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Esta mágica noche solsticial, por su insólita corta duración, se supone que propicia la apertura de las puertas que separan los mundos terrestre y celeste, por ello todos los prodigios son posibles. Aunque sólo algunos humanos, de espíritu bien dispuesto, serán capaces de captar alguna de las maravillas que han de producirse. Dicen, que mientras los humanos encienden hogueras para ayudar al Sol en la conservación de su energía, los enigmáticos gatos no duermen y se reunen, en conciliábulos, para contarse los prodigios del más allá, que a ellos les está permitido ver. Afortunado será quien los escuche, con el corazón puro, pues podrá entender sus maullidos como si fuesen humanas palabras, y escuchará maravillas sin cuento...
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Noche de san Juan, noche de amores.
Por san Juan, las enamoradas recogen sus enramadas.
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La magia nocturna de este día, es propicia para la fertilidad y feracidad de toda la Naturaleza, incluida la humana. Son numerosos los rituales propiciatorios para tal fin, desde los sanadores: pasar al niño quebrado a través de un junco abierto; hasta los de fecundación: beber las parejas de ciertas fuentes en busca de embarazo, o frotarse el vientre las preñadas con ciertas hierbas para tener un feliz parto. Sin olvidar lo principal, encontrar pareja, cosa que los mozos intentan dejando enramadas en las ventanas de las mozas, y ellas "leyendo" al amanecer presagios en recipientes de agua dejados al sereno...
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Entre san Pedro y san Juan, las hierbas olores dan.
Mañanas de san Juan, mozas, vamos a coger rosas.
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Si mágica es la noche, no menos lo es la amanecida. Las fuerzas naturales, desatadas en la oscuridad, parecen acrecentarse con la salida del Sol y concentran su energía en determinados elementos. Muchos de ellos, se tornan benéficos con la primera luz del alba: el rocío, es bueno para curar y prevenir enfermedades, grandes o pequeñas; las hierbas y flores, pueden sanar, tanto el cuerpo como el espíritu, pues al natural o preparadas se utilizarán como medicinas y amuletos, que libre de las numerosas acechanzas de los genios o duendes malignos. Entre las hierbas más benéficas, se encuentran aquellas utilizadas para preparar licores y orujos, "aguas de vida" que animan al enfermo y vigorizan al sano...
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El pollo de enero, por san Juan es comedero.
San Juan de buena estrella, buena comida y mejor cena.
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Si se tiene la suficiente suerte será posible toparse, en los bosques o prados, con cavernas que se han abierto misteriosamente durante la fantástica noche, en cuyas bocas saltan y picotean pollitos, gallinas y hasta gallos, todos de oro fino, custodiados por duendecillos o espíritus de los bosques. Esas cuevas son las puertas del otro mundo, al que solo las almas puras tendrán acceso, por un rato, para gozar con la visión de las maravillas de nuestra Madre Naturaleza, y participar en los fabulosos banquetes, que les obsequiarán los duendes, a base de insuperables manjares...
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Por san Juan, un baño, es salud para todo el año.
El agua de san Juan, todo lo puede curar.
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Las influencias cósmicas de este preciso instante, donde se juntan y confunden, lo temporal con lo intemporal, vuelven las aguas de ciertas fuentes especialmente benéficas. Es recomendable ir a recogerlas, como provisión para todo el año y múltiples usos.
Además, a poco que la suerte nos sonría, se podrá gozar de la contemplación de las "Damas de Agua", esos genios femeninos que, si no los molestamos, nos dejarán ver como peinan sus dorados cabellos al borde de la fuente, con peines de oro, o como hilan hebras de oro en sus ruecas de áureo metal, mientras entonan canciones, en una dulce lengua incomprensible, que eleva el alma hasta regiones insospechadas. Dicen que algunos, especialmente afortunados, se han visto obsequiados por las "Damas de Agua" con esos peines, orquillas, ruecas, o tejidos de oro...
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San Juan, sin dudarlo, tiene la llave de todo el año.
Año que san Juan abre, ya no lo cierra nadie.
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Los augurios que se produzcan en la noche y amanecida de san Juan, darán la medida para el devenir del nuevo ciclo anual, por ello se dice que "san Juan tiene la llave de todo el año". Mediante cera, clara de huevo, estaño, o posos de café, derramados sobre un recipiente con agua que se colocará al relente, los avisados serán capaces de interpretar el rumbo que tomarán sus vidas y haciendas a partir de tal fecha. Porque el contacto con las fuerzas del más allá, realizado a través de las puertas abiertas de esta noche fabulosa, permite a unos pocos privilegiados leer el futuro.
Aunque debemos tener cuidado, porque las energías de esta menguada noche, son tan fuertes y están tan revueltas, que algunas lecturas pueden resultar confusas, o ser mal interpretadas. No conviene fiarse demasiado de aquella lecturas, por muy claras que parezcan. Sin embargo "haberlas haílas...", y si todo ello es o no cierto, mi gato ha de saberlo. ¿Me lo querrá contar, esta noche?
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Salud, fraternidad, y feliz solsticio.

