jueves 24 de diciembre de 2009

¡Próspero y Feliz Solsticio de Invierno!

Desde mi ventana, mientras caen las últimas hojas, alumbradas por un frío Sol, veo pasar el Solsticio de Invierno y ensueño los viejos tiempos, los tiempos antiguos, cuando yo era otros gatos, entre otras gentes diferentes, en otras vidas, y celebrábamos los viejos ritos para invocar el favor de nuestra gran Diosa, la Madre Tierra...
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Los solsticios, son la época el año en la cual el Sol, en su movimiento aparente sobre la eclíptica terrestre, presenta su mayor alejamiento del ecuador. En el de invierno, 21-22 de Diciembre, el Sol ocupa su lugar más bajo sobre el horizonte, el día es el más corto y la noche la más larga del año. A partir de ahí, comienza de nuevo la elevación solar, lentamente, los días comienzan a crecer y las noches a menguar. La Naturaleza, adormecida, va acumulando fuerzas para el renacer primaveral.
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En estas fechas, entre el 20 y 23 de diciembre, los pueblos celtas celebran el festival Yule, conocido también como “Festival de la Luna Oscilante”. Mediante sacrificios, ramos de acebo en las puertas, músicas gozosas, encendido de hogueras, y alegres danzas con coronas de muérdago, las gentes convocan a los dioses, para que pongan fin a la oscuridad y traigan el renacer de la luz solar.
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A partir de ahora, el Padre Sol vuelve a recobrar energía, aunque muy despacio, y transmite su fuerza a la Madre Tierra, para que geste en su seno profundo las abundantes cosechas del año siguiente.
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Es la época de los fríos brumosos, pero aunque todo parece dormido a perpetuidad, la Diosa vela en silencio, y en el silencio invernal gesta la fecundidad futura.
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A veces, las lluvias, son tan intensas que los ríos se desbordan del cauce, sumergen las riberas y los campos vecinos, pero si no hemos construido nuestra casa en un lugar inadecuado no debemos preocuparnos. Ese agua es imprescindible, el ciclo natural la reclama como un colaborador necesario.
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En otras ocasiones, es la sequía lo que caracteriza el clima, pero también ella es un “mal” necesario, los campos necesitan reposo, fermentar y airear los nutrientes. Esas tierras de un ocre reseco, algún día acabarán por aparecer con el verde intenso y lujurioso que es el manto de la Diosa Naturaleza.
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Como la tierra reposa, también muchas especies vegetales se repliegan sobre sí mismas, se duermen literalmente, hibernan, concentrando su “sangre” en las raíces y librándose de las hojas con el gasto de energía que suponen.
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Los incómodos vientos, fríos y cortantes, aventan y arremolinan las hojas, de acá para allá, todo cobra un aire entre desolado y atemorizante. Sin embargo, esas hojas servirán como alimento de bosques y prados, su materia muerta alimentará los brotes primaverales.
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Y llega la nieve, esa reserva de agua que la Madre Tierra acopia con sabia previsión, en espera de utilizarla cuando más falta haga, cuando en la época de crecimiento vital las nubes se hagan de rogar. Esa nieve, tan fastidiosa, tan temible, y sin embargo tan necesaria al ciclo de la existencia sobre el planeta.
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Es también la época de las heladas, el agua de fuentes y arroyos, e incluso ríos, se vuelve sólido cristal, crea fantásticas composiciones, como si la Madre Tierra, disfrazada como Vieja Invernal, sacase a relucir su faceta más artística y creativa.
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Los animales que no hibernan, tiene que apañárselas como pueden para sobrevivir, van de acá para allá en busca de sustento, o se posan sobre los desnudos árboles, oteando el horizonte y soltando al viento su quejumbroso idioma. Algunos no llegarán a ver el próximo renacer, regresarán al regazo de la Madre Tierra del que surgieron, para volver con otras formas y otro lenguaje...
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Aunque otros muchos resistirán, gracias a que incluso en el crudo invierno abundan algunos frutos mediante los cuales la vida sustenta a la vida, porque la Diosa Madre aprieta pero no ahoga. Al menos, no a todos.
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Por eso, con el poeta podemos cantar, todavía, y por cuantos años la Madre Tierra quiera otorgarnos, la misma canción que entona el viejo árbol:
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“Mi corazón espera,
también, hacia la luz
y hacia la vida,
otro milagro de la primavera”
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Salud y fraternidad.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Las Edades “del Hombre”. Sí, pero, ¿de cuál de ellos...?

Mi vecino, don Deogracias, que a pesar de su bendito nombre es un ácrata irredento, se complace en proponerme temas polémicos. En esta ocasión, fue el de esas “edades”.
Antes de entrar en faena, es justo reconocer el valor didáctico, de divulgación y salvaguarda de nuestro patrimonio cultural, que han tenido esta serie de exposiciones, conocidas como “Las Edades del Hombre”, hecha tal precisión, vayamos al lado oscuro de la Luna.
El título de este sarao, define ya de entrada que algo no va bien. Hace tiempo que surgió la polémica sobre el lenguaje “sexista”, en los libros de historia, proponiéndose que con poco esfuerzo se podía evitar el agravio comparativo, y expresar los conceptos en correcta forma impersonal.
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Opina mi vecino, que los organizadores, de “Las Edades del Hombre” no se han enterado, porque deben estar todavía “atravesando el Sinaí”. Así expresado el tema, podemos sospechar: ¿es que la mujer no tuvo nada que ver en estas edades históricas? ¿Es que se trata, de una historia de hombres, escrita por y para hombres?
En buena lógica, no. Las mujeres tuvieron tanto que decir, en todas estas edades, como sus compañeros varones. Para ser equitativos y expresarnos con corrección gramatical, no solo corrección política, el suceso debería haberse titulado: “Las Edades de la Humanidad”.
Pero claro, puntualiza don Deogracias, si analizamos someramente la personalidad, siquiera sea jurídica, de los organizadores, veremos que ellos no podían poner otro título que el que le han puesto: Las Edades “del Hombre”.

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De un lado, está la Fundación de carácter religioso Las Edades del Hombre, cuya meta aparente es la difusión y promoción del arte sacro castellano-leonés, a pesar de que mi quisquilloso vecino diga que la meta subliminal es el “apostolado”. Aunque para ello se base en simples pruebas circunstanciales: el Patronato está formado por dos arzobispos y nueve obispos, que son “hombres venerables”, todo lo venerables que se quiera, pero hombres. Gobernados desde el Vaticano por otro hombre, representante directo de un “dios anciano y barbudo”, al que cuando se le ocurre tener descendencia, lo hace teniéndose a sí mismo como un “hijo”, un “dios-hombre”.
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De otra parte, están los mandos y jerarcas políticos, de la Junta de Castilla y León, que financia el “invento” al alimón con la entidad bancaria, privada, Caja España. Una Junta, cuyo color ideológico mayoritario coincide con el credo religioso de los “hombres venerables”, aquellos que, según mi malediciente vecino, creen y predican lo de “la mujer, pierna quebrada y en casa, a ser posible amordazada” –aunque ahora tan solo lo digan por lo bajini, en espera de nuevos tiempos en que puedan volver a proclamarlo como dogma de fe-.
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¿Qué “edades”, ni que gaitas, opina don Deogracias, podían surgir de este caldo de cultivo “intelectual”, de este maridaje clerical-político-bancario que, según el, en lugar de maridaje es “contubernio”? Tan solo podían surgir Las Edades “del Hombre”, al fin y al cabo su “dios-hijo” se apoda “hijo del hombre”.
-Y si lo que digo no es “la fetén”, que venga el “padre” y lo vea, que para eso presume de ser tres machos distintos y un solo dios verdadero... -apostilla sentencioso el terrible don Deogracias.
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[Nota: las opiniones de don Deogracias son exclusivamente suyas, y coincidirán, o no, con la línea editorial del autor del blog, según convenga].
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Salud y fraternidad.

sábado 21 de noviembre de 2009

Gatuperios... ¿Apagón analógico, o “negocio antológico”?

Como decía don Hilarión, en la inefable zarzuela La Verbena de La Paloma: “Hoy las ciencias adelantan, que es una barbaridad... ¡Es una brutalidad! ¡Es una bestialidad!”.
Adelantan tanto, que nos van dejando atrás. Menos mal que, la Madre Naturaleza, nos ha dotado de mecanismos de adaptación, porque si no íbamos apañaos... Pero, así y todo, es un duro trago.
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Esto viene a cuento del “apagón analógico”, es decir, el “negocio analógico” para vender televisores de nueva generación, a quién pueda pagarlos, y convertidores de señal al que no pueda. ¿Y a mí qué me importan, el negocio ni la tecnología? ¡Pues me importan, que carayu!
Tenía yo un magnífico televisor, es verdad que algo cascado por los años, pero todavía en funcionamiento, aunque lo que más me gustaba de él era esa superficie lisa, calentita y susurrante de la parte superior.
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Allí me colocaba yo, bien para otear el horizonte y controlar a mis mascotas humanas desde tan práctica atalaya, bien para descabezar una siesta acunado por el rumor de la programación y entibiado por el calorcillo del mecanismo interno. Cuantas tardes, con la cabeza recostada en el estante de los clásicos, ¡ah, mis amados clásicos, he soñado que era un rugiente león de la sabana, o un sigiloso tigre de la selva, como esos que amaban y cazaban en los documentales que se desgranaban por la vieja pantalla.
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Hasta que un día infausto, sonó el alegre din-don del timbre musical, abrieron la puerta y entró un humano desconocido, con una caja enorme. Durante un rato, estuvo trajinando con el extraño objeto que sacó de ella, mientras hablaba con la mascota humana que vive en mi casa. Yo, prudente según mi raza, me guarecí como pude bajo el abrigo, al acecho por lo que pudiera pasar, y bastante mosqueado porque aquel humano había quitado mi televisor de su lugar para arrinconarlo en el suelo del salón.
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Cuando, al cabo de un rato que se me hizo eterno, el humano desapareció como había venido, me atreví a salir de mi escondite y... ¡horror, mi televisor ya no estaba, sólo quedaba un rastro de su olor! ¡¿Qué es esto, qué ha pasado, nos han robado?! Maullé a mi mascota, entre irritado y desesperado. Él, con voz culpable, me explicó entonces lo del “apagón analógico”, que había tenido que reciclar el viejo televisor y que ya no los fabrican como aquel. ¿Reciclado mi televisor? ¡Tirado a la basura! ¿Y qué era aquel objeto, maloliente, puesto en su lugar?
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¡Un nuevo televisor, de pantalla plana, TDT, antirreflectante, estéreo, y bla, bla, bla...! Recitaba mi mascota, cual papagayo, intentando convencerme de las ganancias del cambio. Pero sus ganancias, para mí, son pérdidas. Aquel televisor, si es que puede llamarse así, carece de superficie superior, es decir, carece de anchura para que yo pueda acostarme a placer, allí no hay espacio para hacer siestas. ¡Me han desahuciado, arrojado lejos de mis clásicos!
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¡Cómo odio a este objeto, para mí, inútil! ¡Y dicen mis mascotas humanas, que es un adelanto de la ciencia! Y un cuerno, lo que es... es un trasto feo, plano, extra-plano y extra-puñetero. Claro, que la culpa no es toda de mis mascotas, es de la ciencia esa que invocan, y de los mercaderes que buscan inventos, sin parar, para que los humanos compren ídem. ¡Cómo odio este cacharro, si supiese hacerlo le escupiría!
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He perdido mi mejor reposadero, ahora, ya solo me quedan mi casita de espuma, mi cojín-cama, mi sillón de ordenador, mi silla de comedor, y mi sofá... En el me enrosqué, a rumiar mi mala suerte tecnológica, mientras mi mascota humana, con aire divertido, se entretenía en recitarme un ripioso “poema”, alusivo a esta tragedia, por ver si me consolaba, pero yo estoy inconsolable.
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Volviose Alkaest trovero,
y por el estro acuciado,
tomó la lira y trovó
lo que al felino ha pasado.
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No es torpe, no, su invención,
en el clavo ha dado, cierto,
que la “tele” de Crispín,
desapareció este invierno.
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-“¡Ay, aquel tibio aparatejo
que adormecía mis siestas,
aquel que fue mi cobijo!”
-El buen gato se lamenta-.
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-“¿A do marchó, desechado,
por el progreso maligno,
que dejóme descamado?”
-Lamentase, el buen minino-.
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De reojo mira el plano,
estrafalario, sustituto,
ensoñando el bien perdido
que por ancho jergón tuvo.
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¿Dónde ahora dormirá,
estirado a su capricho,
dónde se retrepará,
que esté igual de calentito?
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Enrocado en un sillón,
de reojo mira al “bicho”,
-“¡Que malos dengues te fundan!”
-Maldice por lo bajito-.
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-“¡Así pierdas la color,
el contraste y el sonido.
Y que tus cables los roan
ratones, para hacer nido¡”
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Enfurruñado y mohino,
se ha dormido en su rincón,
el gato Crispín, soñando,
soñando, con su gran televisor...
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[Moraleja: La técnica y el progreso, siempre hacen la puñeta...].
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Marramamiauuu. Salud y fraternidad.

