viernes 3 de julio de 2009

¿Canecillos, o canes románicos?

Siempre habíamos creído que los "canes" o "canecillos", medievales, eran otra cosa. Seres de piedra, que poblaban los aleros de templos, catedrales y ermitas. Pero la realidad, es que hay otros "canes", de carne y hueso, que pululan por los edificios románicos. Hijos de la Diosa madre, a quienes se impide la entrada en los recintos sagrados, porque tenemos el absurdo concepto de que son inferiores a nosotros en la escala evolutiva. Craso error, ellos van un paso por delante, actúan según su carácter, su instinto natural, están libres de la cruel servidumbre del libre albedrío... y de la sadomasoquista veneración de ninguna divinidad.
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Aunque, después de todo, eso, a ellos les trae al fresco. Tienen una ventaja sobre los seres humanos, están ausentes del "pecado" que la mitología cristiana atribuye al común de los mortales humanos. Viven en una especie de "Paraíso diferido", siguen la Ley Natural de sus instintos y no deberán dar cuenta a ninguna divinidad por sus actos.
Y lo que es mejor, la mitología de la nueva religión, les tiene prometido un "Paraíso renovado", donde todos ellos volverán a ser pacíficos amigos y ya no tendrán necesidad de devorarse para subsistir.
Idílico, bucólico y pastoril Edén del futuro, por el que los animales no pelean, torturan, o matan para convencer a sus congéneres de la "presunta" realidad del mismo. Ellos si que viven según el mítico precepto del: "Baste a cada día su propio afán..."
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Salud y fraternidad.

viernes 26 de junio de 2009

Mañanica de san Juan...

¡Feliz solsticio de verano! Les traigo mis mejores deseos felinos para este nuevo ciclo cósmico, deseos tardíos, pero ciertos, que este año serán originales por diferentes.
La “noche de san Juan”, puente entre el 23 y 24 de junio, es tiempo mágico en el que los rituales del fuego celebran la victoria de la luz sobre las tinieblas. Pero no menos importante es el amanecer del día 24, la “mañana de san Juan”, culminación de esas horas mágicas y de toda la energía desatada en su transcurso.
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En estas prodigiosas amanecidas, “las mañanicas de san Juan”, acontecen toda clase de maravillas, relacionados con el mundo natural y sus espíritus de la vegetación y las aguas. Pero sólo tienen lugar durante breves instantes, entre el momento en que aparecen las primeras luces y aquel en que caen sobre la tierra los primeros rayos de sol.
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Los serpentones y cuélebres tienen mermados sus poderes mágicos, entonces pueden ser vencidos con las ascuas de las hogueras nocturnas. Las xanas, anjanas y donas d’aigua, se sientan al borde de fuentes o lagunas, mientas desenredan sus cabelleras con peines de oro, en espera del valiente que se atreva a desentrañar su encantamiento. Otras, juegan a los bolos con piezas de oro puro; varias, hilan hebras de oro fino en sus ruecas de igual metal; y algunas se presentan como gallinas, con sus pollitos, todos de oro, buscando gusanitos entre las hierbas. Solo las almas puras pueden ver tales encantos y, acaso, obtener de ellas algún favor.
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En la “mañanica de san Juan” las corrientes de arroyos y manantiales se vuelven benéficas, por ello son numerosas las gentes que se bañan, a esa hora encantada, en sus aguas mágicas, en busca de curación para algunos males, aunque otras lo hacen simplemente para evitar enfermar durante el año.
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También es curativo el rocío que la mañanica ha depositado sobre las hierbas, especialmente los tréboles, algunas personas se revuelcan desnudas sobre este líquido en la esperanza de mejorar la salud de su piel, otras lo recogen y guardan para emplearlo, cuando sea menester, mezclado con vino o zumos.
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Pero el valor más buscado, en la “mañanica de san Juan”, es el amor. Se supone que, tanto el agua como determinadas plantas, se impregnan de la energía telúrica liberada esa noche. Así, las mozas van a buscar la flor del agua, aquella que recibe la primera luz del alba, en las fuentes, excelente para deshacer encantamientos y encontrar un buen novio dispuesto a casarse ese año.
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Diversas plantas son recogidas y colgadas en las casas, para defenderse de los rayos o tormentas, atraer novio, preservar matrimonios, guardar al ganado del mal de ojo. Aunque lo más significativo son las “enramadas”, que los mozos ponen en la puerta de sus pretendidas, y las mozas en las fuentes para indicar que allí ya ha sido tomada la “flor del agua” como elixir de amor.
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Hola, soy Mamá Oca, como sé mucho del agua y sus magias, el compadre Crispín me pide que colabore en su felicitación del solsticio, para ello os traigo algunos poemas del viejo romancero, sobre la “mañanica de san Juan”, que relatan los afanes de enamorados y enamoradas, así como los prodigios que entonces tienen lugar.
En el primero, es la aparición de un fabuloso barco, con un marinero que canta enigmática canción:
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¡Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
mañanica de San Juan !
Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
las jarcias de oro torzal,
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,
viene diciendo un cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar,
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
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En este otro, es la visión de una doncella que, cual xanas y anjanas, está junto a una fuente peinando sus cabellos con peine de oro.
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Yo me levantara, madre, - mañanica de San Juan,
vide estar una doncella - ribericas de la mar.
Sola lava y sola tuerce, - sola tiende en un rosal;
mientras los paños se enjugan - dice la niña un cantar:
- De los mis amores, - ¿dónde los iré a buscar ?
Mar abajo, mar arriba, - diciendo iba un cantar,
peine de oro en las sus manos - y sus cabellos peinar:
- Dígasme tú, el marinero, - que Dios te guarde de mal,
si los viste a mis amores, - si los viste allá pasar.
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El tercero es, claramente, la “cristianización” de los personajes de la religión antigua, mediante un personaje mitológico de la nueva religión: la Virgen María, que sustituye aquí a las consabidas xanas y donas d’aigua, en el otorgamiento de mágicos beneficios amorosos.
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Mañanita de San Juan,
cuando el árbol floreaba,
iba la Virgen María
por una fuente sagrada;
más hermosa que una estrella,
más que una estrella galana,
lavando sus pies y manos
y su pulidita cara;
con un libro en las sus manos
dio la bendición al agua.
Bien venida la doncella
que viniese aquí por agua;
que si del agua bebiese,
muy pronto será casada.
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Este otro, demuestra que tales celebraciones alcanzaban también fama entre los musulmanes de al-Andalus, quienes festejaban tal fecha con torneos donde se hacía, igualmente, exaltación del amor:
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La mañana de San Juan - al tiempo que alboreaba,
gran fiesta hacen los moros - por la vega de Granada.
Revolviendo sus caballos - y jugando con sus lanzas,
ricos pendones en ellas - bordados por sus amadas,
ricas marlotas vestidas - tejidas de oro y grana.
El moro que amores tiene - señales de ello mostraba,
y el que no tenía amores - allí no escaramuzaba.
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Finalmente, el que creemos más hermoso, declara el triunfo, casi “pagano”, del amor sobre la religión, pues la fuerza de la Madre Naturaleza es tan poderosa que todo lo trastoca, hasta lo más sagrado:
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Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas
bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca,
un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia
relumbrando como sol.
Las damas mueren de envidia,
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,
en el credo se perdió;
el abad que dice misa,
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan,
non aciertan responder, non,
por decir amén, amén,
decían amor, amor.
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Salud y fraternidad.

sábado 13 de junio de 2009

Sirenas del Finis Terrae Mundi...

Llegados a Santiago de Compostela y una vez cumplidos los ritos en la Catedral, el peregrino medieval que había realizado su andadura buscando algo más trascendente que la oración ante la “tumba” jacobea, tenía tres caminos a elegir, tres caminos de muerte... y regreso a la vida. Tres caminos que desembocaban en el céltico Mar de los Muertos, llamado en el medievo Mar Tenebroso, en tres enclaves con templo-cementerio, donde se celebraban rituales adscritos al ancestral simbolismo muerte-resurrección.
El primero conducía a Iria Flavia, actual Padrón, donde arribó la barca milagrosa con el cuerpo de Santiago. El segundo camino se dirigía a Noya, la antigua Noela, fundada por Noega, un nieta de Noé, cuando pasó por allí con su Arca tras el diluvio. El tercer y último camino llevaba hacia el Promontorium Celticum o Promontiruim Nerium, el Finisterre romano, lugar sagrado de los celtas, donde se veneraba el “tránsito” del Sol, cada atardecer, invocando su retorno.
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El Cabo Finisterre, el Finis Terrae Mundi, tan temido por romanos y celtas que pensaban se acababa allí la tierra, de los mortales, y más allá el Océano Tenebroso conducía a la Tierra de los Muertos, era la costa mas occidental conocida en la Antigüedad.
Frontera entre la realidad y las leyendas, este trozo de tierra era uno de los grandes mitos de los pueblos antiguos, al tiempo que engendrador de fantásticas consejas, pues el perfil rocoso del cabo, diluyéndose en la bruma, es capaz de empujarnos a todas las ensoñaciones y misterios.
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El Sol, fuente dispensadora de la vida, renace cada mañana por el Este, para morir en la tarde por el Oeste, sumergiéndose en el Mar de los Muertos. Se trata de un misterio cósmico, el mismo que hace siglos, el año 150 a.C., se produjo ante las legiones romanas de Decio Juno Bruto, que observaron asombradas el poniente “llenas de un religioso temor”. Ello impulso a los “piadosos” romanos, temerosos de todos los dioses posibles, a levantar diversas “Ara Solis” -altares al Sol-, junto al santuario celta, donde cada día era ofrecido el último sacrificio al Sol, en su ocaso, a fin de propiciar su vuelta al día siguiente.
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Junto al faro existe todavía una piedra, antiguo testigo mudo de los rituales al padre Sol, según cuenta el latino Lucio Floro, -ahora profanada por los símbolos mitológicos de la nueva religión-. Pero también se celebraban allí otros ritos, mucho más curiosos y significativos.
Dicen Plinio y Estrabón, que existían unas rocas planas en forma de lechos, en ellas yacían sexualmente las parejas que deseaban tener hijos, mientras los sacerdotes celtas celebraban desconocidos ritos de fecundidad aprovechando el paso de las ballenas, a las que se atribuían mágicas propiedades fecundantes. Según relata el peregrino Caumont, en 1417, se alzaba allí una ermita, dedicada a san Guillermo, relacionada todavía en esa fecha con dichos ritos, entonces cristianizados, la cual perduró hasta el s.XVIII.
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En la actualidad, todavía hay quien celebra allí ritos mágicos, ceremonias brujeriles, meditaciones, y quien evoca, al cabo de los siglos, la fertilidad del Océano Tenebroso en el seno femenino, mediante un singular graffiti. En la base de una antena de telecomunicaciones, se ha representado, en negra silueta, una mujer que toma por la cola una pequeña sirena. La figura, rememora en nosotros la sombra de aquella Virgen Negra, hoy perdida, Nuestra Señora de Finisterre, que fue venerada en este mismo lugar como “Señora de la Fertilidad”. Un lugar mágico, o al menos lleno de magia, que al contemplarlo nos tienta a creer que aquellas aguas conducen al Más Allá céltico, al reino donde duermen los espíritus que un día han de volver.
Y nos sentamos en sus rocas, ajenos al paso del tiempo, hechizados por su energía, en la esperanza de ver sus aguas surcadas por alguna sirena...
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Salud y fraternidad.

domingo 7 de junio de 2009

“San Pedro, como era calvo...”