jueves, 17 de junio de 2010

“Y si junio viene ruin…”

Dice la humana sabiduría popular, que: "Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo. Y si junio viene ruin, hasta el fin". Este junio, desde luego, ha venido de lo más ruin. Calores anticipados, al par que exagerados, lluvias tardías y torrenciales, fríos destemplados fuera de fecha...
Yo, por si acaso, cual felino prudente que me precio de ser, he recurrido a refugiarme tras este poderoso amuleto de la Diosa Madre, que me obsequió un travieso duendecillo llamado Syr.
. Si hubiésemos repasado el refranero, cuando era ocasión oportuna, quizá habríamos estado más prevenidos respecto al clima loco de junio:
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Hasta que pase san Juan no te quites el gabán.
Por bien o por mal, no te quites el sayo hasta san Juan.
Lluvias en junio, grave infortunio.
Tormentas por san Juan, quitan vino y no dan pan.
Aguas por san Juan, vinagre a la Navidad.
San Pedro lluvioso, treinta días peligrosos.
. Sin embargo, a pesar del tiempo loco, no debemos descuidar las labores propias de la época, si queremos obtener los frutos correspondientes:
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Cuando junio llega, busca la hoz y limpia la era.
Ara por san Juan, si quieres coger pan.
Por san Bernabé, la siega de prados está bien.
Entre san Juan y san Pedro, esquila al perro.
Por san Juan brevas, y por san Pedro las más buenas.
Quien quiera los higos ver nacer, madrugue por san Bernabé.
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Porque, como no hay mal que cien años dure... ni cuerpo que lo resista, al final saldrá el arco iris, señal cierta de la tregua que nuestra Madre Naturaleza nos da, tras habernos refrescado la memoria sobre quién manda, de verdad, en este planeta, y qué cosas son las que merecen la pena.
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Cultivo una rosa blanca
en Junio como en Enero,
para el amigo sincero,
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo,
cultivo una rosa blanca.

(José Martí).
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Salud y fraternidad.

domingo, 30 de mayo de 2010

Peregrinos del verso, en Compostela...