lunes 9 de noviembre de 2009

Los pies del gato de Cervantes...

Hola gente humana, estaba yo lavándome las patas, que ustedes llaman pies, cuando recordé ese controvertido refrán en que se nombran mis muy prácticas extremidades:
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“Andar buscando los tres pies al gato”.
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Así dice en su versión actual, para motejar a quienes insisten demasiado en algún asunto, tentando la paciencia ajena; y a quienes quieren encontrar más razones, de las que realmente hay, para demostrar lo imposible.
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Sebastián de Covarrubias lo cita por vez primera en su Tesoro de la Lengua Castellana (1611):
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“Buscar cinco pies al gato se dice de los que con sofisterías y embustes nos quieren hacer entender lo imposible; nació de uno que quiso probar que la cola del gato era pie”.
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Por su parte, Gonzalo Correas, en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), recoge el refrán en su forma correcta:
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“Buscais cinco pies al gato y no tiene más que cuatro; no, que cinco son con el rabo”.
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La culpa de la corrupción, para pasar de los cinco pies a solo tres, se la adjudican a Cervantes, pues en su Don Quijote (1605), capítulo XXII de la primera parte, escribe:
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“Donosa majadería, repondió el comisario; bueno está el donaire con que ha salido a cabo de rato: los forzados del rey quiere que le dejemos... váyase vuestra merced, señor, norabuena su camino adelante... y no ande buscando tres pies al gato. Vos sois el gato y el rato y el bellaco, respondió Don Quijote”.
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Una parte del pueblo llano se dio cuenta, bien pronto, del disparate que suponía restar una pata al minino, cuando el refrán original pretendía censurar el “exceso”, y dejó constancia del cambio en un cuarteto anónimo:
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“El normal cuatro presenta,
tres si le falta una sola,
y cinco si quien las cuenta
toma por pata la cola”
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La gran difusión y popularidad del Quijote, debió tener su cuota de culpa para extender la corruptela del refrán, pues la autoridad que le daba su fama hubo de ser bastante para que parte del público adoptara la errata como lugar común, sustituyendo, con las absurdas tres patas, el sentido metafórico, lógico, de las cinco patas y el rabo.
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No obstante, habría que averiguar por qué el ínclito don Miguel de Cervantes cometió tamaño desaguisado, en 1605, cuando en 1611 y 1627 todavía se recogía por escrito la tradición, en refranero uso, de los cinco pies gatunos. Parece cosa impropia de Cervantes, culto conocedor de las costumbres populares.
Hay quien aventura una hipótesis, curiosa y verosímil, para explicar este desliz cervantino.
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La explicación viene de la Marca Carolingia, donde una “gata” amiga afirma que en los territorios de habla catalana, se dice el refrán como:
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“Cercar els tres pèls al gat”. -Buscar los tres pelos al gato-.
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En catalán, “pelos” se pronuncia “pèls” que fonéticamente se parece mucho a “peus”, o sea, “pies”. Ergo, si alguien que no era catalano-parlante lo “tradujo”, en forma literal, al castellano, le salió lo de “los tres pies”. ¿Fue Cervantes el traductor-traidor...?

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Este refrán citaría como disparate el buscar “tres pelos al gato”, porque nunca encontraremos un gato con el pelo de tres colores, siempre que veamos un felino tricolor se tratará de una hembra, una gata. Según la genética, y la bromas de la Madre Naturaleza, sólo las gatas pueden ser tricolores.
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Por su parte, un felino amigo, erudito y castellano viejo, asegura que “los tres pies” no es corrupción, sino variante del otro refrán. Y si Cervantes lo usó, no fue por despiste, sino por buen gramático, puesto que la palabra “gato” designaba también una bolsa hecha con su piel. Palabra que consta de dos sílabas, "ga-to", dos “pies” métricos, y nunca tres.
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O sea, que este lío refranero, sobre mis gatunas patas, está muy lejos de ser esclarecido.
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¡Ah, un aviso! Lo de la quinta pata del gato, en el refrán, no tiene nada que ver con la procaz jotilla popular:
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“Aquí va la despedida,
la que echó el gato a la gata,
que subiendo la escalera
le engarzó la quinta pata”
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Salud y fraternidad.

domingo 1 de noviembre de 2009

Feliz Samhain, feliz Año Nuevo Celta.

En el bronce galo de Colingny, s.I d.C., Samhain es nombrada como Samonios y existe alguna otra variante. Pero, fuese con uno u otro apelativo, esta festividad celebra entre los pueblos celtas el final del verano y el comienzo del invierno. Esta transición estacional, señala el inicio del Año Nuevo. Es un festejo cíclico, propio de una sociedad agrícola y pastoril, que marca el cambio de labores en los cultivos y en la cría del ganado.
Los pastores recogen sus rebaños trayéndolos desde los pastos de verano, celebran mercados ganaderos, sacrifican las reses necesarias y preparan su carne para conservarla como alimento invernal. En Irlanda, se celebra la gran asamblea de los cinco reinos, en Tara, durante el Samhain, con carreras de caballos, ferias con productos de temporada, ritos pastoriles de fertilidad, bailes y hogueras.
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Pero por encima de todo ello, están los festejos rituales para conmemorar la muerte y renacimiento del año, del ciclo estacional. La noche entre el último día de octubre y el primero de noviembre, al ser la frontera temporal entre las dos estaciones, se sitúa fuera del tiempo, por ello las leyes naturales del mundo quedan en suspenso durante esas horas. La puerta entre el “mundo natural” y el “más allá”, queda abierta, con lo cual los espíritus difuntos pueden pasearse por la tierra de los vivos, y el espíritu de ciertos vivientes –como druidas y druidesas, o bardos- puede desplazarse al otro lado.
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Por eso, es en esta fecha cuando tienen lugar numerosos hechos sobrenaturales de la religión y los héroes célticos: el dios Dagda se une con la fértil diosa Morrigán, que así comparte con el sus poderes de oráculo; el héroe Cú Chulain, aprovecha para tener encuentros con mágicas damas del Otro Mundo; el dios del amor, Oenghus, captura y se empareja con la dama oca, Caer.
Es una época de gran actividad celeste, llena de espíritus y energía sobrenatural, cuando los mundos de vivos y muertos se mezclan estrechamente. Todos los ritos que en esta noche mágica se celebran, tienden a controlar la actividad de esos espíritus, para que no se desmanden, y a festejar las diversas divinidades para que sean propicias a la humanidad.
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La nueva religión, con su sentido trágico y triste de la muerte, era incapaz de competir con esta forma alegre y desenfadada de enfrentarse al tránsito materia-espíritu. Por ello, como única manera de aniquilar estas creencias y hacer prevalecer las suyas, convirtió a los dioses, genios y espíritus celtas, en diablos, y a sus adoradores en hechiceros, e hizo creer que los alegres bailes y fuegos de Samhain, eran obscenos aquelarres de brujas.
Por suerte, no todos se dejaron engañar. La tradición continuó, más o menos disfrazada, los fuegos siguieron encendidos; las calabazas talladas, con velas en su interior, se encienden todavía. Y las gentes, aunque ya muchas no sepan el por qué, continúan felicitándose e intercambiando regalos y golosinas.
La nueva religión no triunfó del todo, las alegres hogueras de Samhain han prevalecido sobre las tristes hogueras de la inquisición. La Religión Natural del felíz fuego regenerador, libremente aceptada, todavía triunfa en algunos espíritus sobre la religión impuesta por el fuego del dolor.
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A nuestros compadres y comadres, del “aquelarre” de la piedra mágica de Barahona, y a todos los “brujos” y “brujas” que durante este año se han sumado al conciliábulo, les deseamos lo mejor. Feliz Samhain, feliz Año Nuevo, que la Triple Diosa Madre os colme de bendiciones.
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Salud y fraternidad.

viernes 23 de octubre de 2009

Topónimos y gentilicios, bromas de pueblo...

Cuando tantos nombres de lugares, estrambóticos, risibles, y hasta ofensivos, hay por el ancho mundo, es reconfortante encontrarse con uno como éste: “Villafeliz de Babia” (León).
El topónimo es afortunado, doblemente afortunado. Se trata de una villa que sugiere felicidad, optimismo, y al tiempo está en Babia, ese lugar idílico donde los medievales monarcas iban a descansar de las preocupaciones propias del cargo. Estar en Babia, es como estar en un limbo de feliz ignorancia, ajeno a preocupaciones y problemas.
Sin embargo, hay muchos otros lugares a los que parece pusieron su nombre el día de los Santos Inocentes, como una pesada broma, no hay más que consultar el “Nomenclátor de los Pueblos de España”:
Porro (Almería), Sexo (Pontevedra), La Poya (Asturias), Chocha (Lugo), Follada (Cantabria), Matafoyada (Asturias), Las Zorrillas (Málaga), La Ramera (Asturias), La Putols (Murcia), Coitos (A Coruña), Cornudilla (Burgos), El Cabrón (Asturias), Tocina (Sevilla), Timos (Lugo), Zotes (León), El Purgatorio (Murcia), L’Infern (Barcelona), Los Infiernos (Murcia), Meao (Lugo), Vilamea (Orense), Pedo (Lugo), Matajudaica (Girona), Matamorisca (Palencia), Culpa (A Coruña), La Maliciosa (Madrid), y un largo etc... (Los gentilicios jocosos, que de aquí pueden derivarse, mejor ni insinuarlos).
Así pues, por encima de chanzas y chirigotas, vayan nuestros mejores deseos, para los habitantes de estos lugares.
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Y, a los malpensados, recordarles que lo importante no es el topónimo, ni el gentilicio, de un lugar, sino el buen carácter de sus gentes, su laboriosidad y cordialidad, vivan donde vivan. Por lo cual, merecen todo nuestro respeto y consideración, aunque sus antepasados estuviesen poco inspirados al escoger la denominación del sitio en que habían de habitar sus descendientes.
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Salud y fraternidad.

lunes 21 de septiembre de 2009

Refranero "septembrero"...