Quintana del Marco (León) tiene a su lado una magnífica villa romana, del s.IV, en el pago de los Villares. O al menos, la tenía hasta el siglo pasado. Encontrada casualmente en 1899, algunos mosaicos fueron a los museos de León, Astorga y Madrid, en 1906, otros acabaron como encimera en una cocina local, en la pared del salón o el suelo del establo, los sepulcros hicieron buenos abrevaderos... etc. Lo que sobrevivió, in situ, acabó brutalmente destruido por la maquinaria agrícola de la concentración parcelaria. Y de los varios bustos encontrados, unos se vendieron, en casas de subastas madrileñas, otros “se extraviaron”. Salvo el de un personaje con antepasados hispanos, por parte de padre.
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Nos referimos, al busto de Marco Aurelio. Acabó empotrado en la espadaña de la iglesia de San Pedro y, para el pueblo llano, ejerce de san Pedro. Fue colocado allí, porque a quienes lo encontraron les recordaba la cara que su patrón tenía en la imagen del templo. Según nos relataron unos ancianos del lugar, el 16 de abril del 2000, la cosa, contada por sus abuelos, fue más o menos así:
Un día, mientras araban, dos labradores se toparon con el mismísimo san Pedro.
-¡Válgame Dios, mire aquí compadre, vea que tío ha sacado el arado!
-¡Oye, mírale la cara, éste es clavadito al santo apóstol de la iglesia nueva!
-¡Toma! Pues será un san Pedro de los antiguos, no cabe duda.
-Entonces, tráete unos cubos de agua para lavarlo y lo llevaremos a la iglesia.
Lo cargan al carro y, sin encomendarse a Dios ni al diablo, meten el busto en el templo, al pie del retablo del patrón y le colocan su ración de velas. Cuando llega el párroco se lo presentan, tan ufanos.
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-Padre, aquí le hemos traído este san Pedro tan hermoso, para el altar.
-¿Pero qué decís? ¿Cómo voy vais a meter ese busto pagano en la casa de Dios?
-¡Anda, con los remilgos que nos sale! ¿No ve que es clavadito al santo? ¡Con sus barbas, tan seriecito, tan bien plantao! ¡Un san Pedro bien antiguo!
-Pues yo digo que dentro de la iglesia no se queda, por muy antiguo que sea no es cristiano, ya lo estáis llevando para la calle y punto final.
-Bueno, pues si le da reparos, usted le echa el agua bendita, nos lo cristiana, y lo ponemos en la espadaña para que bendiga los campos, que falta les hace.
Después de mucho tira y afloja, el párroco, comprendiendo que la “fe del carbonero” no admite razonamientos, se rindió ante la cabezonería de sus feligreses.
-En fin, haced vuestro gusto y a las campanas con él, si queréis que sea santo lo haremos santo. No se cuando os temo más, si cuando os empeñáis en quemar santos o en crearlos.
Y allí sigue, encaramado en la espadaña, Marco Aurelio Antonino Augusto “el Sabio”, emperador romano del 161 al 180, figura representativa de la filosofía estoica de raíz bética con Séneca y Lucano. Tan estoico, que no ha protestado nunca por haber resultado rebajado, siquiera en efigie, de Emperador romano a simple papa. Porque rebaja es, ser confundido con un papa del que, a pesar de ser santo, se burlan hasta los niños en sus canciones de corro:
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“San Pedro, como era calvo,
le picaban los mosquitos,
y su padre le decía:
-Ponte el gorro, Periquito...”

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Salud y fraternidad.

sábado 30 de mayo de 2009

Casilla 19 “La posada”: Una mesa junto al Camino Jacobeo...

“Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo”
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Amanece en el páramo del Reino de León, el sol de primavera se alza sobre la espadaña de Villavante, entibia los campos, crece lenta su luz, como una dorada espiga, y los peregrinos ya están en camino, en el Camino. Dice el piadoso refrán: “a quien madruga, Dios le ayuda”, o en su versión para agnósticos: “al que madruga, y no al que Dios ayuda...”, el caso es aprovechar lo fresco de la mañana, ya vendrá luego el calor a castigar los pasos del caminante, a volverlos pesados como el plomo, a fatigar el empeño de su marcha.
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Al cabo, aunque todavía es de buena mañana, ya se apetece una paradita, solo un leve descanso, la ilusión de que así se toman fuerzas. A lo lejos, se divisa un rústico edificio. Fue molino, tuvo molinero y su molinera, las gentes del pueblo le confiaban su molienda. Pasaron los años y las épocas, alegrías y sinsabores. Luego ruina y olvido, nostalgia de la gente vieja. Y un día, milagrosa fecha, fue hecho de nuevo habitable hacienda: el "Molino Galochas".
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Los peregrinos llegan al canal que las muelas del molino abasteciera, ahora es apacible remanso, con sus chopos en la fresca ribera. Cómo se apetece hacer aquí ese alto, que antes se presintiera, la hora es favorable y la umbría amena, con su rumor de agua serena, su trinar de pájaros, con esa quietud donde parece que el tiempo se detuviera. El lugar y la ocasión convidan, ¿cómo resistirse a esta golosa pereza?
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¡Cómo no hacerlo, si hasta hay banco y mesa! Un rústico banco, elaborado con ancianas traviesas de la vía férrea. Una mesa, cuya tabla es una de aquellas longevas piedras de la molienda. Qué relajo para el espíritu, ese agua, la serena mañana, la rumorosa floresta. Y para el cuerpo, el recio banco, la espalda sobre un chopo, quizá algún refrigerio sacado de la alforja, sobre aquella oportuna mesa. Mesa y banco que pusieron, honrada caridad y gentileza, las buenas almas que han reconstruido el arruinado molino, como posada de aldea.
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Si alguna necesidad, o auxilio, ha menester el peregrino, puede acudir a posada tan pintoresca. No ha de salir defraudado, la amabilidad mora entre sus restauradas piedras. Aquí habitan la generosa amistad y la honradez sinceras, que aunque posada de pago, como toda posada buena, no faltan dentro de estos muros ni la solidaridad, ni el desinteresado deseo de ayudar a quien preciso le fuera.
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Y no se sorprenda el viajero, si antes de ver persona humana, que lo atienda, aparecen ante él dos traviesos “duendecillos”, Pelusa y Tormenta, curiosos, amigables, despreocupados gatos campesinos, ante los que el peregrino habrá de pagar el peaje de unas caricias zalameras, y que, si se tercia, lo han de acompañar luego un trecho del camino para hacerle la marcha más amena.
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Ya repuestos, fortalecido el cuerpo con las viandas que en el zurrón hubiera, y el espíritu ensanchado con la pausa amena, quizá con algo de charla del mesonero y la mesonera, los peregrinos se enfrentan de nuevo a la infinita senda. De nuevo al eterno Camino, el sol a la espalda, delante la sombra, delante las leguas, que han de llevarle a ese sueño, lejano, que se llama Compostela.
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“Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero”
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[Dedicado a Mercedes y Maxi, los “mesoneros” del viejo Molino Galochas].
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Salud y fraternidad.

domingo 24 de mayo de 2009

Dijo Sancho, con filosofía: -“¡Para dar y tener, seso es menester!”

San Martín de Tours parte su capa con el pobre. Nótese que aquí, el pobre, además de pobre, es cojo. Y es que, cuando el Dios de Israel se ceba en uno... [Templo de San Martín, Artaiz (Navarra), baranda del coro renacentista, s.XVI].
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En el capítulo LVIII del Quijote, Sancho utiliza burlescamente cierto refrán, para reírse, según era costumbre popular, de la “media caridad” de san Martín.
La escena relata como enseñan, al hidalgo, ciertas tallas de retablo, y cuando ve la de san Martín de Tours, don Quijote dice:
-“Este caballero también fue de los aventureros cristianos, y creo fue más liberal que valiente, como lo puedes echar de ver, Sancho, en que está partiendo la capa con el pobre y le da la mitad; y sin duda debía de ser entonces invierno, que, si no, él se la diera toda, según era de caritativo”.
-“No debió de ser eso -dijo Sancho-, sino que se debió de atener al refrán que dicen: que para dar y tener, seso es menester”.
Al pueblo llano, que no se le escapa una, siempre le ha parecido sospechosa esa “media caridad” de Martín de Tours (316-397). Cuando el joven era un soldado, sin bautizar, partió su capa para dar la mitad a un mendigo de Amiens, que luego resultó ser Dios-Hijo disfrazado. Y claro, la gente piensa: vamos a ver, si tanta compasión le infundía el “presunto” desheredado, ¿por qué le dio tan solo media capa? Por la cosa práctica no sería, puesto que, con media capa cada uno, mal se iban a remediar ambos, acabarían pasando frío los dos. Y si, lo que el futuro santo pretendía, era darnos ejemplo sobre lo correcto de compartir los bienes, alguien debería haberle aclarado que una cosa es “compartir” y otra bien distinta “partir”.
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El pobre, aunque barbudo impenitente, no siempre es cojo, parece no existir unanimidad sobre su minusvalía... [Catedral de Nuestra Señora, Cuenca, Capilla de San Martín, retablo plateresco por Giraldo de Flugo, s.XVI].
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Al cabo de los siglos, sigue siendo un misterio la “media caridad” de Martín. Después de todo, él era rico, podía permitirse una capa nueva. Estaba claro que, con esa “caridad”, el hombre iba a continuar siendo igual de pobre. Un pobre medio abrigado, además. Eso, sin contar las bromas que debieron gastar los graciosos de Amiens a costa del “presunto mendigo”:
-“Pues yo se de buena tinta, que no le han dado una capa entera porque tan solo es medio pobre...”
De otro lado, Martín tampoco hubo de salir bien parado del trance, unos lo tildarían de tacaño, y otros de bromista malintencionado:
-“Pues hay que ser rácano, dar sólo media capa, y de seguro se quedó el trozo más grande...”
-“Cosas de ricos desocupados, quiso divertirse embromando al pobre con el chasco de la media capa...”
Y menos mal que al “necesitado” no se le ocurrió quejarse por ir a pie, que si no el Martín es capaz de partir el caballo en dos y darle la mitad al menesteroso...
Aunque hay un dato que generalmente se desconoce, el cual diremos en descargo del santo. En el 371 fue elegido obispo de Tours, y durante su mandato se topó con otro mendigo en harapos, al que, esta vez si, entrego su capa entera y verdadera. Después de todo, lo de la media capa podía pasar por “pecadillo de juventud”, y ahora era ya un varón prudente cuyos actos se juzgaban con más severidad.
Pensamos si se diría para sus adentros, escarmentado como estaba de las “ocurrencias” divinas:
-“No vaya a tratarse otra vez del Dios-Hijo, que vuelve a probarme, y tengamos más que palabras...”
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Salud y fraternidad.

domingo 17 de mayo de 2009

“¡Pecados como piedras...!” o tal vez “¡Amor y pedagogía!”