[Diapositiva,19 septiembre 1971, Año Santo Compostelano].
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También la piedra, si hay estrellas, vuela.
Sobre la noche biselada y fría
creced, mellizos lirios de osadía;
creced, pujad, torres de Compostela.
Campo de estrellas vuestra frente anhela,
silenciosas maestras de porfía.
En mi pecho -ay, amor- mi fantasía
torres más altas labra. El alma vela.
Y ella -tú-, aquí,
conmigo, aunque no alcanzas
con tus dedos mis torres de esperanzas
como yo estas piedras con los míos,
contempla entre mis torres las estrellas,
no éstas de otoño, bórralas; aquellas
de nuestro agosto ardiendo en sueños fríos.
[Gerardo Diego, Ante las torres de Compostela].
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[Diapositiva, 20 septiembre 1971, Año Santo Compostelano].
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¡Oh, Quintana de Muertos! ¡Oh Palacio
de Gelmírez! ¡Oh, piedra suntuaria,
lujosa piedra, piedra igual y varia,
matizada de gris hasta el topacio!
¡Oh, gárgola mingente en el espacio,
con la ruda impudicia milenaria!
¡Oh, musgo! ¡Oh, jaramago! ¡Oh, parietaria
-hiedra en la hiedra-, bajo el sol reacio!
¡Oh, Pórtico divino de la Gloria!
¡Oh, peregrinaciones! ¡Oh, estela
de labras y dolores! ¡Oh, memoria
del Apóstol San Iago!... ¡Oh, centinela
de la fe yerta y olvidada de la historia!
¡Oh, saudades! ¡Oh, muerte! ¡Oh, Compostela!
[Manuel Machado, Phoenix].
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Salud y fraternidad.

sábado, 17 de abril de 2010

Azahares en Abril...

Por la primavera, dicen que se altera la sangre. A mi compadre Alkaest, lo que se le alteran son las evocaciones. Llegado Abril, da siempre en soñar con el lejano sur andalusí: el ruido de sus acequias y surtidores, el perfume de las flores nuevas, la luz de sus muros encalados, el renovado verdor de los plateados olivares. Mira por la ventana y suspira: “¡Ay, aquellos abriles antiguos, que fueron a dar a la mar mientras vivía la vida...!” Sonríe, para sus adentros, íntimamente satisfecho, luego pasa su mano por mi lomo y se excusa: “Cosas de humanos, señor Crispín, cosas de humanos...”
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Y no me asombra que se ponga así. Entrando Abril, en el sur los naranjos estallan en flor, el aire se embriaga de azahar, calles y patios huelen a infancia desenfadada, a juventud enamorada, a nostálgica madurez. Huele a mañanas nubladas y frías, a mediodía suave y azulado, a tardes lluviosas y templadas, a noches tibias y perfumadas. Huele a soles viejos y a lunas nuevas, huele a azahar, a vida que renace una y otra vez, hasta que la Madre Tierra quiera...
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Poético, pero extraño árbol, el naranjo. Todavía está cargado de frutos maduros y ya se atropellan sus frescos azahares, presagio de la nueva cosecha. Todavía hay frutos a medio madurar, y las flores se amontonan con prisa por producir otros nuevos. Extraño árbol, que no duerme pero derrocha energía vital por todos sus poros, como si quisiera contagiarnos su exuberante optimismo vegetal.
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En Abril, icluso el refranero se vuelve optimista, vigoroso, despreocupadamente alentador, todo es abundancia y se cuenta por miles:
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“Para vos todo el año, y para mí Abril y Mayo”.
“Sale Marzo y entra Abril, nubecitas a llorar y campitos a reír”.
“Abril trae flores y Mayo se lleva los honores”.
“Pájaro y flor, en Abril buscan su amor”.
“En Abril, cada gota vale por mil”.
“En el mes de Abril harás quesos mil, y en el de Mayo tres o cuatro”.
“De los leños mil, guarda un ciento para Abril”.
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La sensual flor del naranjo, el azahar, citrus aurantium, toma su nombre del árabe az-zahr, que significa “flor”, derivando en el dialecto andalusí hasta designar únicamente las flores blancas de los cítricos, que darán lugar a limones, naranjas, limas, toronjas. Es muy sugerente que, de esta misma raíz, surgió la palabra “azar”, suerte, porque en el juego de las tabas, este huesecillo de carnero, usado a modo de dado, se marcaba con un “azahar” en la cara correspondiente a buena suerte. Sus propiedades medicinales son sedantes, ligeramente hipnóticas, por eso con ellas se prepara la célebre “agua de azahar”, y por eso el aire que perfuman sus flores nos resulta tan especial...
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“Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!”
(Baladilla de los tres ríos, Lorca).
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Que en vuestros corazones se produzca, una vez más, “también hacia la luz, y hacia la vida, otro milagro de la primavera...”
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Salud y fraternidad.

domingo, 7 de marzo de 2010

¡Ay, cipreses de Granada!