¡Hola gente humana! Les deseo a todos un feliz equinoccio otoñal, que la nueva estación les traiga toda clase de frutos, espirituales y materiales. Mientras espero que mi portatil ordenador "dé algún fruto" -cosa que dudo mucho-, su felino amigo les obsequia con algunos refranes alusivos a la temporada...
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- Del mes que entra con abad y sale con fraile, Dios nos guarde.
- Si en Septiembre comienza a llover, otoño seguro es.
- Septiembre seca las fuentes o se lleva los puentes.
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- Por febrero y septiembre a las seis anochece y a la seis amanece.
- Por san Mateo, tanto veo como no veo.
- Buen tiempo en septiembre, mejor en diciembre.
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- En septiembre y en agosto, bebe el vino añejo y deja el mosto.
- Por san Mateo, el vendimiador, corta los racimos de dos en dos.
- Al comenzar septiembre, prepara las cubas y vendimia las uvas.
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- Holgar gallinas, que el gallo está en vendimias.
- En septiembre las gallinas vende, por Navidad vuélvelas a comprar.
- En tiempo de la graná, la gallina no pone ná.
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- Septiembre es frutero, alegre y festero.
- Por septiembre calabazas, aunque no siempre.
- En septiembre, los melones se guardan en los rincones.
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- Por san Miguel, primero la nuez, la castaña después.
- Por el veranillo de san Miguel están los frutos como la miel.
- En septiembre, primero coseches y luego siembres.
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- En septiembre, a fin de mes, el calor vuelve otra vez.
- La otoñada verdadera, por san Miguel la primera.
- Septiembre benigno, octubre florido.
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Salud y fraternidad.

jueves 17 de septiembre de 2009

Gatuperios: “Nasío pa’matá...”

En la Catedral de Oviedo, hay un gran patio lateral, cerrado con rejas, en el que campan por sus respetos un grupo de gatos urbanos, al que alimenta la humana caridad. Una felina había tenido allí su camada, y los tres pimpollos andaban por el lugar, triscando a sus anchas, mientras la madre se dedicaba a sus quehaceres.
Las criaturitas, de pocas semanas, ya eran conscientes de su potencial depredador, y nos obsequiaron con estas deliciosas, al par que ingenuas, escenas de “caza mayor”.
Las palomas, oportunistas como el que más, andaban revoloteando, en busca de cualquier cosa que hubieran arrojado a los gatos y fuese de provecho alimenticio para ellas.
Dos de los pequeños felinos, “europeos comunes”, se percataron del desparpajo de las osadas aves y se pusieron al acecho, según les dictaba el instinto cazador.
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El hermanillo de pelo “romano”, pronto se cansó de la provocación colombina, que lo burlaba constante, y bajó los escalones. Pero, el felino rubio, quizá de natural mas “feroz”, se quedó allí, como el que no quiere la cosa. Muy quieto, muy agazapado, con los músculos en tensión y los bigotes vibrando de ansiedad. Mientras, las palomas se volvían más y mas atrevidas, o descaradas, aleteando cerca del felino que ya estaba insalivando de placer.
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Por fin, decidió que había llegado el momento oportuno, saltó hacia las aves con toda la potencia de sus pequeños músculos y toda la ingenuidad de sus pocos días. A las ladinas palomas, no les costó mucho aletear y revolotear, como en una larga torera, para ponerse a salvo del “terrible” animal. Este, quedó satisfecho con la “espantá” que había provocado, como si con ello su honor hubiese quedado a salvo, y regresó a jugar con sus hermanillos.
El instinto, es el instinto... Por eso, desde chiquitos, los animales ya saben lo que tienen que hacer en según que circunstancias. Es como si viniesen con los conocimientos instalados “de serie”, con un chip que les pusieron en la “fábrica”. Aunque estos saberes y haceres, deberán ser perfeccionados por el aprendizaje, viendo actuar a sus congéneres.
Cuando, éste “europeo común”, tenga unos meses más, la colombófila plebe se lo pensará dos veces antes de situarse a su alcance, ni siquiera de broma.
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Salud y fraternidad.

domingo 13 de septiembre de 2009

El Templo de los Goliardos

La Borrachería, Almería.
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Que una bodega lleve el nombre de “La Borrachería”, no choca a nadie. Lo jocoso es que se encuentre situada en la calle Séneca. Allí muestra su letrero, a medio caer, como si el excesivo trasiego de alcohol le hiciese perder el justo equilibrio. Y todo ello en la calle que lleva el nombre del estoico filósofo cordobés, Lucio Anneo Séneca (4-65 d.C.), a quien la historia jugó la mala pasa de convertirlo en preceptor de aquel emperador romano, de los enloquecidos excesos, Nerón, por cuya locura hubo de suicidarse para conservar el honor.
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“En la taberna sentados,
de la huesa descuidados,
nos entregamos al juego
con pasión y sin sosiego...”
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La Santa Sed, León.
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Sin embargo, ya resulta más chocante, la costumbre de diversos establecimientos de bebidas espirituosas, de tomar nombres alusivos a la religión. En León, justo enfrente del templo románico de Nuestra Señora del Mercado, encontramos dos buenos ejemplos: “La Santa Sed” y “La Sacristía”. ¿Es burla blasfema, propia de borrachos transgresores? ¿Acaso, tan solo, publicidad escandalosa, para atraer por lo equívoco del nombre?
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“Ya hay quien paga el primer vino,
del que bebe el libertino;
honra el otro a los cautivos,
y el tercero es por los vivos...”
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La Sacristía, León.
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Sea como fuere, el espíritu de aquellos rebeldes medievales rezuma por los poros de estos establecimientos, “sotabancos del Averno” como diría un inquisidor. Un espíritu libre, descarado, insolente, un punto escéptico y, sobre todo, burlesco. Que se ríe de lo divino y lo humano, para escapar de la agobiante realidad terrenal. De modo, que podemos calificar estos lugares, sin temor a equivocarnos, como Templos de los Goliardos.
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“cuarto, de cristianos asunto;
quinto, por el fiel difunto;
sigue el seis por la monjas depravadas,
el siete por las tropas emboscadas...”
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Fondón (Almería).
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Esta “obsesión” religiosa, de los mercaderes del vino, alcanza también a los viticultores y bodegueros. En la Alpujarra almeriense, son célebres los vinos de Fondón, y esta bodega ha puesto a uno de sus renombrados caldos, el nombre de “Tetas de la Sacristana”, como queriendo indicar, a los potenciales bebedores, que representa el summun y el non plus ultra de la exquisitez. Un vino que bien pudo haber sido bautizado así, por los burlones goliardos, durante una de sus juergas tabernarias.
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“el octavo por los frailes perversos,
el noveno por los monjes dispersos,
el diez por los navegantes,
once por los discordantes...”

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Calidad que debe ser cierta, pues, el enológico producto ha obtenido el Bacchus de Plata en un concurso internacional. Nos parece bien, muy bien, que se premie un producto de calidad. Lo que nos deja perplejos es el alusivo nombre del caldo: “Tetas de la Sacristana”. Conocíamos el dicho popular que, para exaltar la suma excelencia de un producto lo califica, con frase donjuanesca e irreverente, como “teta de novicia”. Aunque ignorábamos, que las tetas de sacristana no le fuesen a la zaga en bondad suprema, gastronómica o lo que se tercie...
Y es que, todos los días, son de aprender. De ahora en adelante, estaremos más atentos cuando una sacristana se pasee ante nosotros, por si podemos certificar, o no, la realidad del aserto publicitario.
¡Tabernero, otra ronda, que paga este goliardo...!
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“doce: los disciplinantes,
trece: los itinerantes.
¡Por el Papa o por el Rey,
beben todos ya sin ley!”
[In taberna quando sumus, Carmina Burana, s.XIII].
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Salud y fraternidad.

martes 1 de septiembre de 2009

al-Mariyyat, entre la noche y el día…

Desde nuestra “cabaña de pescadores”, en Aguadulce, vemos amanecer sobre el Mare Nostrum. Las gaviotas sobrevuelan la bahía con madrugadora insistencia, al fondo está Almería, al-Mariyyat, la "torre vigía", y más allá el Cabo de Gata. Un sol, intemporal, se eleva sobre las aguas. A esta hora, con los perfiles todavía sin definir, podemos soñar que estamos en cualquier edad o siglo. Las sombras van caminando hacia el recuerdo, y la luz es solo una promesa futura. El instante, el contrastado instante de furiosa luminosidad y feroces sombras, se presta al milagro. ¿Qué son aquellos bultos? ¿Acaso naves fenicias, romanas o musulmanas, que bogan hacia la costa? No, es tan solo un espejismo solar entre la bruma matinal.
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En al-Mariyyat, el implacable calor terrestre y la insolente humedad marina se unen, se derraman sobre este mundo litoral, lo sumergen. De ese baño germinal surgen muchas cosas, por elegir una, elegimos el geranio -¿o sería más exacto decir, los geranios?-, planta amistosa y amigable. Señal simbólica de vital aprecio y humana proximidad, resistente y bella, sin resultar empalagosa como sucede a otras de mayor fama.
Creían los griegos que alejaba los malos espíritus, y su esencia era usada como estimulante, para liberar la mente de pensamientos negativos o tristes. Por ello, entre sus variados atributos está el poder de proporcionar consuelo y elevar el ánimo. Igual efecto, que el producido por la sana amistad que todo lo comparte.
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Tras el breve espacio de luz y calor, de energía revitalizadora que llaman día, llega el anochecer. La luna llena se eleva sobre Aguadulce, desdibuja el contorno de Almería y, no lejos, el del Cabo de Gata. Su engañosa luz, riela sobre el Mare Nostrum. Esta mezcla, de luminosidad y oscuridad, ofrece una sospechosa sensación de calma. Los perfiles vuelven a emborronarse, las naves fenicias, romanas o musulmanas, podrían surgir de repente para cortar las aguas y bogar sobre esa claridad. Pero es solo un espejismo lunar.
Nos retiramos a nuestra “cabaña de pescadores”, el sueño nos reclama. Un sueño lleno de evocaciones, en el que no estarán los antiguos navíos, ni el esplendor de la ciudad islámica, antes bien, se colmará de simbólicos geranios, del tibio afecto de los amigos, que compartieron el húmedo calor del mediodía y la salina claridad del antiguo mar.
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[Dedicado a los amigos de Almería y su hospitalidad].
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Salud y fraternidad.

sábado 1 de agosto de 2009

Racionales, sí… pero animales.

