viernes, 16 de enero de 2009

El cerdo “Antón”: Tradición celtíbera de “pata negra”.

El pueblo salmantino de La Alberca, asentado sobre un castro celta, a pocos pasos del enigmático monte “Peña de Francia” y su mágica Virgen Negra, es interesante no sólo por conservar su arquitectura tradicional, sino porque conserva también algunos ritos y tradiciones ancestrales, que en otros lugares ya se han perdido.
A espaldas del templo parroquial, en el lugar conocido como "Solano cimero", existe un viejo crucero, junto a él, sobre cierta roca, podemos ver un curioso animal tallado en granito. Es “el cerdo Antón”, entrañable personaje popular, siempre diferente y siempre idéntico a sí mismo...
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El 13 de junio, festividad de san Antonio de Padua, traen un gurriato ibérico de unos veinte kilos, lo atan a la escultura, le colocan una campanilla al cuello, el párroco lo bendice y luego es dejado en libertad. Así vagará por las calles del lugar, manso y dócil como un perro, recibiendo alimento, mimos y juegos de los vecinos, durante siete meses. En ese tiempo engordará, puede que hasta los ciento cincuenta kilos, protegido por todos, pues se considera de mal agüero maltratar al cebón. Es un animal totémico, que trae la buena suerte a quienes lo “veneran”, y las maldiciones a quienes lo perjudiquen –se dice que en forma de enfermedades, referidas a las partes pudendas-.
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Esta vida regalada, le dura hasta el 17 de enero, fiesta de san Antonio Abad, alias “san Antón”, en que el pobre gocho es atrapado y sale a pública subasta entre las familias del pueblo. La que resulte ganadora, tendrá un hermoso tocinete de “pata negra” para utilizar en su “matanza”, sacrificio ritual que ya no provoca desgracia alguna sino todo lo contrario. Y el dinero recaudado, cantidad que siempre es muy superior a la del valor real del puerco, se empleará en obras benéficas (antiguamente era para el mantenimiento de párroco y parroquia).
La explicación que suele darse para ésta tradición, remonta el hecho al final de la Edad Media. Cuando las persecuciones, contra musulmanes y judíos, moriscos y conversos, se intensificaron, las gentes que no querían verse envueltas en ellas, idearon toda clase de formas para destacar que eran “cristianos viejos” libres de sospecha. Una de tales, era criar y consumir marrano, animal “inmundo” cuyo rechazo era propio de las etnias y religiones perseguidas.
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Verraco celtíbero, plaza de san Martín (Segovia). [Diapositiva 5 abril 1986].
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No digo yo que no hubiese algo de esto, en la tradición del “cerdo Antón”, que antaño era común a numerosos pueblos, pero creo que lo único que se hizo fue aprovechar una costumbre todavía más antigua. Entre los pueblos celtíberos, el gorrino era animal “sagrado”, tanto en su versión salvaje, jabalí, como doméstica, cerdo, lo que no les impedía cazarlos y criarlos para disfrutar su carne: en la tradición religiosa celta, el “animal de bellota” es la base de los banquetes, tanto en el mundo humano como en el de los dioses. Se celebraban sacrificios de cochinillos, consumidos en comidas rituales, o enterrados como ofrenda de fundación en los templos. Y por amplias regiones de Celtiberia, quedan todavía esculturas de granito representando verracos, como animales totémicos, protectores de las piaras de cochinos.
Item mas. Algunas representaciones celtas de la Diosa Madre, la muestran desnuda a lomos de un cerdo, y al Dios Padre lo figuran como un hombre con dicho animal sobre sus hombros...
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Salud y fraternidad.

10 comentarios:

Minerva dijo...

Que linda historia, gracias por compartirla.

Pilara dijo...

En el pueblo, mi madre cuenta, se criaba comunalmente durante el año "la marranica de San Antón" que luego se sorteaba entre los vecinos en las fiestas del Patrón, llenando de alegría y de alimento a la familia afortunada ayudándole a pasar mejor el invierno.

Quizás la explicación a esta tradición aquí venga por la época en que los moriscos de las Alpujarras debían aparentar amoldarse a los nuevos usos y costumbres. Imagino que si los "ejercitos" de la Reconquista llegaban a una zona donde los vecinos en buena unión alimentaban y cuidaban un cerdo para luego dar buena cuenta de sus carnes, era señal inequívoca de que habían abandonado sus "malas costumbres".

Recuerdo que de niña cuando iba al pueblo y no quería salir de casa por cualquier motivo mi abuela Elisa me decía como para animarme :"Sal donde te vean los cristianos"...
Se ve que todavía pensaba que había que demostrarle "algo" a "alguien" y es que hay costumbres que permanecen arraigadas por los siglos de los siglos... Amén.

Salud y fraternidad.

Alkaest dijo...

Gracias por tu aportación, amiga Pilara, muy interesante. La archivo, por si en alguna ocasión la hubiere menester.

De antiguo, esa costumbre de la cria y subasta, o sorteo, del gorrino estaba bastante extendida. En La Alberca, y por toda esa zona, hubo una fuerte presencia de conversos, por eso debieron adoptar la antigua costumbre céltibera del cerdo "comunal", que pervivía en la zona, exagerándola para demostrar su aceptación de la nueva "fe". De ahí que, cuando los de un pueblo querían insultar a los de otro, les llamasen "marranos", o sea "cerdos". No porque fuesen sucios, sino indicando que comían cerdo "para disimular", porque en secreto seguían con su antigua fe y por tanto no eran "limpios".