Al caer de la tarde, un 5 de abril de 2009.
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En la cima del Monte Irago (1504 m.), al borde del Camino Jacobeo, en términos de Foncebadón (León), se alza un gran montículo de piedras coronado por un enorme poste de madera, de cinco metros, sobre el que hay una pequeña cruz de hierro que da nombre al lugar: “la Cruz de Ferro”. Aquí termina La Maragatería y principia El Bierzo.
En tiempos de la Antigua Religión, estos amontonamientos eran conocidos como “Monte de Mercurio”, divinidad protectora de los caminantes y viajeros, los cuales dejaban junto al altar del dios un guijarro, traído de su tierra, como ofrenda por la protección solicitada. Aunque Mercurio era un dios romano, en su persona se sincretizó una divinidad celta representada con tres rostros, pues vigilaba todas la encrucijadas. Se suponía que los manes, espíritus de los difuntos, vagaban reclamando otros espíritus, como compañía. Para evitar perder su alma, los caminantes ofrendaban una piedra, porque estas, como todo lo existente, tenían espíritu, y así contentaban a los manes errantes.
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La Edad Media volvió a sincretizar estos montículos, bajo el nombre de Monxoi, Manjoya, Monsgaudi, etc., o sea “Monte del Gozo”, que indicaba a los peregrinos que habían coronado con éxito un dificultoso paso de montaña y que, allí, estaban a salvo de las almas errantes como “La Santa Compaña”, “Güestia” o “Estantigua”. Este Monxoi jacobeo fue “santificado” por el abad Gaucelmo, de la Hospedería de Foncebadón, en el s.XI, al colocar la primitiva “Cruz de Ferro” en las lindes de lo que entonces era Galicia. La costumbre de amontonar guijarros persistía, y los caminantes: buhoneros, segadores, peregrinos o arrieros, continuaban trayendo una piedra, recogida en su lugar de origen, para dejarla como ofrenda penitencial en el Monxoi. Existían en diversos lugares, algunos de los cuales todavía conserva el topónimo, aunque hayan perdido su montículo.
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En la actualidad, las “ofrendas” se han sofisticado. Cada peregrino, y recordemos que los motivos de cada quien para hacer el Camino son polifacéticos, deja al pie de la cruz una piedra escrita con los mensajes más variopintos, o un pequeño objeto que, para ellos, tienen un significado simbólico personal e intransferible, aunque a un observador ajeno le resulte absurdo.
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Pero, en esencia, el concepto ritual sigue siendo el mismo que en tiempos celtíberos, ofrendar algo personal, íntimo, volcar el alma, tanto si es por sentido positivo como negativo, para librarla de lo intangible y sus peligros.
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El sentido “penitencial”, del acto de arrojar una piedra al montón, afirma que mientras más grande sea la piedra, más pecados o más graves son las faltas perdonadas, a condición que la piedra sea traída del lugar de origen del penitente. No vale hacer trampa, y tomar una gran piedra de los alrededores para depositarla allí.
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Al hilo de esta costumbre, hace poco escuchamos allí la siguiente conversación, sobre el montículo de la Cruz de Ferro, entre un abuelo y su nieto:
-Abuelo, ¿puedo poner piedras aquí arriba?
-Niño, no pongas piedras ahí, que las piedras representan los pecados, y tu no tienes pecados porque eres muy pequeño.
-¿Y esas piedras tan grandes?
-Las piedras más grandes, de este lugar, son de los más grandes asesinos que hay en el mundo: Aznar y Zapatero.
Ni que decir tiene, que nos quedamos “petrificados”. ¡Toma teología-política, popular, pedagógicamente adaptada para niños! Puede que ambos personajes merezcan serios reproches, por una u otra de sus actuaciones políticas, no lo dudamos, pero de ahí a calificarlos, ante un niño, y en semejante lugar, como “los más grandes asesinos que hay en el mundo”... En fin, quede ello para ejercicio de buenos juicios.
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Para olvidar esta exagerada explicación, cuando menos inapropiada, vayan estas tres nostálgicas imágenes del Monxoi y su Cruz de Ferro, en el transcurso de veinte años, durante los cuales el mástil de madera fue sustituido para reparar los estragos del tiempo.
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Un soleado mediodía, del 3 de agosto de 1981.
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Presintiendo la cercana tormenta, el 13 de abril de 1990.
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En medio de la bruma y la nevisca un 16 de abril de 2000.
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Salud y fraternidad.

viernes 15 de mayo de 2009

“Dar Crispín por liebre...”

He visto que por “La Internés” circula una receta apócrifa, para cocinar nada menos que “Crispín al pil-pil”, e ilustrada con fotos robadas y sacadas de contexto. Desde aquí, quiero dejar constancia de que dicho guiso no existe y su receta es un timo, para abusar de la buena fe gastronómica de los incautos. Así que, en beneficio de su salud y la de los Crispines, no intenten llevarla a cabo.
Todo es obra del mago Frestón, mi grande enemigo, que no pierde ocasión de fastidiar porque me sabe muy amigo del noble don Quijote de la Mancha, ese espejo de andantes caballeros, al que el maléfico nigromante no puede ver ni en pintura. El infundio, propalado desde segovianas covachuelas, por los seguidores del indigno mago, unos pérfidos sayones butifarrescos oriundos de la Marca Carolingia, es como sigue:
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Receta surrealista para preparar “Crispín al pil-pil”.
Tómese un gato llamado Crispín, de tamaño terciado, preferentemente casero y manso, el color es optativo e “insimismovil”, si el bicho está dormido mejor, porque si se percata de la jugada van ustedes listos.
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Póngase a remojo total o parcial, lo que el bicho consienta, o en su defecto cinco minutos en baño de asiento. Quizá deba engañarlo, para efectuar esta fase del guiso, porque es sabida su aversión al agua. Lo mejor es cantarle aquello de:
“Cinco gatitos, tuvo la gata.
Cinco gatitos, vaya una lata...”
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Si ha conseguido remojarlo, séquelo bien antes de que se mosquee más y saque las uñas, sitúelo sobre la placa vitrocerámica, imprescindiblemente de inducción si no quiere cometer un gaticidio prematuro.
Espere que el bicho pise la tecla adecuada, a ser posible a fuego medio, lo cual no servirá para nada, porque como el Crispín no es de metal la placa de inducción parpadeará sin emitir calor. Eso conlleva una ventaja, le evitará soportar el olor de los pelos chamuscados, bastante repelente por cierto.

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Coloque al lado un recipiente con sal, pero no se la añada por encima que eso podría enfurecerlo, con las funestas consecuencias que es de suponer.
Mientras espera, y ya puede esperar sentado, prepare la salsa pil-pil, a base de sumar pil y pil: "Mezclado, no agitado", que diría 007. Queda más gustosa, si el pil y el pil son de temporada y no en conserva.
Alimente al bicho con la dicha salsa, porque si se la echa por encima luego a ver quien lo lava. Si se resiste a tomar el pil-pil, que es lo más seguro, deberá abandonar el guiso y llamar a un Telepizza. Su estómago y su Crispín se lo agradecerán.
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No se dejen engañar vuesas mercedes, por estos cantos de sirena, el Crispín, como mejor se saborea no es al “pil-pil”, sino acostado en nuestro regazo, ronroneando mientras le pasamos la mano suavemente por el lomo.
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Salud y fraternidad.

viernes 17 de abril de 2009

¿“Matar judíos” en León?

Si, hace poco, nos sonreíamos con las curiosas contradicciones que la “Semana Santa” producía entre los celtíberos andalusíes, ahora nos asombraremos con una peculiaridad que dicha fiesta religiosa posee entre los “cristianos viejos” del celtíbero Reino de León. Nos contaban, unos autóctonos, la siguiente anécdota sucedida hace años a una pariente, cuando era niña de corta edad.
Se prepara la familia para salir de paseo, y entre los adultos se conversa más o menos así:
-Primero, vamos a tal y tal sitio.
-Vale, ¿y luego?
-Hombre, luego vamos a “matar judíos”.
Y la niña pequeña, que no sabía si había oído bien, pregunta amoscada.
-¿A dónde vamos...?
-A pasear y “matar judíos”, hijita.
Luego de pensarlo, un momento, con esa naturalidad infantil que acepta los disparates más grandes con total naturalidad, la niña apostilló.
-Bueno, pero el mío que sea pequeñín.
Carcajada general y turbación de la pequeña, que no entendía por qué los adultos se reían de su lógica aplastante. ¿No era normal que el suyo fuera “pequeñín”? ¿Cómo iba ella a poder matar nada de un tamaño superior o igual al suyo?
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La explicación a este despropósito, “políticamente incorrecto”, es que en la zona de León llaman “salir a matar judíos”, a la muy sana costumbre de “ir a limonadas” por los bares, durante la “Semana Santa”. Entendiendo por “limonada”, lo que en otros lugares de Celtiberia llaman “sangría”.
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El origen de esta costumbre, que hoy está exenta de connotaciones xenófobas, es incierto. Hay quien dice que es una forma de “venganza incruenta”, que por la ejecución de su Dios se tomaban los seguidores de la nueva religión, y en la que cada vaso de limonada tomado, simbolizaba la muerte de un judío.
Otra versión, afirma que durante las sangrientas luchas entre las comunidades judías leonesas de Santa Ana, Puente Castro y San Martín, algunos “cristianos viejos” tomaron partido por determinado bando, y tras “animarse” con generosas dosis de vino salieron a participar en la degollina “interracial”.
Una tercera y feroz opinión, pontifica que tras el Edicto de los Reyes Católicos (1492) y el Decreto de Felipe III (1609), no quedaron judíos en Celtiberia a los que eliminar o expulsar, por lo que, para “matar el gusanillo”, se inventó lo de la limonada como sustituto de tan feroces intenciones.
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Hay, sin embargo, una explicación más lógica y menos frecuente. La de que “matar judíos”, bajo la forma de libar generosamente limonada o sangría, es tan solo un pretexto barroco, inventado para saltarse a la torera la “abstinencia pascual”. Ello se deduce de una cuarta opinión para este fenómeno, la de quienes afirman que al “estropear el vino”, de esta manera, se hace penitencia imitando el vinagre que los romanos dieron a beber a su dios en la cruz. Es una bonita forma de “hacer virtud de la necesidad”, o como dijo aquel “La hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”. Porque juzguen en que consiste la “gran penitencia” de “estropear” el vino: Se toman 5 litros de vino, 1 de agua, 1 kilo de azúcar, un kilo de limones y dos ramas de canela; a los que, al gusto, se añaden, higos, naranjas y un “toque” de orujo; se pone todo en una tinaja de barro, y se deja en reposo una semana. El resultado es un líquido, que duda cabe, “completamente penitencial”...
Desde luego, aunque no seamos violentos, ni seguidores de la nueva religión, a esa “penitencia” y a esa “matanza” suya, nos apuntamos de muy buen grado.
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Salud y fraternidad.

miércoles 1 de abril de 2009

Al-Andalus: "La Pasión según el pueblo".