Aunque soy un gato común, humilde en muchos sentidos, uno de estos es el sentido común. Por eso reconozco las “irracionales” actitudes de los, a sí mismos llamados, “animales racionales”.
Si no lo creen, vean y comprueben con sus ojos. A fines de junio, en la ciudad de León, con el Sol en su cenit y una temperatura que rajaba las piedras, a los “seres racionales” no se les ocurre nada mejor que tumbarse, rato y rato, sobre un banco de piedra a leer, o permanecer horas y horas en pie, pintando. Nobles actividades, ambas, pero ¿lógicas en tales circunstancias?
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Mientras, mis “irracionales” congéneres, procuraban por todos los medios aliviarse del sofocante calor, ya fuese permaneciendo a la sombra o buscando la reparadora frescura del agua. Desde las glotonas y lujuriosas palomas, que por unos momentos habían abandonado sus inacabables zureos y cortejos, hasta los irresponsables y fieles perros. Demostraban, así, un sentido común, muy poco común en los "animales racionales".
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-¡Guau, guau…! Compadre Crispín, ¿irracionales dices que nos llaman? ¡Pues no veo nada más racional que meterse en el agua cuando aprieta el calor!
-¡Miau, miaauuu...! Razón tienes hermano perro, sobre todo un mastín como tú, al que en invierno esas lanas han de venirle “al pelo” para combatir el frío leonés, pero en verano…
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-¡Guau, guau…! Concluyendo, con todo el respeto del mundo, cariño y buena intención, hacia la raza de los homínidos, suscribo el pensamiento de Sir Crispín de Cheshire, y no tengo empacho en admitir que son ustedes “animales racionales, sí, pero animales”, y quizá más, lo segundo, que lo primero… según el sentido coloquial que ustedes dan a esa palabra. A sus absurdas actitudes me remito.
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Tras lo dicho por el hermano perro, no tengo más que añadir. Ahora me retiro, a la fresca sombra, y ya volveré en Septiembre… ¡Miau! ¡Marramamiaauuu!
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Salud y fraternidad.

jueves 30 de julio de 2009

"Precausion, amigo condustó..."

-¡Un perro al volante…! ¿Un perro al volante...?
-Pero vamos a ver, ¿por qué se asombran de ver un perro al volante de un automóvil? Después de ver a tanto animal, conduciendo por esas carreteras, ya deberían estar curados de espanto.
¿O es que nunca han coincidido con una bestia parda, al volante, que les intentaba adelantar en línea continua? ¿O con un mal bicho, que no respetaba la distancia de seguridad? ¿O con una acémila, empeñada en girar sin intermitentes? ¿O con un animal de bellota, tirando colillas de cigarro por la ventanilla? ¿O con… etc., etc.?
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Así que, teniendo en cuenta lo dicho, no se admiren de verme al volante aunque sea perro. Mejor conduciré yo que muchos de los que van por ahí, con carnet o sin él, con o sin puntos, presumiendo de gran coche para compensar la pequeñez de su… pensamiento inteligente.
Por tanto, no sean ustedes humanos animales, conduzcan como humanos racionales. Cuídense, de quienes no piensan hacer caso de este consejo, y que pasen unas buenas vacaciones.
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Y, una vez más, aplíquense esa canción tan escuchada en las “peticiones del oyente”, allá por los años 60 del pasado siglo, de la inefable “Perlita de Huelva”, pero cuya recomendación, coñas aparte, no es para desoír:
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“Precaución, amigo conductor,
tu enemigo es la velocidad.
Acuérdate de tus niños,
que te dicen con cariño:
¡No corras mucho, papá!”
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Salud y fraternidad.

martes 21 de julio de 2009

Casilla 36: “Las ocas van descalzas... y los patos también”.

“Les oques van descalces
descalces, descalces;
les oques van descalces
i els ànecs també,
i els ànecs també.

Poseu-los-hi sabates,
sabates, sabates;
poseu-los-hi sabates,
i mitjons també,
i mitjons també”.
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En román paladino, resumido: “Las ocas van descalzas y los patos también. Ponedles los zapatos y calcetines también”.
La primera vez que escuchamos esta cancioncilla infantil fue en catalán, y así se nos quedó en la mente. Pensamos que era una tradición local, luego descubrimos que estaba extendida por diversos países europeos, y que los distintos idiomas no la habían alterado. Ya sea en francés, castellano, rumano, polaco, alemán, u occitano, las ocas siempre van descalzas... Porque nadie ha conseguido, todavía, ponerles los zapatos ni los calcetines.
Y bien contentas que van ellas, de ese modo. ¡Ah, los patos también! (Aunque éstos, andan un poco envidiosos, porque nadie dice: “de pato a pato y tiro porque me toca”. Cosas de la rima, queridos patos).
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[Dedicado a nuestros románicos amigos, de La Marca Carolingia, que nos enseñaron la cancioncilla y la escenificaron a coro].
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Salud y fraternidad.

viernes 3 de julio de 2009

¿Canecillos, o canes románicos?

Siempre habíamos creído que los "canes" o "canecillos", medievales, eran otra cosa. Seres de piedra, que poblaban los aleros de templos, catedrales y ermitas. Pero la realidad, es que hay otros "canes", de carne y hueso, que pululan por los edificios románicos. Hijos de la Diosa madre, a quienes se impide la entrada en los recintos sagrados, porque tenemos el absurdo concepto de que son inferiores a nosotros en la escala evolutiva. Craso error, ellos van un paso por delante, actúan según su carácter, su instinto natural, están libres de la cruel servidumbre del libre albedrío... y de la sadomasoquista veneración de ninguna divinidad.
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Aunque, después de todo, eso, a ellos les trae al fresco. Tienen una ventaja sobre los seres humanos, están ausentes del "pecado" que la mitología cristiana atribuye al común de los mortales humanos. Viven en una especie de "Paraíso diferido", siguen la Ley Natural de sus instintos y no deberán dar cuenta a ninguna divinidad por sus actos.
Y lo que es mejor, la mitología de la nueva religión, les tiene prometido un "Paraíso renovado", donde todos ellos volverán a ser pacíficos amigos y ya no tendrán necesidad de devorarse para subsistir.
Idílico, bucólico y pastoril Edén del futuro, por el que los animales no pelean, torturan, o matan para convencer a sus congéneres de la "presunta" realidad del mismo. Ellos si que viven según el mítico precepto del: "Baste a cada día su propio afán..."
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Salud y fraternidad.

viernes 26 de junio de 2009

Mañanica de san Juan...

¡Feliz solsticio de verano! Les traigo mis mejores deseos felinos para este nuevo ciclo cósmico, deseos tardíos, pero ciertos, que este año serán originales por diferentes.
La “noche de san Juan”, puente entre el 23 y 24 de junio, es tiempo mágico en el que los rituales del fuego celebran la victoria de la luz sobre las tinieblas. Pero no menos importante es el amanecer del día 24, la “mañana de san Juan”, culminación de esas horas mágicas y de toda la energía desatada en su transcurso.
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En estas prodigiosas amanecidas, “las mañanicas de san Juan”, acontecen toda clase de maravillas, relacionados con el mundo natural y sus espíritus de la vegetación y las aguas. Pero sólo tienen lugar durante breves instantes, entre el momento en que aparecen las primeras luces y aquel en que caen sobre la tierra los primeros rayos de sol.
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Los serpentones y cuélebres tienen mermados sus poderes mágicos, entonces pueden ser vencidos con las ascuas de las hogueras nocturnas. Las xanas, anjanas y donas d’aigua, se sientan al borde de fuentes o lagunas, mientas desenredan sus cabelleras con peines de oro, en espera del valiente que se atreva a desentrañar su encantamiento. Otras, juegan a los bolos con piezas de oro puro; varias, hilan hebras de oro fino en sus ruecas de igual metal; y algunas se presentan como gallinas, con sus pollitos, todos de oro, buscando gusanitos entre las hierbas. Solo las almas puras pueden ver tales encantos y, acaso, obtener de ellas algún favor.
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En la “mañanica de san Juan” las corrientes de arroyos y manantiales se vuelven benéficas, por ello son numerosas las gentes que se bañan, a esa hora encantada, en sus aguas mágicas, en busca de curación para algunos males, aunque otras lo hacen simplemente para evitar enfermar durante el año.
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También es curativo el rocío que la mañanica ha depositado sobre las hierbas, especialmente los tréboles, algunas personas se revuelcan desnudas sobre este líquido en la esperanza de mejorar la salud de su piel, otras lo recogen y guardan para emplearlo, cuando sea menester, mezclado con vino o zumos.
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Pero el valor más buscado, en la “mañanica de san Juan”, es el amor. Se supone que, tanto el agua como determinadas plantas, se impregnan de la energía telúrica liberada esa noche. Así, las mozas van a buscar la flor del agua, aquella que recibe la primera luz del alba, en las fuentes, excelente para deshacer encantamientos y encontrar un buen novio dispuesto a casarse ese año.
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Diversas plantas son recogidas y colgadas en las casas, para defenderse de los rayos o tormentas, atraer novio, preservar matrimonios, guardar al ganado del mal de ojo. Aunque lo más significativo son las “enramadas”, que los mozos ponen en la puerta de sus pretendidas, y las mozas en las fuentes para indicar que allí ya ha sido tomada la “flor del agua” como elixir de amor.
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Hola, soy Mamá Oca, como sé mucho del agua y sus magias, el compadre Crispín me pide que colabore en su felicitación del solsticio, para ello os traigo algunos poemas del viejo romancero, sobre la “mañanica de san Juan”, que relatan los afanes de enamorados y enamoradas, así como los prodigios que entonces tienen lugar.
En el primero, es la aparición de un fabuloso barco, con un marinero que canta enigmática canción:
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¡Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
mañanica de San Juan !
Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
las jarcias de oro torzal,
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,
viene diciendo un cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar,
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
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En este otro, es la visión de una doncella que, cual xanas y anjanas, está junto a una fuente peinando sus cabellos con peine de oro.
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Yo me levantara, madre, - mañanica de San Juan,
vide estar una doncella - ribericas de la mar.
Sola lava y sola tuerce, - sola tiende en un rosal;
mientras los paños se enjugan - dice la niña un cantar:
- De los mis amores, - ¿dónde los iré a buscar ?
Mar abajo, mar arriba, - diciendo iba un cantar,
peine de oro en las sus manos - y sus cabellos peinar:
- Dígasme tú, el marinero, - que Dios te guarde de mal,
si los viste a mis amores, - si los viste allá pasar.
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El tercero es, claramente, la “cristianización” de los personajes de la religión antigua, mediante un personaje mitológico de la nueva religión: la Virgen María, que sustituye aquí a las consabidas xanas y donas d’aigua, en el otorgamiento de mágicos beneficios amorosos.
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Mañanita de San Juan,
cuando el árbol floreaba,
iba la Virgen María
por una fuente sagrada;
más hermosa que una estrella,
más que una estrella galana,
lavando sus pies y manos
y su pulidita cara;
con un libro en las sus manos
dio la bendición al agua.
Bien venida la doncella
que viniese aquí por agua;
que si del agua bebiese,
muy pronto será casada.
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Este otro, demuestra que tales celebraciones alcanzaban también fama entre los musulmanes de al-Andalus, quienes festejaban tal fecha con torneos donde se hacía, igualmente, exaltación del amor:
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La mañana de San Juan - al tiempo que alboreaba,
gran fiesta hacen los moros - por la vega de Granada.
Revolviendo sus caballos - y jugando con sus lanzas,
ricos pendones en ellas - bordados por sus amadas,
ricas marlotas vestidas - tejidas de oro y grana.
El moro que amores tiene - señales de ello mostraba,
y el que no tenía amores - allí no escaramuzaba.
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Finalmente, el que creemos más hermoso, declara el triunfo, casi “pagano”, del amor sobre la religión, pues la fuerza de la Madre Naturaleza es tan poderosa que todo lo trastoca, hasta lo más sagrado:
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Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas
bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca,
un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia
relumbrando como sol.
Las damas mueren de envidia,
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,
en el credo se perdió;
el abad que dice misa,
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan,
non aciertan responder, non,
por decir amén, amén,
decían amor, amor.
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Salud y fraternidad.

sábado 13 de junio de 2009

Sirenas del Finis Terrae Mundi...