“Venid los que nunca fuisteis a Granada.
Si altas son las torres, el valor es alto.
Venid por montañas, por mares y campos.
Entraré en Granada”
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[Rafael Alberti, Balada del que nunca fue a Granada, 1970?].
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Si hay un árbol que define a Granada, ese es el ciprés. Su silueta, firme, voluntariosa de ascenso, evoca en mí un no se qué trascendente. Su elegante perfil clásico, inverosímil, me deja un poso de serenidad, tanto exterior como interiormente, en la mirada. Hay en ellos una calma secreta, misteriosa, que se desprende de su lanceolada geometría, mientras entonan una inaudible canción plena de belleza, una música indefinida capaz de atravesar sutilmente el alma.
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Los hay, históricos y legendarios, como el “Ciprés de la Sultana”, en un patio del Generalife, a cuya sombra aquel atrevido caballero abencerraje tuvo amores con la sultana Morayma, esposa de Boabdil, provocando la terrible venganza del sultán, quien mandó degollar, en la “Sala de los Abencerrajes”, a cuanto miembro de dicha familia pudo prender.
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También los hay etéreos y sutiles, como el árbol plantado por san Juan de la Cruz, en el “Carmen de los Mártires”, a modo de símbolo del anhelo místico, del alma, que quiere ascender hasta fundirse con la divinidad. Otros, en cambio, son románticos, estéticos y un punto filosóficos, como los del “Carmen de los Cipreses”, a cuya sombra celebraban sus tertulias músicos, poetas y literatos, como Manuel de Falla, Ángel Ganivet, o Federico García Lorca.
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Luego están, orgullosamente humildes, los anónimos. Aquellos que, escoltando el camino de acceso a las “caserías” de la Vega, dan nombre a ciertas fincas: “Los Cipreses”. O los que rebosan su verticalidad, ansiosa de cielo, por encima de las tapias en pequeños patios del Albayzín. Aquellos, que apenas pueden rebullirse en placetas íntimas, en jardincillos recoletos. Y los que, orillas del Darro o del Genil, escoltan las frías corrientes, hijas de la blanca siembra que el cielo cosechó, allá en las cumbres de la Sierra Nevada.
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Por fin, tenemos, los fieles guardianes, como aquellos que custodian el secreto de los misteriosos “Libro Plúmbeos” del Sacromonte, mientras compadrean sus alegres zambras, junto a las cuevas del pueblo calé. O los hambrientos de trascendencia, en patios conventuales, al modo del que, en la Cartuja, compite en altura con su estilizada torre, mientras sigue derramando la serena sombra, que antaño cayó sobre las meditaciones de aquellos estoicos hijos de san Bruno.
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La primera vez que entré en Granada, llevado por la curiosidad, esas lanzas vegetales me dejaron herida, de belleza, el alma, y sin ser consciente de ello transité por la vida, con un no se qué inquieto, que no adivinaba, con una música interior que, sin sonar, sonaba. Al cabo de los años, tras esta segunda entrada, atraído en pos de la amistad, los cipreses, volvieron a cantar su canción y esta vez, como tenía bien alerta los oídos del espíritu, me fue desvelado su mensaje, fui consciente, y mi herida quedó sanada.
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“¡Ay, cipreses de Granada!
Cuanta nostalgia en sus ramas,
Y cuanta vida, ya olvidada.
Cuanta añoranza, tan callada,
Y cuanta vida, por vivir.
Cuanto suspiro, hacia la nada,
Y cuanto secreto, sin decir.
¡Ay, cipreses de Granada!”
[Alkaest, 2010].
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Salud y fraternidad.

jueves, 4 de marzo de 2010

¿Espíritu Santo... o pájaro cagón?