Las celebraciones religiosas de Semana Santa son algo variopinto, en cada región tienen un sello especial, un carácter particular, que las hace atractivas y, a veces, enigmáticas. Pero el sur... el sur es otra cosa.
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En Egipto, sin ir más lejos, son festejos excepcionalmente singulares. Desde luego, ignorábamos que en Egipto se celebrase la Semana Santa, al menos hasta que un vistoso cartel, en cierta agencia de viajes cordobesa, nos descubrió este hecho.
Lo que nos inquieta, es la salud de los “costaleros” egipcios que lleven aquellos “pasos”. ¿Cómo les quedarán los riñones y la columna, tras levantar esas imágenes de la foto? Eso es penitencia, y no la de los “pasos” con ruedas y motor añadido.
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Pero dejemos la “exótica Semana Santa egipcia” y regresemos hasta al-Andalus, que también tiene su dosis de “exotismo local”.
Al recorrer las calles de Córdoba, podemos percibir mensajes confusos. De repente, nos topamos con un gran portalón sobre el que reza: “Entrada triunfal”. Al pronto, creímos que se trataba de una exageración del lenguaje, esa que el tópico atribuye a los andalusíes de pura cepa.
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Por suerte, al lado del portón, otro letrero aclaraba el enigma: “Hermandad Entrada Triunfal”. Se trata del local, sede de una hermandad de Semana Santa, que porta nombre tan rimbombante, y no de un particular acostumbrado a entrar en su cochera cual emperador romano a bordo de cuadriga.
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El fervor popular, en sentido amplio, que las gentes del sur tienen, a la hora de expresar su “original” sentido de la fe, hace que nos topemos con extrañas señales de tráfico, como aquella que reza: “Prohibido, detenerse y estacionar, Miércoles y Sábado de Cuaresma. Por ensayos cofradía”. Lo cual queda claro, para los autóctonos, creyentes o no. Pero, ¿los extranjeros y nacionales, de otras creencias, sabrán a que fecha se refiere esta prohibición?
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La “exuberancia” expresiva y la austera economía del lenguaje, que caracteriza a los andalusíes contemporáneos, produce a veces abstrusas manifestaciones. Es el caso de este letrero, que sobre una portada indica: “Hermandad Borriquita”, dándose el caso de que haya quienes, ajenos a las tradiciones locales, duden sobre el significado del texto. ¿Se refiere a la escasa capacidad intelectual de la Hermandad? Por supuesto que no, simplemente se han “comido” preposición y artículo donde debería decir “Hermandad de la Borriquita”.
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Entre los tópicos de estas fechas, se encuentra aquel que trata sobre las “guerras”, “disensiones” y “disputas”, entre Hermandades y Cofradías. Algo quizá más frecuente en el pasado, y hoy con algún caso puntual. Pero también, de forma más habitual, se dan casos de fraternidad, como la que anuncia con agradecimiento esta cerámica, referido a una tormenta. Aunque, los no avisados, podrían objetar que es absurdo agradecer algo así, puesto que según las normas de la nueva religión eso sería lo normal, y agradecer algo normal es, cuando menos, redundancia...
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Para el final, hemos dejado este aviso, encontrado en la puerta de una Hermandad, el cual podemos subtitular como algunos chistes antiguos: “Sin palabras”. O como diría un intelectual del Siglo de Oro: “¡Quede esto, para ejercicio de buenos juicios...!”
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Entiéndase todo lo dicho, cum grano salis, pero siempre con el respeto que las creencias ajenas, aunque no las compartamos, se merecen.
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Salud y fraternidad.

viernes 27 de marzo de 2009

¡Feliz Equinoccio de Primavera!

Disculpen sus mercedes que llegue tarde, es que no bien acabo de despertar de mi letargo invernal y ya me ataca la astenia primaveral. ¡Si hasta me noto “borroso”! ¡Uy, perdón por el felino bostezo, un poco más y desencajo la mandíbula!
Bueno, lo dicho, que el equinoccio primaveral les vaya de maravilla a todos. Pido a la Madre Tierra, que las alergias a gramíneas o similares les sean leves, y que la vida que ahora germina sea un reflejo del germinar espiritual e intelectual de vuesas humanas personas.
Les recuerdo que los célticos germanos, festejaban por tales fechas a la Diosa Eostre, el renacer primaveral, que simbolizaban pintando huevos de vivos colores, pues sumaban así, el colorido de la explosión floral, a la vida dormida que contenía el huevo y pronto se haría realidad.
¿Y ahora que caigo, en la actualidad no es, por estas fechas, cuando se hacen dulces sobre los que se colocan huevos cocidos; y también huevos de chocolate, rellenos de sorpresas?
Su felino y seguro servidor, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide, se acurrucará otro ratito, que esto de felicitar cansa mucho.

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¿Serían tan amables, de guardarme un orondo y sabroso huevo de Mamá Oca, para cuando despierte...? Mmmiiiaaarrraaamamiauu...
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Salud y fraternidad.

jueves 26 de marzo de 2009

“El que no es agradecido, no es bien nacido...”

Texto encontrado en un panel sobre la restauración del precioso templo, tardo-románico, de San Lorenzo, en Córdoba:
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“Gracias a esa mujer llamada Mustak, por dedicarle una mezquita a su hijo Al-Muquira, convirtiéndose desde entonces este sitio en lugar sagrado.
Gracias a Gafarben Abderraman, su director de obras.
Gracias al Rey Don Fernando III, por mandar edificar sobre dicha mezquita esta Iglesia de San Lorenzo.
Gracias a todos los canteros castellanos y alarifes musulmanes que la llevaron a buen término.
Gracias a Hernán Ruiz II por regalarnos su magnífica torre campanario tras el derrumbe de la primitiva.
Gracias a Melchor Fernández Moreno, Francisco Hurtado Izquierdo y a Juan del Río por el espléndido retablo mayor, y a otros tantos artistas anónimos.
Gracias a todos los Párrocos, Sacristanes y feligreses por su cariño hacia este templo.
Gracias, especialmente a “El Maño” por casi toda una vida dedicada a su cuidado.
Gracias a la Consejería de Cultura y al Obispado de Córdoba por ponerse de acuerdo en su restauración.
Gracias a todos aquellos que han intervenido, en mayor o menor medida, en estas últimas obras: Constructoras, técnicos, especialistas, operarios, etc.
Gracias a los cernícalos, por NO elegir esta iglesia como su segunda residencia, sin cuya colaboración habríamos tardado “algo más” en terminar las obras.
Gracias, en definitiva, a Dios por haber permitido que esta joya de edificio haya llegado hasta nosotros luchando contra el Tiempo, la Naturaleza y, en ocasiones, contra el Hombre.
Gracias a todos”
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Un texto de espíritu tan abierto es muy de agradecer, teniendo en cuenta los tiempos de corren de intransigencia e integrismo. Aunque un punto notamos a faltar, y vamos a incluirlo de nuestra cosecha:
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“Gracias a quienes, al menos de momento, permiten hacer fotos en el interior de este magnífico templo, ojalá su ejemplo cunda en los demás templos cordobeses”.
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Salud y fraternidad.

domingo 15 de marzo de 2009

“En Sajazarra... Nada es verdad, ni es mentira”.

Sajazarra es una acogedora población de La Rioja, que ha conservado su aire antiguo sin por ello dejar de vivir en el presente. Al pasear por sus calles, aparte del encanto medieval, podemos encontrarnos con más de una sorpresa. Entrando en una plazuela, al doblar una esquina, o saliendo de cualquier callejón, el surrealismo puede saltarnos a los ojos y hacernos ver visiones.
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¿Por qué se empeñan esas dos vecinas, o son vecinos, o amigos, o enamorados, en estrechar sus manos desde ambos lados de la diminuta calleja? ¿Es real, esta visión, o es producto de los caldos de la tierra, catados en la Bodega del Castillo? ¡Nuestra razón se nubla, alucinamos, allí no hay ventanas! ¡Los brazos surgen de los muros de piedra!
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Sin embargo, al salir a la luz de la plaza y volver la vista, descubrimos que la fantasmagórica visión es tan sólo una “broma visual”. Respiramos, aliviados, al comprobar que no habíamos sido víctimas de una aparición fantasmal. Y más, cuando nos informan los amables vecinos que, cada verano, se celebra en esta localidad un Festival de Música Antigua y unos Encuentros de Arte Moderno.
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Muestra de tales sucedidos culturales, que dan vitalidad al lugar, son esas insólitas figuras que nos acechan en cada rincón, como las citadas manos. O este impresionante dragón que, literalmente, hecha humo por las fauces, porque sirve de chimenea a una calefacción.
En resumen, un pueblo agradable, divertido y curioso, digno de visitarse en cualquier época del año, pero sobre todo en verano.
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Salud y fraternidad.

miércoles 4 de marzo de 2009

Refranero “marzero”, desde mi brasero.