Llegados a Santiago de Compostela y una vez cumplidos los ritos en la Catedral, el peregrino medieval que había realizado su andadura buscando algo más trascendente que la oración ante la “tumba” jacobea, tenía tres caminos a elegir, tres caminos de muerte... y regreso a la vida. Tres caminos que desembocaban en el céltico Mar de los Muertos, llamado en el medievo Mar Tenebroso, en tres enclaves con templo-cementerio, donde se celebraban rituales adscritos al ancestral simbolismo muerte-resurrección.
El primero conducía a Iria Flavia, actual Padrón, donde arribó la barca milagrosa con el cuerpo de Santiago. El segundo camino se dirigía a Noya, la antigua Noela, fundada por Noega, un nieta de Noé, cuando pasó por allí con su Arca tras el diluvio. El tercer y último camino llevaba hacia el Promontorium Celticum o Promontiruim Nerium, el Finisterre romano, lugar sagrado de los celtas, donde se veneraba el “tránsito” del Sol, cada atardecer, invocando su retorno.
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El Cabo Finisterre, el Finis Terrae Mundi, tan temido por romanos y celtas que pensaban se acababa allí la tierra, de los mortales, y más allá el Océano Tenebroso conducía a la Tierra de los Muertos, era la costa mas occidental conocida en la Antigüedad.
Frontera entre la realidad y las leyendas, este trozo de tierra era uno de los grandes mitos de los pueblos antiguos, al tiempo que engendrador de fantásticas consejas, pues el perfil rocoso del cabo, diluyéndose en la bruma, es capaz de empujarnos a todas las ensoñaciones y misterios.
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El Sol, fuente dispensadora de la vida, renace cada mañana por el Este, para morir en la tarde por el Oeste, sumergiéndose en el Mar de los Muertos. Se trata de un misterio cósmico, el mismo que hace siglos, el año 150 a.C., se produjo ante las legiones romanas de Decio Juno Bruto, que observaron asombradas el poniente “llenas de un religioso temor”. Ello impulso a los “piadosos” romanos, temerosos de todos los dioses posibles, a levantar diversas “Ara Solis” -altares al Sol-, junto al santuario celta, donde cada día era ofrecido el último sacrificio al Sol, en su ocaso, a fin de propiciar su vuelta al día siguiente.
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Junto al faro existe todavía una piedra, antiguo testigo mudo de los rituales al padre Sol, según cuenta el latino Lucio Floro, -ahora profanada por los símbolos mitológicos de la nueva religión-. Pero también se celebraban allí otros ritos, mucho más curiosos y significativos.
Dicen Plinio y Estrabón, que existían unas rocas planas en forma de lechos, en ellas yacían sexualmente las parejas que deseaban tener hijos, mientras los sacerdotes celtas celebraban desconocidos ritos de fecundidad aprovechando el paso de las ballenas, a las que se atribuían mágicas propiedades fecundantes. Según relata el peregrino Caumont, en 1417, se alzaba allí una ermita, dedicada a san Guillermo, relacionada todavía en esa fecha con dichos ritos, entonces cristianizados, la cual perduró hasta el s.XVIII.
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En la actualidad, todavía hay quien celebra allí ritos mágicos, ceremonias brujeriles, meditaciones, y quien evoca, al cabo de los siglos, la fertilidad del Océano Tenebroso en el seno femenino, mediante un singular graffiti. En la base de una antena de telecomunicaciones, se ha representado, en negra silueta, una mujer que toma por la cola una pequeña sirena. La figura, rememora en nosotros la sombra de aquella Virgen Negra, hoy perdida, Nuestra Señora de Finisterre, que fue venerada en este mismo lugar como “Señora de la Fertilidad”. Un lugar mágico, o al menos lleno de magia, que al contemplarlo nos tienta a creer que aquellas aguas conducen al Más Allá céltico, al reino donde duermen los espíritus que un día han de volver.
Y nos sentamos en sus rocas, ajenos al paso del tiempo, hechizados por su energía, en la esperanza de ver sus aguas surcadas por alguna sirena...
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Salud y fraternidad.

domingo 7 de junio de 2009

“San Pedro, como era calvo...”

Quintana del Marco (León) tiene a su lado una magnífica villa romana, del s.IV, en el pago de los Villares. O al menos, la tenía hasta el siglo pasado. Encontrada casualmente en 1899, algunos mosaicos fueron a los museos de León, Astorga y Madrid, en 1906, otros acabaron como encimera en una cocina local, en la pared del salón o el suelo del establo, los sepulcros hicieron buenos abrevaderos... etc. Lo que sobrevivió, in situ, acabó brutalmente destruido por la maquinaria agrícola de la concentración parcelaria. Y de los varios bustos encontrados, unos se vendieron, en casas de subastas madrileñas, otros “se extraviaron”. Salvo el de un personaje con antepasados hispanos, por parte de padre.
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Nos referimos, al busto de Marco Aurelio. Acabó empotrado en la espadaña de la iglesia de San Pedro y, para el pueblo llano, ejerce de san Pedro. Fue colocado allí, porque a quienes lo encontraron les recordaba la cara que su patrón tenía en la imagen del templo. Según nos relataron unos ancianos del lugar, el 16 de abril del 2000, la cosa, contada por sus abuelos, fue más o menos así:
Un día, mientras araban, dos labradores se toparon con el mismísimo san Pedro.
-¡Válgame Dios, mire aquí compadre, vea que tío ha sacado el arado!
-¡Oye, mírale la cara, éste es clavadito al santo apóstol de la iglesia nueva!
-¡Toma! Pues será un san Pedro de los antiguos, no cabe duda.
-Entonces, tráete unos cubos de agua para lavarlo y lo llevaremos a la iglesia.
Lo cargan al carro y, sin encomendarse a Dios ni al diablo, meten el busto en el templo, al pie del retablo del patrón y le colocan su ración de velas. Cuando llega el párroco se lo presentan, tan ufanos.
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-Padre, aquí le hemos traído este san Pedro tan hermoso, para el altar.
-¿Pero qué decís? ¿Cómo voy vais a meter ese busto pagano en la casa de Dios?
-¡Anda, con los remilgos que nos sale! ¿No ve que es clavadito al santo? ¡Con sus barbas, tan seriecito, tan bien plantao! ¡Un san Pedro bien antiguo!
-Pues yo digo que dentro de la iglesia no se queda, por muy antiguo que sea no es cristiano, ya lo estáis llevando para la calle y punto final.
-Bueno, pues si le da reparos, usted le echa el agua bendita, nos lo cristiana, y lo ponemos en la espadaña para que bendiga los campos, que falta les hace.
Después de mucho tira y afloja, el párroco, comprendiendo que la “fe del carbonero” no admite razonamientos, se rindió ante la cabezonería de sus feligreses.
-En fin, haced vuestro gusto y a las campanas con él, si queréis que sea santo lo haremos santo. No se cuando os temo más, si cuando os empeñáis en quemar santos o en crearlos.
Y allí sigue, encaramado en la espadaña, Marco Aurelio Antonino Augusto “el Sabio”, emperador romano del 161 al 180, figura representativa de la filosofía estoica de raíz bética con Séneca y Lucano. Tan estoico, que no ha protestado nunca por haber resultado rebajado, siquiera en efigie, de Emperador romano a simple papa. Porque rebaja es, ser confundido con un papa del que, a pesar de ser santo, se burlan hasta los niños en sus canciones de corro:
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“San Pedro, como era calvo,
le picaban los mosquitos,
y su padre le decía:
-Ponte el gorro, Periquito...”

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Salud y fraternidad.

sábado 30 de mayo de 2009

Casilla 19 “La posada”: Una mesa junto al Camino Jacobeo...

“Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo”
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Amanece en el páramo del Reino de León, el sol de primavera se alza sobre la espadaña de Villavante, entibia los campos, crece lenta su luz, como una dorada espiga, y los peregrinos ya están en camino, en el Camino. Dice el piadoso refrán: “a quien madruga, Dios le ayuda”, o en su versión para agnósticos: “al que madruga, y no al que Dios ayuda...”, el caso es aprovechar lo fresco de la mañana, ya vendrá luego el calor a castigar los pasos del caminante, a volverlos pesados como el plomo, a fatigar el empeño de su marcha.
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Al cabo, aunque todavía es de buena mañana, ya se apetece una paradita, solo un leve descanso, la ilusión de que así se toman fuerzas. A lo lejos, se divisa un rústico edificio. Fue molino, tuvo molinero y su molinera, las gentes del pueblo le confiaban su molienda. Pasaron los años y las épocas, alegrías y sinsabores. Luego ruina y olvido, nostalgia de la gente vieja. Y un día, milagrosa fecha, fue hecho de nuevo habitable hacienda: el "Molino Galochas".
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Los peregrinos llegan al canal que las muelas del molino abasteciera, ahora es apacible remanso, con sus chopos en la fresca ribera. Cómo se apetece hacer aquí ese alto, que antes se presintiera, la hora es favorable y la umbría amena, con su rumor de agua serena, su trinar de pájaros, con esa quietud donde parece que el tiempo se detuviera. El lugar y la ocasión convidan, ¿cómo resistirse a esta golosa pereza?
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¡Cómo no hacerlo, si hasta hay banco y mesa! Un rústico banco, elaborado con ancianas traviesas de la vía férrea. Una mesa, cuya tabla es una de aquellas longevas piedras de la molienda. Qué relajo para el espíritu, ese agua, la serena mañana, la rumorosa floresta. Y para el cuerpo, el recio banco, la espalda sobre un chopo, quizá algún refrigerio sacado de la alforja, sobre aquella oportuna mesa. Mesa y banco que pusieron, honrada caridad y gentileza, las buenas almas que han reconstruido el arruinado molino, como posada de aldea.
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Si alguna necesidad, o auxilio, ha menester el peregrino, puede acudir a posada tan pintoresca. No ha de salir defraudado, la amabilidad mora entre sus restauradas piedras. Aquí habitan la generosa amistad y la honradez sinceras, que aunque posada de pago, como toda posada buena, no faltan dentro de estos muros ni la solidaridad, ni el desinteresado deseo de ayudar a quien preciso le fuera.
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Y no se sorprenda el viajero, si antes de ver persona humana, que lo atienda, aparecen ante él dos traviesos “duendecillos”, Pelusa y Tormenta, curiosos, amigables, despreocupados gatos campesinos, ante los que el peregrino habrá de pagar el peaje de unas caricias zalameras, y que, si se tercia, lo han de acompañar luego un trecho del camino para hacerle la marcha más amena.
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Ya repuestos, fortalecido el cuerpo con las viandas que en el zurrón hubiera, y el espíritu ensanchado con la pausa amena, quizá con algo de charla del mesonero y la mesonera, los peregrinos se enfrentan de nuevo a la infinita senda. De nuevo al eterno Camino, el sol a la espalda, delante la sombra, delante las leguas, que han de llevarle a ese sueño, lejano, que se llama Compostela.
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“Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero”
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[Dedicado a Mercedes y Maxi, los “mesoneros” del viejo Molino Galochas].
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Salud y fraternidad.

domingo 24 de mayo de 2009

Dijo Sancho, con filosofía: -“¡Para dar y tener, seso es menester!”

