miércoles, 25 de febrero de 2009

“Entierro de la Sardina” ¡Justicia poética...!

El Miércoles de Ceniza, es para mí un día irritante, muy irritante. Los humanos celebran el “Entierro de la Sardina”, entierro simbólico, claro, pero uno, gato al fin y al cabo, no puede dejar de sentir nostalgia. ¡Tanta sardina paseada a hombros! ¡El hocico se me hace agua!
Porque, aunque sean sardinas de cartón piedra y papel, servidor no puede dejar de soñar como sería hincarle el colmillo a una, de verdad, de carne y raspa, de ese tamaño...
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[Entierro de la Sardina, Buzanada de Arona (Tenerife), 6 de marzo de 1984].
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En fin, dejemos los sueños y reflexionemos. Quizá, vuesas mercedes, no se hayan parado nunca a considerar el significado profundo, el más íntimo y esotérico, del “Entierro de la Sardina”. Dicho entierro, que en realidad se resuelve mayoritariamente en incineración, tiene su explicación aparente, superficial, o “exotérica”, en el hecho de que los seguidores de Don Carnal, al terminarse el Carnaval y ver aproximarse las “estrecheces” gastronómicas de la Cuaresma, como “venganza” por verse obligados a comer, de ahí en adelante, tan sólo pescado, queman la sardina en efigie como algo jocoso.
.[Idem anterior].
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Lo que de oculto o “esotérico” tiene, este exorcismo popular, es bastante herético. Es tan simple que a nadie se le había ocurrido, hasta que un humilde felino como yo lo ha pensado.
Los “fieles” de Don Carnal, que deben pasar obligatoriamente al servicio de Doña Cuaresma y sus ayunos, lo que nos demuestran con tal acto, es que lo hacen cual “conversos”. Es decir, “a la fuerza ahorcan”. O sea, como si declarasen: “dejamos los jolgorios, dejamos la carne, pero es contra nuestra voluntad, porque nos obligan. No ejecutamos este precepto de buena voluntad, sino por miedo a ese Dios vengativo, a sus no menos vengativos ministros y a sus temidos sayones. Vamos a comer solo pescado, pero sabed que odiamos esta costumbre impuesta por la fuerza. Por eso, enterramos la sardina, la quemamos, ante vuestras santas e inquisitoriales narices”.

Y es que la fe, por obligación, es coacción, no devoción.

Lo dicho. ¡Quemar la "Sardina" es pura justicia poética!
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Salud y fraternidad.

9 comentarios:

Baruk dijo...

Hola mixo bonito!

Siempre que he participado en un debate sobre esa curiosa tradición he salido malparada, así que te propongo que dejemos de reflexionar sobre ese entierro simbólico y nos juntemos tú y yo para montar una sardinada a la brasa, mira, yo me como las sardinas y tus las raspas, hace?

besitos mixo

Alkaest dijo...

¡Me asombra tu ingenuidad! ¿O es simple picardía humana disfrazada?
¡Que los animales somos, presuntamente, irracionales, pero no tontos!
¿Como quieres no salir malparada, en el tema de las sardinas, si haces unas distribuciones tan poco equitativas?
¿Que te parecería que yo te ofreciese las raspas, y me quedase con las sardinas?
¿O es que, porque soy un humilde gato, "europeo común", y tu una "humana sapiens" crees que solo me corresponden las sobras?
¡Que no me parió, mi felina madre, para que un bípedo humano me tomase los pelos del bigote!
Con lo agusto que me sentaría contigo, al amor de las brasas, repartiendo, una sardina para tí, una sardina para mí. Y las raspas, p'al que las quiera.
¡Ay, ay, Baruk querida, cuanto te queda por aprender sobre la Madre Naturaleza y sus hijos...!

Dicho sea todo, con mucho cariño y comprensión para tu imperfecta especie. Que ya me pregunto yo, en que estaría pensando la Diosa Madre cuando se le ocurrió crearos.

Salud y fraternidad.

