miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sit tivi terra levis.

Conocimos a Don Bernardino, durante una visita a las Meridades burgalesas. Ocasión en la que, a pesar de estar ya marcado por la enfermedad, se desvivió por ejercer de cicerone, mostrándonos los templos románicos de Vallejo de Mena, Siones y El Vigo, con una erudición, simpatía y amenidad, desbordantes. Si nuestra valía dependiese de los contendientes intelectuales con que nos enfrentamos, tendríamos que considerarnos muy afortunados, porque Don Bernardino fue un "oponente" fabuloso.
Hay personas con las que nos relacionamos toda una vida, y no acabamos de conocerlas nunca, jamás se llega a saber cual es su verdadera esencia, o dicho en palabras del pueblo llano: "de que pie cojean". A otras, las tratas durante un rato, y ya sabes lo que puedes esperar, o no, de ellas, basta un simple cruce de impresiones para saber lo que hay en su alma. Eso nos sucedió con este humilde párroco rural, al que hasta ese momento sólo conocíamos de oídas.
. La visión de su imponente figura, semejante a uno de aquellos "Jueces" bíblicos, severos al par que bondadosos, y el breve intercambio de opiniones -un poco de arte románico, un tanto de simbología teológica, un algo sobre historia de los Templarios, y una pizca de antropología sobre la comarca-, nos desveló al personaje con una claridad que no requería más explicaciones. En cuanto lo tratamos un poco, nos vino a la mente aquel pasaje de la mitología bíblica, en que Abraham dice a su dios: "¿Si encuentro aunque sea tan sólo un justo, salvarás la ciudad?", y la divinidad le contestó: "Si encuentras un sólo justo, no descargaré mi ira sobre la ciudad".
Y quedamos firmemente convencidos, que el mítico dios bíblico, tan inclinado a la venganza justiciera, hubiese perdonado la pecaminosa ciudad del libro, de haber habitado en ella Don Bernardino. Un hombre que, por encima de los defectos inherentes a la condición humana, era justo y bueno.

Un sacerdote de inquebrantables convicciones, y que a pesar de ello, o precisamente por eso, era severo con su alma, e indulgente con las almas de los prójimos. Dispuesto a escuchar y hablar, a dar su opinión sin menospreciar la del otro, a defender sus creencias sin imponerlas y con absoluto respeto hacia las ajenas. Su actitud humana y tolerante, le atrajo el respeto de sus feligreses y de quienes no lo eran, de modo que, siguiendo con las comparaciones de su fe, podríamos afirmar que, en su labor pastoral, actuó como aquel hombre de "la parábola del buen administrador", al que su amo dio unos dineros que él se preocupó de administrar sabiamente, de forma que produjeron grandes ganancias al señor.
.
Ahora, a las puertas del otoño, se ha cumplido su tiempo, y este buen pastor ha dejado el mundo terrenal. Si existe alguna divinidad bondadosa, como aquella en que Don Bernardino creía a pie juntillas, estamos seguros que lo ha sentado a su diestra, donde descansará de todos los sinsabores que hubo de soportar durante su estancia en la Tierra, y se verá recompensado por el trabajo bien hecho. Hoy, si existe algo de verdad en esa religión a la que, este buen sacerdote, sirvió fielmente, el Diablo y todos sus secuaces habrán sufrido un tremendo berrinche, porque una gran alma humana ha pasado volando sobre ellos, con destino directo a los cielos, sin escalas ni trasbordo.

Quienes lo conocimos, mucho o poco, sentiremos el vacío de su ausencia, pero nos consolaremos con el recuerdo de su grata compañía, su amable trato, y su cálida humanidad.

Hasta siempre Don Bernardino.

Salud y fraternidad.

7 comentarios:

Malvís dijo...

Preciso y precioso homenaje a una persona querídísima con la tuvimos la suerte de compartir retazos de su vida ejemplar. Tú, además de ser modesto a la par que brillante escritor, has vertido en esta entrada un trozo de tu generoso corazón para que nunca perezca la memoria de un amigo que fue un gran hombre.

Gracias por tus palabras.

juancar347 dijo...

Me uno al comentario de Malvís. Nadie mejor que un Maestro curtido en mil y una batallas contra la intolerancia, humilde y prudente, para escribir un epitafio desde ese justo corazón que sabe juzgar a las personas. Personalmente, y no me cansaré de decirlo jamás, este buen hombre me impactó, y en contra de lo que puedan opinar en algunos foros, le recordaré con cariño y respeto. Como a la gran persona que, no me cabe duda, fue. Un abrazo

Fendetestas dijo...