San Martín de Tours parte su capa con el pobre. Nótese que aquí, el pobre, además de pobre, es cojo. Y es que, cuando el Dios de Israel se ceba en uno... [Templo de San Martín, Artaiz (Navarra), baranda del coro renacentista, s.XVI].
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En el capítulo LVIII del Quijote, Sancho utiliza burlescamente cierto refrán, para reírse, según era costumbre popular, de la “media caridad” de san Martín.
La escena relata como enseñan, al hidalgo, ciertas tallas de retablo, y cuando ve la de san Martín de Tours, don Quijote dice:
-“Este caballero también fue de los aventureros cristianos, y creo fue más liberal que valiente, como lo puedes echar de ver, Sancho, en que está partiendo la capa con el pobre y le da la mitad; y sin duda debía de ser entonces invierno, que, si no, él se la diera toda, según era de caritativo”.
-“No debió de ser eso -dijo Sancho-, sino que se debió de atener al refrán que dicen: que para dar y tener, seso es menester”.
Al pueblo llano, que no se le escapa una, siempre le ha parecido sospechosa esa “media caridad” de Martín de Tours (316-397). Cuando el joven era un soldado, sin bautizar, partió su capa para dar la mitad a un mendigo de Amiens, que luego resultó ser Dios-Hijo disfrazado. Y claro, la gente piensa: vamos a ver, si tanta compasión le infundía el “presunto” desheredado, ¿por qué le dio tan solo media capa? Por la cosa práctica no sería, puesto que, con media capa cada uno, mal se iban a remediar ambos, acabarían pasando frío los dos. Y si, lo que el futuro santo pretendía, era darnos ejemplo sobre lo correcto de compartir los bienes, alguien debería haberle aclarado que una cosa es “compartir” y otra bien distinta “partir”.
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El pobre, aunque barbudo impenitente, no siempre es cojo, parece no existir unanimidad sobre su minusvalía... [Catedral de Nuestra Señora, Cuenca, Capilla de San Martín, retablo plateresco por Giraldo de Flugo, s.XVI].
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Al cabo de los siglos, sigue siendo un misterio la “media caridad” de Martín. Después de todo, él era rico, podía permitirse una capa nueva. Estaba claro que, con esa “caridad”, el hombre iba a continuar siendo igual de pobre. Un pobre medio abrigado, además. Eso, sin contar las bromas que debieron gastar los graciosos de Amiens a costa del “presunto mendigo”:
-“Pues yo se de buena tinta, que no le han dado una capa entera porque tan solo es medio pobre...”
De otro lado, Martín tampoco hubo de salir bien parado del trance, unos lo tildarían de tacaño, y otros de bromista malintencionado:
-“Pues hay que ser rácano, dar sólo media capa, y de seguro se quedó el trozo más grande...”
-“Cosas de ricos desocupados, quiso divertirse embromando al pobre con el chasco de la media capa...”
Y menos mal que al “necesitado” no se le ocurrió quejarse por ir a pie, que si no el Martín es capaz de partir el caballo en dos y darle la mitad al menesteroso...
Aunque hay un dato que generalmente se desconoce, el cual diremos en descargo del santo. En el 371 fue elegido obispo de Tours, y durante su mandato se topó con otro mendigo en harapos, al que, esta vez si, entrego su capa entera y verdadera. Después de todo, lo de la media capa podía pasar por “pecadillo de juventud”, y ahora era ya un varón prudente cuyos actos se juzgaban con más severidad.
Pensamos si se diría para sus adentros, escarmentado como estaba de las “ocurrencias” divinas:
-“No vaya a tratarse otra vez del Dios-Hijo, que vuelve a probarme, y tengamos más que palabras...”
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Salud y fraternidad.

domingo 17 de mayo de 2009

“¡Pecados como piedras...!” o tal vez “¡Amor y pedagogía!”

Al caer de la tarde, un 5 de abril de 2009.
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En la cima del Monte Irago (1504 m.), al borde del Camino Jacobeo, en términos de Foncebadón (León), se alza un gran montículo de piedras coronado por un enorme poste de madera, de cinco metros, sobre el que hay una pequeña cruz de hierro que da nombre al lugar: “la Cruz de Ferro”. Aquí termina La Maragatería y principia El Bierzo.
En tiempos de la Antigua Religión, estos amontonamientos eran conocidos como “Monte de Mercurio”, divinidad protectora de los caminantes y viajeros, los cuales dejaban junto al altar del dios un guijarro, traído de su tierra, como ofrenda por la protección solicitada. Aunque Mercurio era un dios romano, en su persona se sincretizó una divinidad celta representada con tres rostros, pues vigilaba todas la encrucijadas. Se suponía que los manes, espíritus de los difuntos, vagaban reclamando otros espíritus, como compañía. Para evitar perder su alma, los caminantes ofrendaban una piedra, porque estas, como todo lo existente, tenían espíritu, y así contentaban a los manes errantes.
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La Edad Media volvió a sincretizar estos montículos, bajo el nombre de Monxoi, Manjoya, Monsgaudi, etc., o sea “Monte del Gozo”, que indicaba a los peregrinos que habían coronado con éxito un dificultoso paso de montaña y que, allí, estaban a salvo de las almas errantes como “La Santa Compaña”, “Güestia” o “Estantigua”. Este Monxoi jacobeo fue “santificado” por el abad Gaucelmo, de la Hospedería de Foncebadón, en el s.XI, al colocar la primitiva “Cruz de Ferro” en las lindes de lo que entonces era Galicia. La costumbre de amontonar guijarros persistía, y los caminantes: buhoneros, segadores, peregrinos o arrieros, continuaban trayendo una piedra, recogida en su lugar de origen, para dejarla como ofrenda penitencial en el Monxoi. Existían en diversos lugares, algunos de los cuales todavía conserva el topónimo, aunque hayan perdido su montículo.
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En la actualidad, las “ofrendas” se han sofisticado. Cada peregrino, y recordemos que los motivos de cada quien para hacer el Camino son polifacéticos, deja al pie de la cruz una piedra escrita con los mensajes más variopintos, o un pequeño objeto que, para ellos, tienen un significado simbólico personal e intransferible, aunque a un observador ajeno le resulte absurdo.
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Pero, en esencia, el concepto ritual sigue siendo el mismo que en tiempos celtíberos, ofrendar algo personal, íntimo, volcar el alma, tanto si es por sentido positivo como negativo, para librarla de lo intangible y sus peligros.
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El sentido “penitencial”, del acto de arrojar una piedra al montón, afirma que mientras más grande sea la piedra, más pecados o más graves son las faltas perdonadas, a condición que la piedra sea traída del lugar de origen del penitente. No vale hacer trampa, y tomar una gran piedra de los alrededores para depositarla allí.
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Al hilo de esta costumbre, hace poco escuchamos allí la siguiente conversación, sobre el montículo de la Cruz de Ferro, entre un abuelo y su nieto:
-Abuelo, ¿puedo poner piedras aquí arriba?
-Niño, no pongas piedras ahí, que las piedras representan los pecados, y tu no tienes pecados porque eres muy pequeño.
-¿Y esas piedras tan grandes?
-Las piedras más grandes, de este lugar, son de los más grandes asesinos que hay en el mundo: Aznar y Zapatero.
Ni que decir tiene, que nos quedamos “petrificados”. ¡Toma teología-política, popular, pedagógicamente adaptada para niños! Puede que ambos personajes merezcan serios reproches, por una u otra de sus actuaciones políticas, no lo dudamos, pero de ahí a calificarlos, ante un niño, y en semejante lugar, como “los más grandes asesinos que hay en el mundo”... En fin, quede ello para ejercicio de buenos juicios.
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Para olvidar esta exagerada explicación, cuando menos inapropiada, vayan estas tres nostálgicas imágenes del Monxoi y su Cruz de Ferro, en el transcurso de veinte años, durante los cuales el mástil de madera fue sustituido para reparar los estragos del tiempo.
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Un soleado mediodía, del 3 de agosto de 1981.
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Presintiendo la cercana tormenta, el 13 de abril de 1990.
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En medio de la bruma y la nevisca un 16 de abril de 2000.
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Salud y fraternidad.

viernes 15 de mayo de 2009

“Dar Crispín por liebre...”

He visto que por “La Internés” circula una receta apócrifa, para cocinar nada menos que “Crispín al pil-pil”, e ilustrada con fotos robadas y sacadas de contexto. Desde aquí, quiero dejar constancia de que dicho guiso no existe y su receta es un timo, para abusar de la buena fe gastronómica de los incautos. Así que, en beneficio de su salud y la de los Crispines, no intenten llevarla a cabo.
Todo es obra del mago Frestón, mi grande enemigo, que no pierde ocasión de fastidiar porque me sabe muy amigo del noble don Quijote de la Mancha, ese espejo de andantes caballeros, al que el maléfico nigromante no puede ver ni en pintura. El infundio, propalado desde segovianas covachuelas, por los seguidores del indigno mago, unos pérfidos sayones butifarrescos oriundos de la Marca Carolingia, es como sigue:
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Receta surrealista para preparar “Crispín al pil-pil”.
Tómese un gato llamado Crispín, de tamaño terciado, preferentemente casero y manso, el color es optativo e “insimismovil”, si el bicho está dormido mejor, porque si se percata de la jugada van ustedes listos.
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Póngase a remojo total o parcial, lo que el bicho consienta, o en su defecto cinco minutos en baño de asiento. Quizá deba engañarlo, para efectuar esta fase del guiso, porque es sabida su aversión al agua. Lo mejor es cantarle aquello de:
“Cinco gatitos, tuvo la gata.
Cinco gatitos, vaya una lata...”
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Si ha conseguido remojarlo, séquelo bien antes de que se mosquee más y saque las uñas, sitúelo sobre la placa vitrocerámica, imprescindiblemente de inducción si no quiere cometer un gaticidio prematuro.
Espere que el bicho pise la tecla adecuada, a ser posible a fuego medio, lo cual no servirá para nada, porque como el Crispín no es de metal la placa de inducción parpadeará sin emitir calor. Eso conlleva una ventaja, le evitará soportar el olor de los pelos chamuscados, bastante repelente por cierto.