Malvís dijo...

¿Por qué andáis a la gresca por la sardina, si sabéis que lo prohibido era la "cerdina"?.

Aunque pensándolo bien, atendéis razones monárqicas, que no las genuinas plebeyas.

Alkaest dijo...

Señor Malvís, mis neuronas deben estar onnubiladas por la juerga carnavalesca y sus excesos, porque no capto la ironía sobre "las razones monárquicas".
A mi felino parecer, nada hay más plebeyo que armar gresca por unas buenas sardinas, sobre todo si las comemos por buen gusto, con su pizquita de gula, y no por cuestiones de fe mediante imposición inquisitorial interpuesta.
A más, a más, me parece bellaquería que tildéis de monárquica a mi felina persona, pues me blasono de actuar ante la monarquía como mi pariente el Gato de Cheshire: Me niego a darle la mano y la miro de hito en hito. Porque como dice el refrán sajón: "Un gato bien puede mirar a su rey..."
Aunque, inter nos y en petit comité, para mi las monarquías son como las sardinas, como mas me gustan es a la brasa...
[Dicho sea, con todo respeto para quienes disfruten siendo súbditos sumisos de sus benévolas altezas].

Salud y fraternidad.

Pilara dijo...

Compadre Crispín, que entierren en paz al dichoso pez de cartón piedra y esperad al verano para saborear unas buenas sardinas. Es cuando están más sabrosas. Unos espetos asados en su punto ponen de buen ánimo a los comensales , seguro que no habrá problema a la hora de repartir las piezas y si las acompañamos con unas migas y cerveza fresquita seguro que se acaba la discusión...
Con la brisa marina las cosas se ven distintas y hasta se puede llegar a pensar que da igual, carne que pescado, cuando se elige por voluntad propia.

Un fuerte abrazo.

Alkaest dijo...

Amiga Pilara, vuestra sensatez y equilibro son encomiables. Como buena mediadora, habeis puesto la cuestión en su justo término.
Haya, pues, pax romana, o celtíbera, pero pax. Y si puede ser con panen et circensis, -y entre pan y pan, sardina-, pues "miel sobre ojuelas".

Salud y fraternidad.

Malvís dijo...

Me explicaré, Sir de Chesire, pues no haya de ser mi intervención motivo de chanza ni desafío entre tan buena cohorte.

Referíame a que los orígenes de tan pródiga costumbre carnavalesca, hunde sus raíces en la prohibición de comer carne, tras la unción frontal de ceniza, esto es "cerdo o cerdina" que surtió la mesa tras la reciente matanza, y sólo habilitar la ingesta de pescado en tiempo cuaresmal. La tradición oral, deformó el término "cerdina" por el de sardina.

Fue don Carlos, el Tercero de las Españas, el que para introducir el rito eclesiástico, "convidó" a los plebeyos a sardinas; pero tan aciago día escogió, que la calor las llevó a la podredumbre y hubo que enterrarlas.

Dígame su baronía, si es que mis intenciones eran aviesas o intentaban evitar contienda por un quítame allá esas "raspas".

Alkaest dijo...

Disculpad caballero Malvís, que no atinase por donde iban vuestros tiros. Ya conocía las mañas del beato señor don Carlos III, entre cuyas "borbónicas virtudes" no parece figurar el abtenerse de "entrar en camisas de once varas", y por ende la "correcta elección de viandas".
Aunque según mis cortas luces, ya existía previamente la costumbre de "enterrar el Carnaval", y lo de enterrar las "putrefactas sardinas" parece bufonesca consecuencia de ello, y de la metedura de real pata borbónica.
Aclarado pues el entuerto, os libero de culpa y adjetivos infamantes. Aunque el recuerdo de este desperdicio "sardinil", manque ocurriese hace siglos, me cause honda y felina depresión.

Salud y fraternidad.

Malvís dijo...

Disculpado quedáis, y devoto de usía quedo.

¡Principiemos con los espetos, pues¡