En el bronce galo de Colingny, s.I d.C., Samhain es nombrada como Samonios y existe alguna otra variante. Pero, fuese con uno u otro apelativo, esta festividad celebra entre los pueblos celtas el final del verano y el comienzo del invierno. Esta transición estacional, señala el inicio del Año Nuevo. Es un festejo cíclico, propio de una sociedad agrícola y pastoril, que marca el cambio de labores en los cultivos y en la cría del ganado.Los pastores recogen sus rebaños trayéndolos desde los pastos de verano, celebran mercados ganaderos, sacrifican las reses necesarias y preparan su carne para conservarla como alimento invernal. En Irlanda, se celebra la gran asamblea de los cinco reinos, en Tara, durante el Samhain, con carreras de caballos, ferias con productos de temporada, ritos pastoriles de fertilidad, bailes y hogueras.
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Pero por encima de todo ello, están los festejos rituales para conmemorar la muerte y renacimiento del año, del ciclo estacional. La noche entre el último día de octubre y el primero de noviembre, al ser la frontera temporal entre las dos estaciones, se sitúa fuera del tiempo, por ello las leyes naturales del mundo quedan en suspenso durante esas horas. La puerta entre el “mundo natural” y el “más allá”, queda abierta, con lo cual los espíritus difuntos pueden pasearse por la tierra de los vivos, y el espíritu de ciertos vivientes –como druidas y druidesas, o bardos- puede desplazarse al otro lado.
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Por eso, es en esta fecha cuando tienen lugar numerosos hechos sobrenaturales de la religión y los héroes célticos: el dios Dagda se une con la fértil diosa Morrigán, que así comparte con el sus poderes de oráculo; el héroe Cú Chulain, aprovecha para tener encuentros con mágicas damas del Otro Mundo; el dios del amor, Oenghus, captura y se empareja con la dama oca, Caer.
Es una época de gran actividad celeste, llena de espíritus y energía sobrenatural, cuando los mundos de vivos y muertos se mezclan estrechamente. Todos los ritos que en esta noche mágica se celebran, tienden a controlar la actividad de esos espíritus, para que no se desmanden, y a festejar las diversas divinidades para que sean propicias a la humanidad.
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La nueva religión, con su sentido trágico y triste de la muerte, era incapaz de competir con esta forma alegre y desenfadada de enfrentarse al tránsito materia-espíritu. Por ello, como única manera de aniquilar estas creencias y hacer prevalecer las suyas, convirtió a los dioses, genios y espíritus celtas, en diablos, y a sus adoradores en hechiceros, e hizo creer que los alegres bailes y fuegos de Samhain, eran obscenos aquelarres de brujas.
Por suerte, no todos se dejaron engañar. La tradición continuó, más o menos disfrazada, los fuegos siguieron encendidos; las calabazas talladas, con velas en su interior, se encienden todavía. Y las gentes, aunque ya muchas no sepan el por qué, continúan felicitándose e intercambiando regalos y golosinas.
La nueva religión no triunfó del todo, las alegres hogueras de Samhain han prevalecido sobre las tristes hogueras de la inquisición. La Religión Natural del felíz fuego regenerador, libremente aceptada, todavía triunfa en algunos espíritus sobre la religión impuesta por el fuego del dolor.
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A nuestros compadres y comadres, del “aquelarre” de la piedra mágica de Barahona, y a todos los “brujos” y “brujas” que durante este año se han sumado al conciliábulo, les deseamos lo mejor. Feliz Samhain, feliz Año Nuevo, que la Triple Diosa Madre os colme de bendiciones.
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Salud y fraternidad.