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Coloque al lado un recipiente con sal, pero no se la añada por encima que eso podría enfurecerlo, con las funestas consecuencias que es de suponer.
Mientras espera, y ya puede esperar sentado, prepare la salsa pil-pil, a base de sumar pil y pil: "Mezclado, no agitado", que diría 007. Queda más gustosa, si el pil y el pil son de temporada y no en conserva.
Alimente al bicho con la dicha salsa, porque si se la echa por encima luego a ver quien lo lava. Si se resiste a tomar el pil-pil, que es lo más seguro, deberá abandonar el guiso y llamar a un Telepizza. Su estómago y su Crispín se lo agradecerán.
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No se dejen engañar vuesas mercedes, por estos cantos de sirena, el Crispín, como mejor se saborea no es al “pil-pil”, sino acostado en nuestro regazo, ronroneando mientras le pasamos la mano suavemente por el lomo.
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Salud y fraternidad.

viernes 17 de abril de 2009

¿“Matar judíos” en León?

Si, hace poco, nos sonreíamos con las curiosas contradicciones que la “Semana Santa” producía entre los celtíberos andalusíes, ahora nos asombraremos con una peculiaridad que dicha fiesta religiosa posee entre los “cristianos viejos” del celtíbero Reino de León. Nos contaban, unos autóctonos, la siguiente anécdota sucedida hace años a una pariente, cuando era niña de corta edad.
Se prepara la familia para salir de paseo, y entre los adultos se conversa más o menos así:
-Primero, vamos a tal y tal sitio.
-Vale, ¿y luego?
-Hombre, luego vamos a “matar judíos”.
Y la niña pequeña, que no sabía si había oído bien, pregunta amoscada.
-¿A dónde vamos...?
-A pasear y “matar judíos”, hijita.
Luego de pensarlo, un momento, con esa naturalidad infantil que acepta los disparates más grandes con total naturalidad, la niña apostilló.
-Bueno, pero el mío que sea pequeñín.
Carcajada general y turbación de la pequeña, que no entendía por qué los adultos se reían de su lógica aplastante. ¿No era normal que el suyo fuera “pequeñín”? ¿Cómo iba ella a poder matar nada de un tamaño superior o igual al suyo?
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La explicación a este despropósito, “políticamente incorrecto”, es que en la zona de León llaman “salir a matar judíos”, a la muy sana costumbre de “ir a limonadas” por los bares, durante la “Semana Santa”. Entendiendo por “limonada”, lo que en otros lugares de Celtiberia llaman “sangría”.
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El origen de esta costumbre, que hoy está exenta de connotaciones xenófobas, es incierto. Hay quien dice que es una forma de “venganza incruenta”, que por la ejecución de su Dios se tomaban los seguidores de la nueva religión, y en la que cada vaso de limonada tomado, simbolizaba la muerte de un judío.
Otra versión, afirma que durante las sangrientas luchas entre las comunidades judías leonesas de Santa Ana, Puente Castro y San Martín, algunos “cristianos viejos” tomaron partido por determinado bando, y tras “animarse” con generosas dosis de vino salieron a participar en la degollina “interracial”.
Una tercera y feroz opinión, pontifica que tras el Edicto de los Reyes Católicos (1492) y el Decreto de Felipe III (1609), no quedaron judíos en Celtiberia a los que eliminar o expulsar, por lo que, para “matar el gusanillo”, se inventó lo de la limonada como sustituto de tan feroces intenciones.
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Hay, sin embargo, una explicación más lógica y menos frecuente. La de que “matar judíos”, bajo la forma de libar generosamente limonada o sangría, es tan solo un pretexto barroco, inventado para saltarse a la torera la “abstinencia pascual”. Ello se deduce de una cuarta opinión para este fenómeno, la de quienes afirman que al “estropear el vino”, de esta manera, se hace penitencia imitando el vinagre que los romanos dieron a beber a su dios en la cruz. Es una bonita forma de “hacer virtud de la necesidad”, o como dijo aquel “La hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”. Porque juzguen en que consiste la “gran penitencia” de “estropear” el vino: Se toman 5 litros de vino, 1 de agua, 1 kilo de azúcar, un kilo de limones y dos ramas de canela; a los que, al gusto, se añaden, higos, naranjas y un “toque” de orujo; se pone todo en una tinaja de barro, y se deja en reposo una semana. El resultado es un líquido, que duda cabe, “completamente penitencial”...
Desde luego, aunque no seamos violentos, ni seguidores de la nueva religión, a esa “penitencia” y a esa “matanza” suya, nos apuntamos de muy buen grado.
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Salud y fraternidad.

miércoles 1 de abril de 2009

Al-Andalus: "La Pasión según el pueblo".

Las celebraciones religiosas de Semana Santa son algo variopinto, en cada región tienen un sello especial, un carácter particular, que las hace atractivas y, a veces, enigmáticas. Pero el sur... el sur es otra cosa.
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En Egipto, sin ir más lejos, son festejos excepcionalmente singulares. Desde luego, ignorábamos que en Egipto se celebrase la Semana Santa, al menos hasta que un vistoso cartel, en cierta agencia de viajes cordobesa, nos descubrió este hecho.
Lo que nos inquieta, es la salud de los “costaleros” egipcios que lleven aquellos “pasos”. ¿Cómo les quedarán los riñones y la columna, tras levantar esas imágenes de la foto? Eso es penitencia, y no la de los “pasos” con ruedas y motor añadido.
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Pero dejemos la “exótica Semana Santa egipcia” y regresemos hasta al-Andalus, que también tiene su dosis de “exotismo local”.
Al recorrer las calles de Córdoba, podemos percibir mensajes confusos. De repente, nos topamos con un gran portalón sobre el que reza: “Entrada triunfal”. Al pronto, creímos que se trataba de una exageración del lenguaje, esa que el tópico atribuye a los andalusíes de pura cepa.
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Por suerte, al lado del portón, otro letrero aclaraba el enigma: “Hermandad Entrada Triunfal”. Se trata del local, sede de una hermandad de Semana Santa, que porta nombre tan rimbombante, y no de un particular acostumbrado a entrar en su cochera cual emperador romano a bordo de cuadriga.
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El fervor popular, en sentido amplio, que las gentes del sur tienen, a la hora de expresar su “original” sentido de la fe, hace que nos topemos con extrañas señales de tráfico, como aquella que reza: “Prohibido, detenerse y estacionar, Miércoles y Sábado de Cuaresma. Por ensayos cofradía”. Lo cual queda claro, para los autóctonos, creyentes o no. Pero, ¿los extranjeros y nacionales, de otras creencias, sabrán a que fecha se refiere esta prohibición?
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La “exuberancia” expresiva y la austera economía del lenguaje, que caracteriza a los andalusíes contemporáneos, produce a veces abstrusas manifestaciones. Es el caso de este letrero, que sobre una portada indica: “Hermandad Borriquita”, dándose el caso de que haya quienes, ajenos a las tradiciones locales, duden sobre el significado del texto. ¿Se refiere a la escasa capacidad intelectual de la Hermandad? Por supuesto que no, simplemente se han “comido” preposición y artículo donde debería decir “Hermandad de la Borriquita”.
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Entre los tópicos de estas fechas, se encuentra aquel que trata sobre las “guerras”, “disensiones” y “disputas”, entre Hermandades y Cofradías. Algo quizá más frecuente en el pasado, y hoy con algún caso puntual. Pero también, de forma más habitual, se dan casos de fraternidad, como la que anuncia con agradecimiento esta cerámica, referido a una tormenta. Aunque, los no avisados, podrían objetar que es absurdo agradecer algo así, puesto que según las normas de la nueva religión eso sería lo normal, y agradecer algo normal es, cuando menos, redundancia...
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Para el final, hemos dejado este aviso, encontrado en la puerta de una Hermandad, el cual podemos subtitular como algunos chistes antiguos: “Sin palabras”. O como diría un intelectual del Siglo de Oro: “¡Quede esto, para ejercicio de buenos juicios...!”
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Entiéndase todo lo dicho, cum grano salis, pero siempre con el respeto que las creencias ajenas, aunque no las compartamos, se merecen.
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Salud y fraternidad.

viernes 27 de marzo de 2009

¡Feliz Equinoccio de Primavera!

Disculpen sus mercedes que llegue tarde, es que no bien acabo de despertar de mi letargo invernal y ya me ataca la astenia primaveral. ¡Si hasta me noto “borroso”! ¡Uy, perdón por el felino bostezo, un poco más y desencajo la mandíbula!
Bueno, lo dicho, que el equinoccio primaveral les vaya de maravilla a todos. Pido a la Madre Tierra, que las alergias a gramíneas o similares les sean leves, y que la vida que ahora germina sea un reflejo del germinar espiritual e intelectual de vuesas humanas personas.
Les recuerdo que los célticos germanos, festejaban por tales fechas a la Diosa Eostre, el renacer primaveral, que simbolizaban pintando huevos de vivos colores, pues sumaban así, el colorido de la explosión floral, a la vida dormida que contenía el huevo y pronto se haría realidad.
¿Y ahora que caigo, en la actualidad no es, por estas fechas, cuando se hacen dulces sobre los que se colocan huevos cocidos; y también huevos de chocolate, rellenos de sorpresas?
Su felino y seguro servidor, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide, se acurrucará otro ratito, que esto de felicitar cansa mucho.

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¿Serían tan amables, de guardarme un orondo y sabroso huevo de Mamá Oca, para cuando despierte...? Mmmiiiaaarrraaamamiauu...
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Salud y fraternidad.

jueves 26 de marzo de 2009

“El que no es agradecido, no es bien nacido...”

Texto encontrado en un panel sobre la restauración del precioso templo, tardo-románico, de San Lorenzo, en Córdoba:
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“Gracias a esa mujer llamada Mustak, por dedicarle una mezquita a su hijo Al-Muquira, convirtiéndose desde entonces este sitio en lugar sagrado.
Gracias a Gafarben Abderraman, su director de obras.
Gracias al Rey Don Fernando III, por mandar edificar sobre dicha mezquita esta Iglesia de San Lorenzo.
Gracias a todos los canteros castellanos y alarifes musulmanes que la llevaron a buen término.
Gracias a Hernán Ruiz II por regalarnos su magnífica torre campanario tras el derrumbe de la primitiva.
Gracias a Melchor Fernández Moreno, Francisco Hurtado Izquierdo y a Juan del Río por el espléndido retablo mayor, y a otros tantos artistas anónimos.
Gracias a todos los Párrocos, Sacristanes y feligreses por su cariño hacia este templo.
Gracias, especialmente a “El Maño” por casi toda una vida dedicada a su cuidado.
Gracias a la Consejería de Cultura y al Obispado de Córdoba por ponerse de acuerdo en su restauración.
Gracias a todos aquellos que han intervenido, en mayor o menor medida, en estas últimas obras: Constructoras, técnicos, especialistas, operarios, etc.
Gracias a los cernícalos, por NO elegir esta iglesia como su segunda residencia, sin cuya colaboración habríamos tardado “algo más” en terminar las obras.
Gracias, en definitiva, a Dios por haber permitido que esta joya de edificio haya llegado hasta nosotros luchando contra el Tiempo, la Naturaleza y, en ocasiones, contra el Hombre.
Gracias a todos”
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Un texto de espíritu tan abierto es muy de agradecer, teniendo en cuenta los tiempos de corren de intransigencia e integrismo. Aunque un punto notamos a faltar, y vamos a incluirlo de nuestra cosecha:
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“Gracias a quienes, al menos de momento, permiten hacer fotos en el interior de este magnífico templo, ojalá su ejemplo cunda en los demás templos cordobeses”.
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Salud y fraternidad.

domingo 15 de marzo de 2009

“En Sajazarra... Nada es verdad, ni es mentira”.