Quienes inventan símbolos sagrados, no siempre están todo lo “inspirados” que su labor requiere. Deberían tener mejores conocimientos de zoología y etología, para que, a la hora de elegir un animal como símbolo de las figuras sagradas, no les ocurra igual que al “ingenioso” que tuvo la rara ocurrencia de tomar, para imagen del Espíritu Santo, a la Columba livia doméstica... es decir la “Paloma bravía doméstica”.
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El Espíritu Santo no es un elemento menor en la mitología judeo-cristiana, es nada menos que “una de las tres personas” de su peculiar dios “uno y trino”. O sea, que es el propio dios. Lo cual hace más grave el asunto de la elección de la paloma, como símbolo de esta surrealista divinidad, que es triple sin dejar de ser única, pero no es ni triple ni única... Un animal simbólico, muy “resultón” cuando se representa en piedra, madera, o pintura, dentro de los templos, pero que, como animal vivito y coleando, es otra cosa...
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En descargo de quien escogió el símbolo diremos que, cuando tuvo la luminosa idea de elegir la paloma para representar esta faceta, Espíritu Santo, del dios, ignoraba que los judeo-cristianos posteriores iban a “cagarse” en el Decálogo del Sinaí. A saber, se harían los locos respecto a las dos primeras prohibiciones del Decálogo: “No te harás escultura alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahvéh, tu Dios, soy un Dios celoso” (Éxodo 20, 3-17; y Deuteronomio 5, 7-21).
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A partir de que las tesis de los iconoclastas, partidarios de no realizar imagen alguna de los personajes sagrados, fueron rechazadas, y los judeo-cristianos que las sustentaban fueran masacrados por los judeo-cristianos que se oponían a ello, el conflicto entre “paloma símbolo” y “paloma animal real” se hizo evidente en toda su crudeza. Asquerosa y sucia crudeza, deberíamos añadir.
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La “tierna avecilla”, que figura como imagen del Espíritu Santo en los momentos culminantes del relato mitológico judeo-cristiano, como son el “bautismo del Galileo”, la “anunciación a la Virgen”, o el “apostólico Pentecostés”. No es, en la vida real, el amable al par que poderoso pájaro divino. Sino una sucia y detestable criatura, de apetitos, alimenticios y lujuriosos, insaciables. Pase lo del “apetito lujurioso”, que la criatura no lo hace por vicio, sino por perpetuar la especie, según le impulsa su naturaleza. Pero lo del “apetito alimenticio”, aunque también de esencia natural, tiene unos resultados más repulsivos. Esta imagen viva del “espíritu del dios”, no se priva de defecar por doquier, además con unos excrementos cuya acidez es tan extrema que corroe la piedra más dura.
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Este símbolo viviente, del Espíritu Santo, podemos encontrarlo con gran frecuencia, en actitudes non sactas, posado sobre imágenes santas, a las que ha “bautizado” con abundancia de guano. Le da igual que se trate de la Virgen Santísima y su divino Niño, del fraternal san Francisco de Asís, de las benditas hermanas María y Ana, o del seráfico vegetariano san Bruno. Las simbólicas aves, defecan a placer sobre tan divinas cabezas, recubriendo con una pátina de “palomina”, que así se denomina la mierda de paloma, las sagradas imágenes.
¿Será consciente, la paloma, de su blasfemia, pues se está cagando en la Virgen y todos los santos? ¿Estamos ante justicia poética o venganza divina? ¿Será esta la forma, en que el “celoso dios”, Yahvé, denuncia el hecho de que sus “fieles” se cagaran en las palabras del “Decálogo”, haciendo imágenes de lo divino y lo humano, cuando se les había prohibido expresamente?
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Salud y fraternidad.

jueves, 25 de febrero de 2010

La guadaña de Cronos.