“En marzo la veleta ni dos horas está quieta”.
“Marzo varía siete veces al día”.
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No tiene marzo mejor prensa que febrero, en esto del clima. Cierto que algunos árboles florecen y brotan en otros las primeras hojas, pero la primavera es todavía una ensoñación, un duermevela. Se presiente, se oyen sus pasos, pero antes de llegar todavía ha de combatir con el invierno que se retira. Y suerte tendremos si una heladada intempestiva no arruina la precoz floración.
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“Marzo trae las hojas y noviembre las despoja”.
“Cuando marzo mayea, mayo marcea”.
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Porque hay árboles que parecen haberse vuelto locos, en medio del clima cambiante y extremoso se tornan excesivos, florecen como a lo loco, desbordan energía por todas sus yemas. Parece que tienen prisa, no quieren ser los últimos o los menos generosos. Aunque, esta superabundancia, puede que tan solo responda a esa técnica tan querida por la Naturaleza: el derroche. Mientras más embriones se produzcan, más posibilidades hay de que alguno prospere.
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“De marzo no te fíes que es traidor, tan pronto frío como calor”.
“Marzo que empieza bochornoso, pronto se vuelve granizoso”.

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La contienda entre ambas estaciones todavía será larga, complicada, de resultados inciertos para los dos bandos. Tan pronto parece que va a triunfar lo cálido, cuando una arremetida del frío nos devuelve a la cruda realidad. Así que es necesario actuar como los avisados campesinos, cortar leña y atizar la chimenea, pues las noches pueden ser especialmente duras.
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Nuestros celtibéricos compadres catalanes, parecen sentir un recelo especial por el mes de marzo y lo reflejan en este refrán tremendista: “Març marçot, mata a la vella a la vora del foc... i a la jove si pot”. (En román paladino, literal: Marzo marcero, mata a la vieja al lado del fuego... y a la joven si puede).
¡En nombre de la Diosa bendita, esperemos que sólo sea un refrán de tiempos pasados...!
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Salud y fraternidad.

jueves 26 de febrero de 2009

¡Cantad y bailad! ¡Perséfone ha vuelto!

Gea, diosa por excelencia de la Tierra, la del amplio seno, es la Madre y Nodriza Universal, la tumba y la cuna de los seres vivientes. Ella produce todas las cosas, animales, plantas, humanos; todo lo nutre, lo hace prosperar, y todo vuelve a ella.
Cuando personifica la fuerza reproductora, de la tierra cultivada, aquella por cuya voluntad el suelo fructifica, se manifiesta como Deméter –cuyo nombre significa Madre Tierra-. Las tradiciones de su culto, se relacionan con la fertilidad y con el trabajo encaminado a obtener de ella los alimentos, no en vano se le atribuye el invento del arado.
Hija de Zeus y Deméter, es Perséfone, que representa la naturaleza renacida cada primavera, tras la desolación invernal; pero es, también, la esposa de Hades, dios del mundo de ultratumba, el Averno, y como tal Señora de la Inmortalidad del alma, de su eterno retorno.
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La esencia del culto se centra en el carácter cíclico de la Naturaleza, simbolizado en la siguiente tradición. Zeus prometió, a su hermano Hades, la mano de Perséfone. Pero el pretendiente, cansado de esperar, raptó a la joven y la condujo a su reino subterráneo. Deméter, airada al saber que Zeus consentía aquello, dejó el Olimpo. Este abandono de su puesto celeste provocó la aridez del suelo que, privado de su mirada protectora, cesó de producir mieses y frutos. En vano le rogó Zeus, pues ella se negaba a regresar si no le era devuelta su hija. Al fin, Zeus cedió y mandó recado para que Hades restituyese a la joven, sin embargo ello no era posible, pues durante su estancia en el Averno, Perséfone había comido una granada, el fruto del amor, y se había convertido en la esposa de Hades. Hubo que habilitar una solución de compromiso, Perséfone viviría tres meses con su esposo, durante los cuales la tierra permanecería yerma, latente, y otros nueve con su madre, que serían de fertilidad y cosechas.
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Al comenzar la primavera Perséfone vuelve, Deméter resplandece de gozo y derrama la fertilidad sobre la tierra, que en verano se manifiesta en abundantes frutos y cosechas; al llegar el otoño, la joven regresa al Averno, y la tristeza de su madre produce el adormecimiento paulatino de la fertilidad.
En honor a Deméter y Perséfone se celebraban las Fiestas Eleusinas y los Misterios de Eleusis. Las Pequeñas Eleusinas tenían lugar a mediados de febrero, como preludio a la primavera; las Grandes Eleusinas eran a mediados de septiembre, cuando se presentía el otoño. Se hacían procesiones, con antorchas, y ofrendas de frutos. Los fieles danzaban, bebían, cantaban, comían y se daban baños purificadores. De los “Misterios”, nada podemos decir, a los iniciados les está prohibido hablar de ellos...
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Salud y fraternidad.

miércoles 25 de febrero de 2009

“Entierro de la Sardina” ¡Justicia poética...!

El Miércoles de Ceniza, es para mí un día irritante, muy irritante. Los humanos celebran el “Entierro de la Sardina”, entierro simbólico, claro, pero uno, gato al fin y al cabo, no puede dejar de sentir nostalgia. ¡Tanta sardina paseada a hombros! ¡El hocico se me hace agua!
Porque, aunque sean sardinas de cartón piedra y papel, servidor no puede dejar de soñar como sería hincarle el colmillo a una, de verdad, de carne y raspa, de ese tamaño...
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[Entierro de la Sardina, Buzanada de Arona (Tenerife), 6 de marzo de 1984].
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En fin, dejemos los sueños y reflexionemos. Quizá, vuesas mercedes, no se hayan parado nunca a considerar el significado profundo, el más íntimo y esotérico, del “Entierro de la Sardina”. Dicho entierro, que en realidad se resuelve mayoritariamente en incineración, tiene su explicación aparente, superficial, o “exotérica”, en el hecho de que los seguidores de Don Carnal, al terminarse el Carnaval y ver aproximarse las “estrecheces” gastronómicas de la Cuaresma, como “venganza” por verse obligados a comer, de ahí en adelante, tan sólo pescado, queman la sardina en efigie como algo jocoso.
.[Idem anterior].
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Lo que de oculto o “esotérico” tiene, este exorcismo popular, es bastante herético. Es tan simple que a nadie se le había ocurrido, hasta que un humilde felino como yo lo ha pensado.
Los “fieles” de Don Carnal, que deben pasar obligatoriamente al servicio de Doña Cuaresma y sus ayunos, lo que nos demuestran con tal acto, es que lo hacen cual “conversos”. Es decir, “a la fuerza ahorcan”. O sea, como si declarasen: “dejamos los jolgorios, dejamos la carne, pero es contra nuestra voluntad, porque nos obligan. No ejecutamos este precepto de buena voluntad, sino por miedo a ese Dios vengativo, a sus no menos vengativos ministros y a sus temidos sayones. Vamos a comer solo pescado, pero sabed que odiamos esta costumbre impuesta por la fuerza. Por eso, enterramos la sardina, la quemamos, ante vuestras santas e inquisitoriales narices”.

Y es que la fe, por obligación, es coacción, no devoción.

Lo dicho. ¡Quemar la "Sardina" es pura justicia poética!
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Salud y fraternidad.

lunes 23 de febrero de 2009

“En el buen sentido de la palabra, bueno...”

El hecho de la casual coincidencia de fechas, con el jocoso Carnaval, no debe hacernos olvidar que un hombre bueno murió, en el exilio, hace 70 años. Un hombre del que, en estos días de máscaras, bien estará saber que nunca usó otra, quizá, que la de la poesía, y no por engaño sino por pudorosa timidez.
No tuvo que exiliarse por haber apoyado el extremismo, la violencia, la anarquía, el fanatismo o la guerra. Ni por desprecio o despego, hacia el terruño en que creció.
No, tuvo que dejar su tierra por haber apoyado a un gobierno, imperfecto como todos, pero democráticamente constituido; por creer en la libertad, del ser humano, para elegir el ideario que le viniera en gana, sin compromisos dogmáticos; por pensar que la fe es algo íntimo, libremente asumido, y no una obligación colectiva, impuesta por la fuerza; por creer en la diversidad de ideas, sin verdades absolutas; por pensar que la humanidad podía progresar, intelectual y materialmente, mediante la cultura y el conocimiento.
No, no tuvo que dejar su tierra por asesino y maleante, sino por haber sido honesto y consecuente con sus ideales y sueños. Tuvo que morir, exiliado, enfermo y perseguido, por haber soñado que Caín y Abel, hermanos después de todo, podían llegar a convivir en paz.
Cuando recogieron su cuerpo, en el bolsillo del traje, los amigos encontraron un papel con el último verso escrito por el poeta, porque era poeta:
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Estos días azules y este sol de la infancia...”
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Ese hombre bueno, ese poeta, ese soñador de futuros mejores, se llamaba Antonio Machado. Murió en Collioure (Francia), un mediterráneo pueblecito al otro lado de la frontera, el 22 de febrero de 1939. Hace setenta años, hace una eternidad. ¿O acaso, tan sólo un instante...?
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Sobre su humilde tumba, si no temiésemos profanar la modestia que lo caracterizaba, podrían figurar sin rubor sus propias estrofas:
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“Hay en mis versos gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”.

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“Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar”.Tamaño de fuente
(Retrato, Campos de Castilla, 1912).
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Salud y fraternidad.

sábado 21 de febrero de 2009

“Sepan, gatos, que es Antruejo”.

Todavía subsiste, en el interior de la Catedral de Murcia, un Decreto expedido por su Santidad Clemente XIV, en 1769, a instancias de Don Joaquín de Olmeda, Arzobispo de Cartagena, en el cual concede indulgencias a los Capitulares de dicha Catedral y a los fieles que asistan a las Horas Canónicas diurnas, “en los tres días de Carnestolendas... Solamente en el espacio de los tres dichos días”. El objeto era “apartar de los pecaminosos desórdenes de dicha fiesta”, a las ovejas del rebaño... Por suerte, pocos fueron los borregos y borregas que siguieron tal sugerencia, la mayoría prefirió la fiesta, fuera del redil, a las indulgencias, dentro de él.
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¡Mascarita! ¿Me conoces?
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¡Un servidor, redomado felino agnóstico, quiere sumarse al desmadre de aquellas ovejas díscolas! ¡Como iba yo a perderme unos buenos carnavales, también llamados “antruejos” y “carnestolendas”! Así que, ni corto ni perezoso, me encasqueté el disfraz y salí a dar la tabarra, a cuantos tirios y troyanos se me pusieron por delante, con la tópica y cansina pregunta de rigor:
-“¿Me conoces mascarita?, ¿Me conoces mascarita...”
¡Y claro que me conocían! Como que el rabo me asomaba, tras la máscara, delatando mi raza y condición. No obstante, me divertí a modo, hice reír y me reí. Porque esa es la esencia de la fiesta, subvertir el orden establecido, ser lo que no se es, para aguijonear libremente las conductas, modas y modos del personal. Para desfogar el ánimo contenido, cambiando lo que somos, por lo que nos gustaría ser...
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Antruejo, buen santo, Pascua no tanto”.
Las “Mascaritas” de Buzanada de Arona (Tenerife), 13 de febrero de 1982.
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No hay Carnaval sin luna, ni Semana Santa a oscuras”.
Las “Carnestolendas” de Chinchón (Madrid), 17 de febrero de 1985.
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Carnestolendas aguadas, Pascua soleada”.
[Idem ant.]
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Alegrías, antruejo, que mañana será ceniza”.
Los “Antruejos” de Villanueva de Valrojo (Zamora), 5 de febrero de 1989.
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Desde San Antón, mascaritas son”.
[Idem ant.]
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Por muchas vueltas que dieron los sastres, no sacaron al Antruejo del martes”.
El “Carnaval” de La Adrada (Avila), 27 de febrero de 1990.
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Todo el año es Carnaval y en estos tiempos mucho más”.
[Idem ant.]