Salud y fraternidad.

Malvís dijo...

Gustaba de contar a mis amigos ( testigos hay aquí) aquella entrañable anécdota que me ocurrió en una de las visitas a ese pueblo tan encantador.
Conocedor de la tradición que nos narras, quise comprobarla in situ por lo que, antes de aterrizar en el Doña Teresa, aparqué el coche recién estrenado en la plaza de entrada, junto al crucero.
Apareció el "cochino" negro, suelto de atadura, libre y campando a su voluntad. En presencia de todos y sin miramiento alguno, se aproximó, olió y se raspó el lomo en el lateral derecho de mi flamante voiture arrancando de cuajo su pintura metalizada ante la indiferencia de los paisanos mientras la ira enrojecía mi cuello, a mayor gloria de la "vaca sagrada" de La Alberca y la alegría de mi chapista Antonio el de Taller Lima.

Desde entonces, no olvido de poner oreja de cerdo en las lentejas de los lunes que siempre reservo a Fendetestas. Y no, no creas que es en venganza al gorrino, sino en señal de veneración, pues he llegado a aceptarlo como totem tan sagrado que por gustarme de él, me gustan... ¡ hasta sus andares¡.

Y en relación a tu comentario, reconocer que tienes tanta razón que, aprovechándome de tu genealogía y de aquel antepasado,gran señor de Caravaca, habré de recordarte ( sin acritud, compadre)aquella expresión de los limítrofes: Murciano...
Pero es sólo para los que no tienen la verdadera fe ¡ que conste¡

Alkaest dijo...

¡Y luego dicen, los juglares, que a mi me pasan cosas raras!
Señor don Malvís, esa experiencia debe demostraros, de una vez por todas, los graves peligros del "turismo antropológico". Y lo digo con conocimiento de causa, pues en apurados trances me he visto envuelto por su causa. A poco que te descuides, un "gocho" te decapa el automóvil, y todavía salísteis bien parado. Dad gracias que no se frotó con vuestras piernas, porque con tales mañas os veía en la "UCI" y con muletas para una temporada.

Comprendo, pues, que tras tal acaecido renováseis vuestro "fervor" culinario hacia la raza porcina. Es otro de los misterios de la "antropología", el "amor" que puede despertar en nosotros por según qué cosas...

Sobre mis antepasados, grandes señores y pequeños plebeyos, que de todo hubo, todavía no he solicitado a la Real Chancillería el "Expediente de pureza de sangre".
Así que, ajeno al inquisitorial ADN, me río yo de "motes", "refranillos", "socarronerías", "ocurrencias" y "gracejos", varios, sobre razas y creencias.

Paréceme que sobre esta Madre Tierra, que nos soporta, no hay más raza cierta que la humana, ni más creencia verdadera que el ser buena persona...

O en plan más materialista: "Salud y pesetas, lo demás son puñetas" (A ver quien es capaz de rimar esto con "euros").

Salud y fraternidad.

Pilara dijo...

MENSAJE DE MI VECINA LAQUEDUERMECONPEDRO

En la Naturaleza lo que nos distingue a los Humanos del resto de la "creación" es la espiritualidad, pero ...(porque siempre hay un pero)¿qué sería de nosotros sin lo material?...
No sería plan. Por eso yo digo (sólo para que no duden de nuestra "fe"):"Salud, euros y vino... y disfrutemos como cochinos" (con vino todo rima mejor)

Besitos a todos.

---ooOoo---

"Crispín", espero sepas perdonarla, la pobre es un poco bruta y como ves tampoco domina el mundo informático.

Salud y fraternidad.

Alkaest dijo...

¡Vale, Pilara, tu vecina y tú podéis tómaros algo a mi salud!

Le ha quedado un "neo-refrán" de lo más lucido. Voy a intentar que lo incluyan en el Diccionario de Paremiología...

Salud y fraternidad.

Fendetestas dijo...

Son los euros el remedio del dolor de la cartera; en estos tiempos de dudas, ni pesetas ni puñetas, ¡que me den muchos "bin laden" y dejen la mano quieta!

Del cochino se aprovecha todo, nadie dice no al jamón, incluso los japoneses se lo comen con melón. Con jamón y un vaso vino se hace ligero el camino, si te tomas la botella puedes perder el rumbo, mejor será que te bebas un licor de higochumbo.

¡Que San Anton nos proteja a todos(y a nuestros dueños)!

Alkaest dijo...

¡Fendetestas, que te pierdes! ¡Bien haces en pedir ayuda a san Antón!
Seguro que tú si habías dado un buen trago, de "licor higochumbo", cuando escribiste este comentario. Porque te ha salido, un "no-poema", de lo más ripioso... Y soy benevolente, en mi juicio.

Salud y fraternidad.

syr dijo...

Al cabo, sacralizar un privilegio.

Porque si privilegio es gozar de todos estos amigos que preceden mi actual comentario, justo es reconocer que ni jolgorio, ni luenga barba ni sacralidad de la víctima.

Al fín, canto a la agricultura y al priviliegio concedido a los monjes antonianos.

Salud y románico