jueves, 24 de marzo de 2011

Equinoccio de Marzo, la vida sigue...

El gato Crispín, sempiterno soñador, se despereza de su modorra invernal, bosteza a placer, mientras intenta adivinar el contenido de ese sobre, certificado y urgente, en cuyo remite se lee: "Madre Naturaleza". Una vez abierto, de su interior surge un mensaje en forma de imágenes. Un mensaje de renovación, de eterno retorno.
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La rueda ha girado otra vuelta completa, regresa la luna de Marzo, deslumbrante, llena de augurios. Pasa deslizándose, silenciosa, sigilosa, entre los desnudos árboles, que ocultan en las nocturnas sombras, como avergonzados, sus primerizos e inapreciables brotes verdes.
. El equinoccio de Marzo avanza con largos pasos, lleno de grandes propósitos y enormes despropósitos. Voluble, su veleta gira y gira. Donde había cielo azul, se cosechan tormentosas nubes, pero al cabo, regresa el calmo sol a entibiar la vida que se renueva.
. Entre tanta locura climática, se abren diminutas florecillas, como un experimento de lo que vendrá luego. Parece que Mamá Natura estuviese ensayando la magna obra que ha de representarse, dentro de pocas jornadas, en el Gran Teatro del Mundo.
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Se alfombran los prados, la hierba, avanzadilla vegetal, jalea y anima a plantas de mayor porte. Y los árboles, poquito a poco, un día sí y otro también, se engalanan de brotes que, con proverbial timidez, al comienzo apenas si se muestran.
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Los frutales, parecen competir por presentar el mayor número de flores, las más coloridas, las más olorosas, a modo de reclamo para los alados amadores, sus imprescindibles cómplices en este instante fugaz y pródigo de vida.
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El reino animal, también se alborota. ¡Y de qué manera! Las aves son quienes más aspavientos hacen, pues, perdido todo pudor, se lanzan al cortejo con más urgencia que vergüenza. Derrochando energías, astucia, y un poco de salvaje ingenuidad.
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Sir Crispín de Cheshire, que a pesar de su racionalismo congénito, tiene una chispa de locura, intenta descifrar cuales son esos augurios del Equinoccio de Primavera. Le han hablado de los "Idus de Marzo", y se ha puesto a escarbar en las cartas de la baraja, por ver si atisba algo del porvenir. El muy ingenuo, ignora que no existe eso que llaman porvenir. Lo que existe, es el "devenir", algo que está, inconnogscible, por encima de nosotros...
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!Marzo viene...!
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¡Marzo! ¡Viene Marzo...! El astro de rubios
cabellos, la huerta satura y orea.
Son las brisas tibias y llenas de efluvios...
¡Marzo! ¡Viene Marzo! ¡Bienvenido sea!
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¡La huerta está ebria de luz y hermosura!
La noche se cierra de estrellas cuajada...
Entre sus misterios el amor incita...
El alma cansina siéntese alentada
y el corazón viejo juvenil palpita.
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¡Marzo! ¡Viene Marzo pródigo y amigo
reanimando vidas y sembrando flores!
¡Marzo, te saludo! ¡Marzo, te bendigo...!
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[Miguel Hernández, 1930].
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Salud y fraternidad.

3 comentarios:

Malvís dijo...

Preciosa y esmerada entrada propia de un minino con el corazón en la cabeza. Y ahora, en sus días postreros, quizá hayamos de decir:

Adiós,Marzo traicinero
que te llevas mi esperanza,
adiós, Marzo, que te llevas
el trocito de mi alma.

Arrumacos varios y besos a tus mascotas humanas.

juancar347 dijo...

Pues yo, quizás tan ingenuo como el buen Syr Crispín, creo también en el porvenir; y no hace faltan ser ni buen ni mal aurúspice para sentir que ese bostezo de la Madre Natura es toda una invitación a gozar de los dones de la primavera; de soltar amarras y navegar hacia la aventura de una tierra que, regenerada, nos espera con los brazos abiertos. Un abrazo y a por la primavera, Syr Crispín.

juancar347 dijo...
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