Sajazarra es una acogedora población de La Rioja, que ha conservado su aire antiguo sin por ello dejar de vivir en el presente. Al pasear por sus calles, aparte del encanto medieval, podemos encontrarnos con más de una sorpresa. Entrando en una plazuela, al doblar una esquina, o saliendo de cualquier callejón, el surrealismo puede saltarnos a los ojos y hacernos ver visiones.
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¿Por qué se empeñan esas dos vecinas, o son vecinos, o amigos, o enamorados, en estrechar sus manos desde ambos lados de la diminuta calleja? ¿Es real, esta visión, o es producto de los caldos de la tierra, catados en la Bodega del Castillo? ¡Nuestra razón se nubla, alucinamos, allí no hay ventanas! ¡Los brazos surgen de los muros de piedra!
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Sin embargo, al salir a la luz de la plaza y volver la vista, descubrimos que la fantasmagórica visión es tan sólo una “broma visual”. Respiramos, aliviados, al comprobar que no habíamos sido víctimas de una aparición fantasmal. Y más, cuando nos informan los amables vecinos que, cada verano, se celebra en esta localidad un Festival de Música Antigua y unos Encuentros de Arte Moderno.
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Muestra de tales sucedidos culturales, que dan vitalidad al lugar, son esas insólitas figuras que nos acechan en cada rincón, como las citadas manos. O este impresionante dragón que, literalmente, hecha humo por las fauces, porque sirve de chimenea a una calefacción.
En resumen, un pueblo agradable, divertido y curioso, digno de visitarse en cualquier época del año, pero sobre todo en verano.
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Salud y fraternidad.

miércoles 4 de marzo de 2009

Refranero “marzero”, desde mi brasero.

“En marzo la veleta ni dos horas está quieta”.
“Marzo varía siete veces al día”.
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No tiene marzo mejor prensa que febrero, en esto del clima. Cierto que algunos árboles florecen y brotan en otros las primeras hojas, pero la primavera es todavía una ensoñación, un duermevela. Se presiente, se oyen sus pasos, pero antes de llegar todavía ha de combatir con el invierno que se retira. Y suerte tendremos si una heladada intempestiva no arruina la precoz floración.
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“Marzo trae las hojas y noviembre las despoja”.
“Cuando marzo mayea, mayo marcea”.
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Porque hay árboles que parecen haberse vuelto locos, en medio del clima cambiante y extremoso se tornan excesivos, florecen como a lo loco, desbordan energía por todas sus yemas. Parece que tienen prisa, no quieren ser los últimos o los menos generosos. Aunque, esta superabundancia, puede que tan solo responda a esa técnica tan querida por la Naturaleza: el derroche. Mientras más embriones se produzcan, más posibilidades hay de que alguno prospere.
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“De marzo no te fíes que es traidor, tan pronto frío como calor”.
“Marzo que empieza bochornoso, pronto se vuelve granizoso”.

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La contienda entre ambas estaciones todavía será larga, complicada, de resultados inciertos para los dos bandos. Tan pronto parece que va a triunfar lo cálido, cuando una arremetida del frío nos devuelve a la cruda realidad. Así que es necesario actuar como los avisados campesinos, cortar leña y atizar la chimenea, pues las noches pueden ser especialmente duras.
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Nuestros celtibéricos compadres catalanes, parecen sentir un recelo especial por el mes de marzo y lo reflejan en este refrán tremendista: “Març marçot, mata a la vella a la vora del foc... i a la jove si pot”. (En román paladino, literal: Marzo marcero, mata a la vieja al lado del fuego... y a la joven si puede).
¡En nombre de la Diosa bendita, esperemos que sólo sea un refrán de tiempos pasados...!
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Salud y fraternidad.

jueves 26 de febrero de 2009

¡Cantad y bailad! ¡Perséfone ha vuelto!

Gea, diosa por excelencia de la Tierra, la del amplio seno, es la Madre y Nodriza Universal, la tumba y la cuna de los seres vivientes. Ella produce todas las cosas, animales, plantas, humanos; todo lo nutre, lo hace prosperar, y todo vuelve a ella.
Cuando personifica la fuerza reproductora, de la tierra cultivada, aquella por cuya voluntad el suelo fructifica, se manifiesta como Deméter –cuyo nombre significa Madre Tierra-. Las tradiciones de su culto, se relacionan con la fertilidad y con el trabajo encaminado a obtener de ella los alimentos, no en vano se le atribuye el invento del arado.
Hija de Zeus y Deméter, es Perséfone, que representa la naturaleza renacida cada primavera, tras la desolación invernal; pero es, también, la esposa de Hades, dios del mundo de ultratumba, el Averno, y como tal Señora de la Inmortalidad del alma, de su eterno retorno.
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La esencia del culto se centra en el carácter cíclico de la Naturaleza, simbolizado en la siguiente tradición. Zeus prometió, a su hermano Hades, la mano de Perséfone. Pero el pretendiente, cansado de esperar, raptó a la joven y la condujo a su reino subterráneo. Deméter, airada al saber que Zeus consentía aquello, dejó el Olimpo. Este abandono de su puesto celeste provocó la aridez del suelo que, privado de su mirada protectora, cesó de producir mieses y frutos. En vano le rogó Zeus, pues ella se negaba a regresar si no le era devuelta su hija. Al fin, Zeus cedió y mandó recado para que Hades restituyese a la joven, sin embargo ello no era posible, pues durante su estancia en el Averno, Perséfone había comido una granada, el fruto del amor, y se había convertido en la esposa de Hades. Hubo que habilitar una solución de compromiso, Perséfone viviría tres meses con su esposo, durante los cuales la tierra permanecería yerma, latente, y otros nueve con su madre, que serían de fertilidad y cosechas.
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Al comenzar la primavera Perséfone vuelve, Deméter resplandece de gozo y derrama la fertilidad sobre la tierra, que en verano se manifiesta en abundantes frutos y cosechas; al llegar el otoño, la joven regresa al Averno, y la tristeza de su madre produce el adormecimiento paulatino de la fertilidad.
En honor a Deméter y Perséfone se celebraban las Fiestas Eleusinas y los Misterios de Eleusis. Las Pequeñas Eleusinas tenían lugar a mediados de febrero, como preludio a la primavera; las Grandes Eleusinas eran a mediados de septiembre, cuando se presentía el otoño. Se hacían procesiones, con antorchas, y ofrendas de frutos. Los fieles danzaban, bebían, cantaban, comían y se daban baños purificadores. De los “Misterios”, nada podemos decir, a los iniciados les está prohibido hablar de ellos...
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Salud y fraternidad.

miércoles 25 de febrero de 2009

“Entierro de la Sardina” ¡Justicia poética...!

El Miércoles de Ceniza, es para mí un día irritante, muy irritante. Los humanos celebran el “Entierro de la Sardina”, entierro simbólico, claro, pero uno, gato al fin y al cabo, no puede dejar de sentir nostalgia. ¡Tanta sardina paseada a hombros! ¡El hocico se me hace agua!
Porque, aunque sean sardinas de cartón piedra y papel, servidor no puede dejar de soñar como sería hincarle el colmillo a una, de verdad, de carne y raspa, de ese tamaño...
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[Entierro de la Sardina, Buzanada de Arona (Tenerife), 6 de marzo de 1984].
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En fin, dejemos los sueños y reflexionemos. Quizá, vuesas mercedes, no se hayan parado nunca a considerar el significado profundo, el más íntimo y esotérico, del “Entierro de la Sardina”. Dicho entierro, que en realidad se resuelve mayoritariamente en incineración, tiene su explicación aparente, superficial, o “exotérica”, en el hecho de que los seguidores de Don Carnal, al terminarse el Carnaval y ver aproximarse las “estrecheces” gastronómicas de la Cuaresma, como “venganza” por verse obligados a comer, de ahí en adelante, tan sólo pescado, queman la sardina en efigie como algo jocoso.
.[Idem anterior].
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Lo que de oculto o “esotérico” tiene, este exorcismo popular, es bastante herético. Es tan simple que a nadie se le había ocurrido, hasta que un humilde felino como yo lo ha pensado.
Los “fieles” de Don Carnal, que deben pasar obligatoriamente al servicio de Doña Cuaresma y sus ayunos, lo que nos demuestran con tal acto, es que lo hacen cual “conversos”. Es decir, “a la fuerza ahorcan”. O sea, como si declarasen: “dejamos los jolgorios, dejamos la carne, pero es contra nuestra voluntad, porque nos obligan. No ejecutamos este precepto de buena voluntad, sino por miedo a ese Dios vengativo, a sus no menos vengativos ministros y a sus temidos sayones. Vamos a comer solo pescado, pero sabed que odiamos esta costumbre impuesta por la fuerza. Por eso, enterramos la sardina, la quemamos, ante vuestras santas e inquisitoriales narices”.

Y es que la fe, por obligación, es coacción, no devoción.

Lo dicho. ¡Quemar la "Sardina" es pura justicia poética!
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Salud y fraternidad.

lunes 23 de febrero de 2009

“En el buen sentido de la palabra, bueno...”

El hecho de la casual coincidencia de fechas, con el jocoso Carnaval, no debe hacernos olvidar que un hombre bueno murió, en el exilio, hace 70 años. Un hombre del que, en estos días de máscaras, bien estará saber que nunca usó otra, quizá, que la de la poesía, y no por engaño sino por pudorosa timidez.
No tuvo que exiliarse por haber apoyado el extremismo, la violencia, la anarquía, el fanatismo o la guerra. Ni por desprecio o despego, hacia el terruño en que creció.
No, tuvo que dejar su tierra por haber apoyado a un gobierno, imperfecto como todos, pero democráticamente constituido; por creer en la libertad, del ser humano, para elegir el ideario que le viniera en gana, sin compromisos dogmáticos; por pensar que la fe es algo íntimo, libremente asumido, y no una obligación colectiva, impuesta por la fuerza; por creer en la diversidad de ideas, sin verdades absolutas; por pensar que la humanidad podía progresar, intelectual y materialmente, mediante la cultura y el conocimiento.
No, no tuvo que dejar su tierra por asesino y maleante, sino por haber sido honesto y consecuente con sus ideales y sueños. Tuvo que morir, exiliado, enfermo y perseguido, por haber soñado que Caín y Abel, hermanos después de todo, podían llegar a convivir en paz.
Cuando recogieron su cuerpo, en el bolsillo del traje, los amigos encontraron un papel con el último verso escrito por el poeta, porque era poeta:
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Estos días azules y este sol de la infancia...”
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Ese hombre bueno, ese poeta, ese soñador de futuros mejores, se llamaba Antonio Machado. Murió en Collioure (Francia), un mediterráneo pueblecito al otro lado de la frontera, el 22 de febrero de 1939. Hace setenta años, hace una eternidad. ¿O acaso, tan sólo un instante...?
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Sobre su humilde tumba, si no temiésemos profanar la modestia que lo caracterizaba, podrían figurar sin rubor sus propias estrofas:
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“Hay en mis versos gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”.

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“Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar”.Tamaño de fuente
(Retrato, Campos de Castilla, 1912).
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Salud y fraternidad.