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Por las fotos ya habréis deducido que el carnaval que me gusta es el de raíz popular, el de mascaritas, moharrachos, botargas, destrozonas, zamarrones, etc. Es decir, el de aquellos que se disfrazan como manda la tradición, con lo primero que pillan en el desván, aquellos que, cual sastres improvisados, toman unos trapos y se cosen "una piel" para la ocasión. El carnaval de los pueblos y aldeas, claro, porque el otro, el "institucional", con pregón "pactado", disfraces de "diseño" y "pase de modelos", es una rebeldía de "quiero y no puedo".
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¡Viva don Carnal! ¡Muerte a doña Cuaresma!
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Martes era, que no lunes,
martes de Carnestolendas,
víspera de Ceniza,
primer día de Cuaresma.
Ved que martes y qué miércoles,
qué víspera y qué fiesta;
el martes lleno de risa,
el miércoles de tristeza.
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La mujer se viste de hombre,
y el hombre se viste de hembra.
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¡Qué abundancia de cosas,
qué de aparato de mesas,
capones, pavos, perdices,
conejos, gallinas tiernas!
¡Qué de gritos por las calles,
qué de burlas, que de tretas,
qué de harina por el rostro,
qué de mazas que se cuelgan;
trapos, chapines, pellejos,
estopas, cuernos, braguetas,
sogas, papeles, andrajos,
zapatos y escobas viejas!
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Y con ser tan grande el frío,
la gente se abrasa y quema
en un fuego que jamás
miró Nero de Tarpeya.

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[Gaspar de Lucas Hidalgo, Diálogos de Apacible Entretenimiento (1606), obra incluida por la Inquisición en su Índice de Libros Prohibidos (1618)].
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Salud y fraternidad.

martes 10 de febrero de 2009

“Cuando el grajo vuela bajo... Crispín suelta un refranazo”

Como el humano que vive conmigo es muy modoso, ya que tiene “voto de castidad literaria”, ha dejado a mi consideración el publicar este refrán y sus variantes. Y es que, a mí, no me da reparo llamar al ratón, “ratón”, y a la sardina, “sardina”. Al fin y al cabo, eso es la sal de la vida.
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"Cuando vuela bajo, tiempo frío anuncia el grajo".
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"Cuando el grajo vuela rasante hace un frío acojonante".
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"Cuando bajo vuela el grajo hace un frío del carajo, y si vuela a trompicones hace un frío de cojones".
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"Cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo, y si vuela por los balcones hace un frío de..." (lo que rima, que ahora hay un niño en la foto).
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Atención, pregunta. Por 1 € de vellón: A la vista de estas fotografías, tomadas el 9 de enero en Madrid, adivinar como volaba el grajo del refrán y que tipo de frío hacía en la calle. [Ojo, no se admiten respuestas "subidas de tono"].
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Salud, fraternidad y mmaarrraamamiauuu.

martes 3 de febrero de 2009

“Candelaria a dos y san Blas a tres, adivina que mes es”

Templo de San Pedro, s.XII, en San Felices de Castillería (Palencia).
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“En febrero, el primer día,
santa Brígida nos guía,
el segundo, la Candelaria sería,
y después, viene san Blas,
el cuarto, san Blasico es,
y con santa Águeda,
la fiesta es acabada”.
(Cantar de ronda, popular leonés).
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Salud y fraternidad.

domingo 1 de febrero de 2009

“Refranero de Febrero, cosa de loqueros...”

“Febrero el mes de los gatos, cayeron en la cuenta y tomaron todo el año”.
“Febrerillo corto, con sus días veintiocho; si tuvieres cuatro más, ni perro ni gato habían de quedar”.
“Febrerillo el loco, sacó su padre al sol y después lo apedreó”.
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“Por san Antón la buena oca pon; por la Candelaria, ponen la buena y la mala”.
“Si hiela en las Candelas, cuarenta días hiela; y si en san Blas, cuarenta más”.
“Cuando la Candelaria plora, el invierno es fora; cuando ni plora ni hace viento, el invierno es dentro; y cuando ríre, quiere venire”.
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“Si la Candelera riu l'estiu es lluny, si la Candelera plora l'hivern es fora” (Si la Candelaria rie el verano esta lejos, si la Candelaria llora el invierno se ha acabado).
“Si la Candelaria plora, la primavera flora, pero si no plora, ni flora ni plora”.
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“Que Candelaria plore, o que cante, invierno por detrás y por delante”.
“La Candelaria plore, o deje de plorar, la mitad del invierno queda por pasar”.
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Conclusión gatuna: “Ándeme yo caliente y ríase la gente...”
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Salud y fraternidad.

jueves 29 de enero de 2009

“Las gatas no ponen huevos de oca...” (Refrán alemán).

“Los amantes fervorosos y los sabios austeros
gustan por igual, en su madurez,
de los gatos fuertes y dulces, orgullo de la casa,
que como ellos son frioleros y como ellos sedentarios.
Amigos de la ciencia y de la voluptuosidad,
buscan el silencio y el pavor de las tinieblas;
el Erebo se hubiera apoderado de ellos para sus correrías fúnebres,
si hubieran podido ante la esclavitud inclinar su arrogancia.
Adoptan al soñar las nobles actitudes
de las grandes esfinges tendidas en el fondo de las soledades,
que parecen dormirse en un sueño sin fin;
sus grupas fecundas están llenas de chispas mágicas,
y fragmentos de oro, cual arenas finas,
chispean vagamente en sus místicas pupilas”.
(Charles Beaudelaire, El gato).
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Mientras medito, ante los clásicos, se me ocurre una reflexión. Aunque nunca he sido amigo de tronos ni monarcas, me causa cierta simpatía el emperador de los dos números, Carlos I de España y V de Alemania, por la fina psicología que demostró poseer sobre lo divino, lo humano, y lo felino, cuando pronunció esta frase:
Hablo en castellano a Dios, en francés a los hombres, en italiano a las mujeres... y en latín a mi gato”.
A buen entendedor...
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Salud y fraternidad.

domingo 25 de enero de 2009

“El sueño de una tarde de verano...”

Las meigas nos guiaron hasta Vilanova de Lourenzá una tarde de verano, típicamente gallega, de esas que no sabes si el sol empuja las nubes o al revés. Este pequeño pueblo de la Mariña Lucense, rodeado por colinas sembradas de bosques y praderas, creció alrededor del Mosterio de San Salvador, fundado el 947 por don Osorio Gutiérrez, llamado “o Conde Santo”, una santidad otorgada por decisión popular. El lugar tuvo tiempos mejores, cuando el Camino de Santiago lo atravesaba por la Ponte da Pedra. Ahora, con sus cultivos de alubias, “o val da faba” se mantiene en una aurea mediocritas. Hasta tiene un “Centro de Interpretación da Faba”, para promocionar este rico producto, y cada primer fin de semana de octubre, sus laboriosos habitantes celebran “A festa da faba”. Ocasión gastronómica, cultural y comercial digna de vivirse.
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Estábamos descansando de la ruta, en las afueras del lugar, cuando divisamos al caballo pastando en su prado, el también nos vio y venteó el aire olisqueando para decidir si éramos un peligro o no. Por un si acaso, y como la prudencia no está de más, decidió contemplarnos a media distancia. En esto apareció su dueña, una campesina que, en principio, nos observó con el mismo aire analítico de su caballería, aquilatando nuestra presencia con cierto recelo propio de las gentes del agro.
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Pero cuando salía del pasto con el corcel, solicitamos su permiso para fotografiar al hermoso animal y, acaso, si el lo toleraba, hacerle alguna caricia. Entonces, vecina y cabalgadura perdieron todo recelo. Se detuvieron, para la sesión fotográfica, y mientras junto a las fotos hacíamos zalamerías al noble bruto, ella nos obsequió con esa conversación sosegada, un punto filosófica, que tienen muchas personas del campo.
La dueña no cabía en si de gozo, porque unos “turistas”, o “gentes de ciudad”, al fin y al cabo incultos en el conocimiento y trato con los animales de labor, no solo admirasen al equino, sino que se detuviesen además a intimar sin reparos con la bestia. Quienes viven en contacto directo con la naturaleza distinguen mejor que nosotros, los “urbanitas”, cuando una caricia es afecto, cuando una alabanza es sincera, y cuando mero cumplido.
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Al cabo de unas parrafadas, sobre las alegrías y durezas de la vida campesina, más algunas recomendaciones suyas sobre las excelencias monumentales y gastronómicas del lugar, la amable pareja se alejó ladera abajo, camino del tibio establo. Él, con la barriga llena de jugosa hierba, agradecido de nuestras humanas carantoñas y jugueteos; ella, tan oronda de haber impresionado a los forasteros, aunque también íntimamente satisfecha de haber echado el rato, en agradable compañía, antes de retomar sus faenas.
Caía la tarde, con perezosa lentitud. Para nosotros, no había entonces mejor monumento que la naturaleza del entorno, ni alimento más sabroso que la afable conversación y trato, sostenidos con la simpática campesina y su caballo de labor.
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Salud y fraternidad.

viernes 16 de enero de 2009

El cerdo “Antón”: Tradición celtíbera de “pata negra”.