Que curiosas metáforas encontramos, al doblar las esquinas de la vida. En la cordobesa taberna de “Las Beatillas”, hay una sala donde durante muchos años se ha reunido la “Tertulia Taurina Manolete”. En un rincón, entre los recuerdos alusivos al diestro, hay una cabeza de toro disecada, que gira su cuello hacia un armario frontero, sobre el que se halla la broncínea cabeza del torero, que le dio muerte en alguna tarde de gloria.
Cuanta justicia poética hay en esta imagen, los irreconciliables enemigos, segados por la Parca, son ahora tan sólo dos cabezas yertas, el toro un trofeo, el torero un recuerdo.
El morlaco, con el gesto sereno y el perfil bravío de su raza, el diestro, con el gesto sobrio y el perfil romano que lo afamó en vida.
¿Se miran, acaso, desde el mas allá, sin el rencor de otrora? ¿Dialogan, mudos, con filosófico senequismo, sobre la banalidad de la vida?
Gladiadores del ruedo, enfrentados a muerte por el honor y la vida, vencedor uno, vencido el otro.

¡Ay, al cabo, ambos fueron vencidos por el Padre Tiempo! ¡Cronos fue quien acabó cortando orejas y rabo, para luego salir a hombros de la plaza! ¡Vae victis!
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Salud y fraternidad.

viernes, 5 de febrero de 2010

“Por febrero, la cigüeña al campanero”

En el pinar canta el cuco
y en la torre la cigüeña,
en el campo la perdiz
y el borracho en la taberna.
(Cantar recogido en Guadalajara, por Julia Sevilla Muñoz, 1987).
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Refranero cigüeñero:
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El día de la Candelaria, la cigüeña en las campanas (2 febrero).
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Por San Blas, la cigüeña verás; y si no la vieres, año de nieves (3 febrero).
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Mira con cara risueña por san Blas a la cigüeña.
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Si en enero la cigüeña para, la nieve será rara.
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A la mujer pedigüeña ponla donde habita la cigüeña.
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A la sierra, ni dueña ni cigüeña.
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Adivinancero cigüeñero:
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Es blanca como la nieve,
es negra como el carbón,
las patas como una vela,
el cuello como una hoz.
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En alto vive,
en alto vuela.
en alto toca
la castañuela.
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Trabalenguilla de la cigüeñilla:
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En aquel cerrillo
hay un nido de zarracatapla
con cinco zarracataplillos.
Cuando la zarracatapla tapla
zarracataplean los zarracataplillos.
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Fabulitas de las cigüeñitas:
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El labrador y la cigüeña.
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Un labrador miraba
con duelo su sembrado,
porque gansos y grullas
de su trigo solían hacer pasto.
Armó, sin más tardanza, diestramente sus lazos,
y cayeron en ellos
la cigüeña, las grullas y los gansos.
“Señor rústico –dijo
la cigüeña temblando–,
quíteme las prisiones,
pues no merezco pena de culpado:
la diosa Ceres sabe
que, lejos de hacer daño,
limpio de sabandijas,
de culebras y víboras los campos.”
“Nada me satisface,
–respondió el hombre airado–.
¡Te hallé con delincuentes:
con ellos morirás entre mis manos!”
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La inocente cigüeña
tuvo el fin desgraciado
que pueden prometerse
los buenos que se juntan con los malos
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(Samaniego, Fábulas, I 17).
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El lobo y la cigüeña.
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Sin duda alguna que se hubiera ahogado
un lobo con un hueso atragantado
si a la sazón no pasa una cigüeña.
El paciente la ve, hácele seña,
llega, y, ejecutiva,
con su pico, jeringa primitiva,
cual diestro cirujano,
hizo la operación y quedó sano.
Su salario pedía,
Pero el ingrato lobo respondía:
“¿Tu salario? ¿Pues qué más recompensa
que el no haberte causado leve ofensa
y dejarte vivir para que cuentes
que pusiste tu vida entre mis dientes?”.
Marchó, para evitar una desdicha,
sin decir tus ni mus, la susodicha.
Haz bien, dice el proverbio castellano,
y no sepas a quién, pero es muy llano
que no tiene razón ni por asomo;
es menester saber a quién y cómo.
(Samaniego, Fábulas, II 5)
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Salud y fraternidad.