Nos unimos a este precioso y sentido homenaje de Rafael a Don Bernardino, un hombre muy especial, con un trato muy humano hacia todos, afable y cariñoso.

Fue un privilegio conocerle y una muestra de que en el mundo es posible, todavía, encontrar personas realmente buenas.
Un abrazo a todos. Pedro y Antonia.

Pilara dijo...

"Porque si el alma puede dejar su polvo turbio,
y cabalgar desnuda por los aires del cielo
¿No es, acaso, vergüenza, no es un fatal disturbio
habitar por más tiempo en este vil suburbio?"

...

"Abre para mí tu puerta
pues Tú sólo abrirla puedes,
porque Tú sólo concedes
la gracia de verla abierta.

Tú el sendero me mostraste
de llegar a redimirme:
Y si no puedes abrirme,
¿para qué a Ti me llamaste?

Al ofrecerme su ayuda
muchos son los que te invocan;
mas mi rebelión provocan;
mi fe contra ellos me escuda.

Sólo ante Ti me prosterno;
sólo en tu auxilio confío;
todo muere en torno mío:
Sólo Tú eres Eterno."

OMAR KHAYYAM

pallaferro dijo...

Precioso homenaje. Unas acertadas y emotivas palabras que definen la sensación que tuvimos todos al conocer ese noble corazón que ha partido.

Un abrazo

Malvís dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Syr dijo...

Por expreso deseo de su sobrina, doña Pilar Terol, remito su carta:

" Nos dejó una persona muy especial.
Los que tuvimos la suerte no sólo de conocerle, sino de entender y compartir su forma de ser y de vivir, podemos afirmar, sin lugar a dudas, que nos ayudó a descubrir, la verdadera esencia de la vida.

El cariño por la familia, la amistad hacia las personas, la capacidad de sacrificio por los suyos, y su enorme fé, eran los pilares sobre los que giraba su existencia.

A pesar de que toda su vida se ha dedicado a conciliar como nadie su vida personal, basada en cuidar de los suyos, con su fé religiosa, siempre le quedaba tiempo e ilusión para transmitir, a todos los que querían aprender, sus conocimientos, y contar lo que se podía descifrar o interpretar de los símbolos tallados en piedra, que durante siglos han permanecido mudos y pacientes en sus maravillosas iglesias, lo cuál hacían de éstas, no sólo un referente para los entendidos, sino que era un reclamo, para que año tras año se visitaran.

Llegados a este punto, quiero agradecer de todo corazón, a las personas que lo admiraban, le querían, y le ayudaron en sus últimos momentos, no sólo con sus muestras de cariño, que fueron abundantes, sino porque compartieron con él su sabiduría y sus conocimientos.

En concreto me refiero, como no podía ser de otra manera a la visita - “expedición” que llegó desde Almería, y que fue para él como un sopló de aire fresco. He de decir, que aunque llegó por desgracia en el ocaso de su vida, creo que el destino así lo quiso, pues fue para él en ese momento, un bálsamo que le reportaba un bienestar y una satisfacción enorme. Saber que alguien estudiaba sus Iglesias, se interesaba por profundizar en sus pétreas entrañas, y en definitiva compartía y mantendría su ilusión por ellas, le hacía sentirse feliz y más orgulloso aún si cabe de ellas. De alguna manera quiero pensar, que era reconfortante para él saber, que otras personas tenían las mismas inquietudes e ilusión por sus Iglesias, y precisamente, el hecho de conocerlas justo cuando a él le faltaban fuerzas, y le quedaba poco tiempo de vida, le consoló en gran medida.

Aunque me consta que por la distancia, y por obvias razones de trabajo, estuvisteis con él en pocas ocasiones, también me consta, que vuestras visitas fueron para él entrañables. Tengo que reconocer que mi tío hablaba de la gente que venía de Almería, con mucho cariño, no sé si era porque coincidisteis en pasiones, o por que hubo conexión desde el primer momento, en cualquier caso, cuando hablaba de vosotros, y en particular de D.Manuel Gila, se sentía feliz. Vuestra amistad, os puedo asegurar que fue breve pero intensa, y tan sincera como espero que pueda ser la nuestra. Creo, sin lugar a dudas, que fue providencial vuestra visita, pues por paradójico que suene, llegasteis en el mejor momento, cuando os necesitaba.

Por lo anterior espero y deseo no perder la relación con las personas que hicieron tanto bien a mi tío, y que podamos seguir en contacto, pues estoy segura que a mi tío le encantaría.

Con cariño, Pilar."