El pueblo salmantino de La Alberca, asentado sobre un castro celta, a pocos pasos del enigmático monte “Peña de Francia” y su mágica Virgen Negra, es interesante no sólo por conservar su arquitectura tradicional, sino porque conserva también algunos ritos y tradiciones ancestrales, que en otros lugares ya se han perdido.
A espaldas del templo parroquial, en el lugar conocido como "Solano cimero", existe un viejo crucero, junto a él, sobre cierta roca, podemos ver un curioso animal tallado en granito. Es “el cerdo Antón”, entrañable personaje popular, siempre diferente y siempre idéntico a sí mismo...
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El 13 de junio, festividad de san Antonio de Padua, traen un gurriato ibérico de unos veinte kilos, lo atan a la escultura, le colocan una campanilla al cuello, el párroco lo bendice y luego es dejado en libertad. Así vagará por las calles del lugar, manso y dócil como un perro, recibiendo alimento, mimos y juegos de los vecinos, durante siete meses. En ese tiempo engordará, puede que hasta los ciento cincuenta kilos, protegido por todos, pues se considera de mal agüero maltratar al cebón. Es un animal totémico, que trae la buena suerte a quienes lo “veneran”, y las maldiciones a quienes lo perjudiquen –se dice que en forma de enfermedades, referidas a las partes pudendas-.
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Esta vida regalada, le dura hasta el 17 de enero, fiesta de san Antonio Abad, alias “san Antón”, en que el pobre gocho es atrapado y sale a pública subasta entre las familias del pueblo. La que resulte ganadora, tendrá un hermoso tocinete de “pata negra” para utilizar en su “matanza”, sacrificio ritual que ya no provoca desgracia alguna sino todo lo contrario. Y el dinero recaudado, cantidad que siempre es muy superior a la del valor real del puerco, se empleará en obras benéficas (antiguamente era para el mantenimiento de párroco y parroquia).
La explicación que suele darse para ésta tradición, remonta el hecho al final de la Edad Media. Cuando las persecuciones, contra musulmanes y judíos, moriscos y conversos, se intensificaron, las gentes que no querían verse envueltas en ellas, idearon toda clase de formas para destacar que eran “cristianos viejos” libres de sospecha. Una de tales, era criar y consumir marrano, animal “inmundo” cuyo rechazo era propio de las etnias y religiones perseguidas.
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Verraco celtíbero, plaza de san Martín (Segovia). [Diapositiva 5 abril 1986].
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No digo yo que no hubiese algo de esto, en la tradición del “cerdo Antón”, que antaño era común a numerosos pueblos, pero creo que lo único que se hizo fue aprovechar una costumbre todavía más antigua. Entre los pueblos celtíberos, el gorrino era animal “sagrado”, tanto en su versión salvaje, jabalí, como doméstica, cerdo, lo que no les impedía cazarlos y criarlos para disfrutar su carne: en la tradición religiosa celta, el “animal de bellota” es la base de los banquetes, tanto en el mundo humano como en el de los dioses. Se celebraban sacrificios de cochinillos, consumidos en comidas rituales, o enterrados como ofrenda de fundación en los templos. Y por amplias regiones de Celtiberia, quedan todavía esculturas de granito representando verracos, como animales totémicos, protectores de las piaras de cochinos.
Item mas. Algunas representaciones celtas de la Diosa Madre, la muestran desnuda a lomos de un cerdo, y al Dios Padre lo figuran como un hombre con dicho animal sobre sus hombros...
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Salud y fraternidad.

miércoles 7 de enero de 2009

¡Salud y fraternidad!

¡Hola, gente humana! ¿Pensábais que ya me había olvidado de vosotros? Nada de eso.
Estuve trabajando en la sombra, trabajando duro, para pasar al blog las vivencias que me transmiten mis "Pájaros Viajeros", cuando vuelven de sus vuelos, cortos o largos, por las tierras de Celtiberia.
Pues no otro que yo, es el autor de esas jugosas entradas que tanto placer intelectual os producen. ¿Acaso lo ignorábais? Si alguno todavía lo duda, que fije sus ojos en mi magnética mirada y repita, cien veces: "¡Crispín es un magnífico narrador!"... Luego no le cabrán reticencias al respecto.
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Bueno pues, no dejéis de visitarme. Así mi verbo fácil os alegrará, distraerá y, acaso, os aporte un toquecillo cultural.
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¡Ah, se me olvidaba! ¡Que el nuevo año "oficial" os sea leve!
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Mmiiiiaaauuuu... miarramamiauuu...

jueves 25 de diciembre de 2008

Los trabajos y los días... (cuento invernal)

Ascendimos por las sierras de Segovia finando diciembre, cuando las primeras nieves anunciaban la inminente llegada del invierno, cuando los campos quedan bañados de una solitaria belleza y las gentes buscan refugio en la intimidad del hogar. Las escasas gentes que todavía aguantan, como celtíberos numantinos, en un medio rural que se desvanece para siempre en las nieblas de la historia.
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Lo primero que topamos, pasados los puertos, fue el pueblecito de Cerezo de Arriba, donde nos sorprendió un bello ábside románico, resto de lo que debió ser el magnífico templo del lugar cuando éste era una próspera comunidad rural, dedicada a la agricultura y la ganadería.
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Fotografiábamos las venerables piedras, cuando surgido de la nada, como un genio de los huertos, apareció un anciano lugareño, amable y bondadoso, que se ofreció a enseñarnos el interior del templo. Poco sospechábamos, la agradable sorpresa que allí nos aguardaba.
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Don Vicente García González, de "profesión" jubilado, al cabo de haber ejercido como labrador, pastor y cartero, entre otras ocupaciones, luego de platicar sobre lo laborioso de conservar el viejo templo y enseñarnos el barroco retablo “al que habría que dar un buen repaso para recuperar su dorada belleza”. Nos encaminó a los pies de la nave y allí, con tímida humildad pero con sano orgullo, como quien te lleva a su cabaña de pastor tras haberte enseñado el palacio del marqués, dio la luz para mostrarnos el “Belén” que había construido.
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Sin empacho alguno, el risueño artesano se metió en el “escenario” para tomar una figura de acá, soltarla, coger otra de acullá, dejarla en su lugar y acudir presto a mostrarnos otra. Igual que un abuelo enseña sus nietos, presumiendo que si uno es bueno, el otro es travieso, aquella es lista y el de mas allá un pícaro, pero a todos quiere por igual.
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El buen hombre está para cumplir los ochenta años, y ha tardado dos en concluir su obra, aprovechando los ratos perdidos que le deja el cuidado del huerto. Y sobre todo, llenando las horas muertas que el frío del invierno hace tan largas por estas montañas. Y las ha llenado bien, porque don Vicente es un artesano con todas las de la ley, que con la misma paciencia empleada en su trabajo se dedica a contestar, siempre con una sonrisa, todas nuestras preguntas.
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La treintena larga de figuras humanas y la veintena de animales, están confeccionadas con un detalle y preciosismo llenos de ingenuo encanto. Con paciencia y buen hacer ha tallado la madera, para complementarla de alambre. Aunque no ha sido una labor solitaria, porque con no menos detalle y paciencia, su esposa ha tejido, cortado y cosido, desde las vestimentas de los personajes a la piel de los animales.
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A tanta exactitud ha llegado esta pareja de artesanos, que el pequeño telar funciona tan perfectamente como uno de tamaño real, y en la demostración que nos hizo don Vicente pudimos comprobar este prodigio de inventiva.
Pero no está en la técnica artesana, ni en el gusto por el detalle realista, el mayor valor de este “Belén”, con ser todo ello primoroso y de gran mérito.
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La escenografía, aparte de figurar las típicas escenas mitológicas del Portal de Belén y la llegada allí de los Magos de Oriente, tiene su originalidad en las actividades de las gentes que pueblan, como “extras laicos”, el teatro sacro principal. Los aldeanos, escenifican todas las etapas del cultivo y elaboración del lino, acompañados de pequeños carteles explicativos del proceso, empezando por el cultivo: arado y siembra.
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Tras segarlo, y ponerlo a “cocer” en las pozas, viene el trabajoso machacado de las fibras sobre piedras planas.
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Le sigue el “espadar”, golpearlo para separar la hebra; rastrillar, para limpiarlo de impurezas; e hilar, con la rueca y el huso.
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A continuación, se hacen los ovillos con el “argadillo”.
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Después se elaboran las madejas, con el "aspador".
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Y ya solo queda tejer las piezas de lino con el telar.
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Bueno, lo último, lo último, es festejar el feliz resultado de la cosecha y elaboración del producto.
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Y a mí, todo ello me evoca los “mensarios” medievales, esos calendarios en piedra que nos reciben en las arquivoltas de muchos templos románicos. Esa secuencia, de “los trabajos y los meses”, que representa el discurrir del tiempo cotidiano medieval, me parece que sigue siendo la que gobierna el espíritu de este “Belén” popular. Porque el ritmo de la vida campesina, con todos los adelantos técnicos que queramos –incluso nuestro belenista, confiesa tener un ordenador-, sigue siendo el mismo ahora que en el medievo, ya que se trata del ritmo de la Naturaleza, la Madre Naturaleza.
No cabe duda, el espíritu de aquellos canteros medievales, que nos dejaron en piedra tan bellos ejemplos de "los trabajos y los días", ha palpitado en las manos artesanas del anciano don Vicente y su habilidosa compañera. Que sea por muchos años.
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Salud y fraternidad.

viernes 19 de diciembre de 2008

¡Feliz solsticio de invierno!

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En el solsticio de invierno, hacia el 21 de diciembre, la duración del día y la altura del Sol sobre el horizonte son mínimos. A partir de entonces, los días comienzan a alargarse lentamente, cada uno que pasa hay un poco más de luz.
Por eso la Religión Antigua celebra el solsticio invernal como el retorno del Sol, tras su triunfo sobre las tinieblas. Por eso, durante estas fechas, era celebrado el nacimiento de los dioses solares, como Osiris, Dionisos, Mitra, etc., con la fiesta del "Nacimiento del Sol Invicto". Por esas fechas, se prendían hogueras para danzar a su alrededor, como símbolo de renacimiento y esperanza en la fertilidad futura. Se hacían treguas, sobre todas las disputas, y las gentes celebraban banquetes colectivos obsequiando a sus allegados.
Aunque la Naturaleza parecía sumida en un sueño profundo, todos sabían que sólo dormitaba, que su quietud y silencio eran sólo aparentes, pues en su interior la Madre Tierra se estaba renovando, estaba fabricando la primavera.
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¡Felicidades a todos! ¡Que la Diosa Madre, la Madre Tierra, nos traiga salud y prosperidad!

lunes 15 de diciembre de 2008

"Cuadrados mágicos", partituras para la Música de las Esferas.

Paseando por el encantador pueblo medieval de Uncastillo (Zaragoza), a poco que uno se fije, se encuentran cosas muy curiosas. Sobre la fachada de una casona, en la Plaza del Mercado, frente a la Lonja Medieval, nos topamos de improviso con un “cuadrado mágico”. Por su estado, calidad de la piedra y talla, vemos que se trata de una pieza moderna, además, antiguamente a nadie se le habría ocurrido colocar algo así en la puerta de su casa. Había que guardar las formas, y era mejor no despertar sospechas de brujería, pues no estaba el horno inquisitorial para muchos bollos.
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Un “cuadrado mágico”, es una tabla con una serie de números que, sumados en vertical, horizontal o diagonal, dan siempre el mismo resultado. Ello responde a un complejo cálculo matemático, que por su misma complejidad a los profanos nos resulta “mágico”. Esa capacidad mágica, procede sin embargo del concepto pitagórico del número, como base de su filosofía: los números son los sillares del Cosmos y de todo lo existente, por tanto los números expresan lo que las cosas son. Comprenderlos, es comprender el Universo.
Al margen de la estricta filosofía pitagórica, muchos magos, pretendieron que, jugando con ciertas combinaciones numéricas, se podían conjurar las fuerzas de la naturaleza, para hacerlas favorables. Y nacieron los “cuadrados mágicos”, como talismanes o amuletos.
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¿Pero, qué simbolismo tiene para quienes actualmente los colocan en determinados edificios? Porque resulta que, este cuadrado de Uncastillo, es idéntico al que Joseph María Subirachs ha colocado sobre la Fachada de la Pasión, en el templo de la Sagrada Familia, de Barcelona.
¿Un símbolo, señero de los magos y la magia, sobre un templo de la nueva religión? Hay que concluir, que se trata de un simbolismo bastante peregrino, para una religión que presumió de quemar en la hoguera a cuantos magos se le ponían por delante, salvo a los Magos de Oriente, aquellos sabios caldeos que tuvieron el acierto de cambiar su profesión, por la de Reyes Magos, para escapar de la quema.

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El juego numérico de este cuadrado da, como resultado de la suma: 33, se sume por donde se sume. Lo cual puede resultar conveniente en aquella “Fachada de la Pasión”, ya que según la mitología cristiana esa era la edad del dios sacrificado. Sin embargo no parece tan obvio, ese 33, en el cuadrado de una casa particular en Uncastillo. ¿Tendrá algo que ver, el hecho de que el 3 es el primer número perfecto para los pitagóricos?
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[Dedicado a Pallaferro, amigo de “cuadrados mágicos” y “aprendiz de brujo”, de cuyo blog: Homus Virtualis, he tenido la osadía de tomar prestada su foto de la Sagrada Familia].
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Salud y fraternidad.

viernes 28 de noviembre de 2008

Las alegres comadres de Sanabria...

Cuesta abajo, por el camino de San Martín de Castañeda, allá van las buenas comadres de Sanabria. Han improvisado rústico bastón, con un simple palo, más que nada por marcar el ritmo y por aquello de la ayuda moral, pues que los pies todavía les responden. Se han provisto de paraguas, que el sol de junio ya se hace sentir. Y unas con un calzado, otras con otro, según se ajuste a su comodidad, han echado el tipo carretera adelante.
Charlan de sus cosas, que si la hija esto, o los nietos aquello. De las inquietudes cotidianas, este año buena va la fruta, o que el ganado tiene jugoso pasto y dará abundante leche. También, como no, cosas del pueblo, que si el tío fulano enfermó, la tía zutana marchó a la capital, o el truhán del menganito hizo cierto estropicio. Sin olvidar a la juventud. ¡Cómo está la juventud, Señor! Las comadres van cuesta abajo, y la fácil marcha les suelta la lengua.
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Luego, cuando el regreso sea todo subida, la charla irá más menguada. Quizá, entonces, con el monte a su derecha y el lago a la izquierda, será inevitable que salga a colación la leyenda de la ciudad sumergida, Valverde de Lucerna, y la xana Senábriga que allí habita. Tal vez alguna recuerde, también, las desventuras de “San Manuel Bueno, mártir”, el unamuniano párroco de novela. Y otra, puede sacar de la memoria los viejos versos: “San Martín de Castañeda, espejo de soledades...”
Vaya, la cuesta se pone pina, pero no desfallecen. Un último esfuerzo, a casita, y mañana más. Cosas del doctor, que ahora se ha puesto de moda que los ancianos caminen, bueno y los menos ancianos también, que parece ser que eso tan viejo de ir a pie es “mano de santo” para todo mal. Y bueno está lo bueno, ellas, que no han hecho otra cosa en toda su vida que trajinar de acá para allá, sube y baja, ve y vuelve, que la vida del campo no es un lujo y hay que sudarla para sacar adelante a la tropa familiar, ahora el señor médico “las manda a paseo”.
Pues venga, si el doctor lo manda allá vamos, que en buena compaña y con animada charla se traga bien esta medicina. ¡Ojalá todas ellas fueran de tan grata administración! Pocas contraindicaciones y escasos efectos secundarios, menos que la “aspirina” seguro.
¡Ánimo, alegres comadres, y que sea por muchos años!
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Salud y fraternidad.

miércoles 26 de noviembre de 2008

¿“Pata negra” medieval?

Templo de Nuestra Señora del Vallejo, Alcozar (Soria). [Fotos 22 de noviembre 2008].
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Saba, en la galería porticada de Santa María del Rivero, San Esteban de Gormaz (Soria), poco sospechaba la insólita aventura que el destino le deparaba...
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Caímos por Alcozar, pequeño pueblo soriano, un sábado de fría ventolera y nubosidad variable. En lo alto del cerro campaban las ruinas del templo de Nuestra Señora del Vallejo –una contradictoria advocación-, que están excavando con vistas a ser restaurado. Allá nos dirigimos por la empinada cuesta, saltamos del coche y tras nosotros saltó la perra Saba, quien se lanzó hacia las ruinas siempre dispuesta a “culturizarse” románicamente. Nos acercamos a las menguadas piedras y, justo entonces, nos dimos cuenta del error. El suelo estaba lleno de cortes estratigráficos y tumbas medievales recién excavadas. ¡Todo ello repleto de huesos humanos! ¿Un festín medieval, para un perro del siglo XXI?
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Alcozar, corte estratigráfico del terreno bajo el muro sur. Depósito óseo en fosa común.
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Para nuestro asombro, Saba no les hizo ningún caso. Después de tantos siglos bajo tierra, los humanos acabamos por no tener interés ni para la curiosidad canina. No obstante su manifiesto desinterés por los huesos, no dejamos de vigilar, por si acaso el instinto “perruno” terminaba por salir a flote.
Al rato, descubrimos con horror que Saba tenía el hocico completamente cubierto de tierra, signo inequívoco de que había estado escarbando y enterrando algo... ¡Ay, terrible sospecha! ¿Y si, por fin, a nuestras espaldas había saqueado el yacimiento y escondido un hueso humano?
Tras recriminarle su acción con palabras indignadas, investigamos por donde la habíamos visto merodear últimamente y, al cabo, ella misma se delató. Al acercarnos a cierto montón de tierra comenzó a gruñir y morder las botas de su dueña, señal inequívoca de que allí estaba el “cuerpo” del delito y no quería cederlo.
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Alcozar, enterramientos individuales bajo el muro oeste.
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Sin embargo allí no se veía nada, aunque el misterio lo aclaró la propia Saba. Al ver que nos acercábamos tanto a su “tesoro”, intentó rescatarlo. La sorprendimos tirando de un trozo de cuerda basta, que sobresalía del terreno, y tanto tiró que desenterró el “hueso” al que estaba atada. ¡Oh, sorpresa y chasco! No se trataba de hueso humano alguno, sino del típico hueso de jamón con su cuerda atada a la pezuña...
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Saba con el "cuerpo" del delito... [Foto cortesía de Pata de Oca].
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La explicación, se imaginaba sencilla. Los obreros de la excavación, debían haberse dado un banquete de buen jamón serrano, abandonando luego la extremidad inservible: pezuña y cuerda. Moraleja: Los perros son más inteligentes que los humanos, pues mientras nosotros nos extasiábamos fotografiando huesos, mondos y lirondos, de congéneres muertos hace un puñado de siglos, Saba, más lista que el hambre, reciclaba un reciente y sabroso hueso de cerdo, quien sabe si ibérico o de bellota.
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Salud y fraternidad.

¿Por qué tendré que pisar yo todos los charcos?

Pruna, con cara de asombro, parece pensar: "¿Qué he hecho yo para merecer esto?". [Foto 1 noviembre 2008].
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Aparte las lógicas precauciones, que la sensatez dicta, viajar con animales de compañía -no humanos- se está poniendo cada vez más dificil. Los perros no pueden entrar en locales públicos, ir sueltos, ir sin bozal, ir en coche sin cinturón de seguridad... Y cuando en algún establecimienmto hotelero, afirman admitirlos, generalmente se refieren al garaje. Ahora debemos añadir, la prohibición de entrar en los parques rurales.
Barca es una villa soriana, con magnífica galería porticada románica, un pequeño parque público y unos 140 habitantes censados. Por motivos que ellos sabrán y a nosotros no se nos alcanzan, los próceres municipales han colocado en dicho parque un gracioso cartelito, que tiene maldita la gracia: "Perros no".
Sin embargo, dada la situación del cartel de marras, no sabemos muy bien si se está prohibiendo que los perros pisen el cesped o que permanezcan en el parque. Dejando bromas aparte, sobre que, en todos los pueblos -aunque tengan consideración legal de "villa"-, los canes siempre han campado por sus respetos en razón de su utilidad, no creemos que este lugar ande tan sobrado de perros como para que se les prohiba la entrada al parque. La verdad, no vimos ningún otro aparte del nuestro. ¿Será que en verano, los turistas, traen los perros en "manadas" y, a "falta de campo" para correr, los llevan al parque? ¿Será que esas "manadas" de perros turísticos muerden a destajo, a las no menos turísticas "manadas" de niños que, presuntamente, acuden al parque?
Algún malicioso, podría pensar en cierta turbia conexión monetaria entre los fabricantes de carteles y algún munícipe local, pero eso es tan absurdo que no cabe ni siquiera imaginarlo... ¿Será más seguro creer que la corporación municipal, en pleno, odia los perros? ¿O que alguno de sus componentes tuvo una mala experiencia con los canes, durante su infancia?
Todo son elucubraciones, pues allí no había nadie a quien preguntar. De los 140 habitantes censados no vimos ni uno durante nuestra estancia en el lugar, y eso que era fin de semana. Por supuesto no había rastro de niños, y mucho menos de perros a los que atosigar con el cartelito.
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Salud y fraternidad.