sábado, 8 de noviembre de 2008

¿La cabra sincrética tira al monte...?

Santuario de Santa Casilda, inicios del s.XVI, sustituye uno románico. Cerca de Briviesca (Burgos).
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En tierras de la Bureba, sobre un peñón rocoso, se encuentra el santuario de Santa Casilda. Su portentosa mitología, sincrética, y sus simbólicas relaciones familiares, están contempladas en la obra de R. Alarcón: “La huella de los Templarios”, y yo no sabría narrarla mejor. Pero, muy esquemática, es como sigue.
Allá por el siglo XI, el toledano rey Al-Mamum tiene una hija, la caritativa princesa Qasida que socorre a los prisioneros cristianos. Enferma y viaja hasta la Poza de San Vicente, junto a Briviesca. Sanada, gracias a las aguas del manantial, se retira como ermitaña a una cercana cueva del monte pues, tras tener una visión de la Virgen, desea hacerse cristiana. El bautismo, con agua de la poza milagrosa, cambia su nombre por el de Casilda y le proporciona poderes celestiales. Desde su instalación en el lugar, los lugareños cesan de sufrir calamidades naturales y ven como sus cosechas y rebaños prosperan. Cuando Qasida-Casilda muere, su cuerpo queda en la cueva para veneración de peregrinos, aunque la reliquia más poderosa es la cabellera de la doncella, rubia, lo que prueba, para sus incondicionales devotos, que la madre de la princesa-ermitaña era vikinga.
En tiempos celtíberos aquí estuvo el “Bosque Sagrado”, habitado por Dríades y Hamadríades, alrededor de "Manantial Mágico".
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A este enclave, lleno de “magia” y “misterio” han acudido siempre las mozas, para implorar novio, luego marido y después hijos, dejando como ofrenda las monedas arrojadas a la poza.
El trasfondo celtíbero no puede estar más claro: una doncella “mora” que habita junto a una fuente de aguas curativas, a la que acuden las jóvenes en demanda de “amor y fecundidad”, previo “pago” de ofrendas en forma de monedas arrojadas a las aguas.
El “Manantial Sagrado”, de aguas curativas, estaba custodiado por un espíritu de las aguas, o Melusina.
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¿No vemos cómo por el borde del vestido, de la princesa arábigo-normanda, asoma la “pata de oca” de las melusinas, o de las druidesas, y por su velo se escapa la rubia cabellera de las divinidades celto-nórdicas de la naturaleza?
Bajo la capa de pintura simbólica de la nueva religión, aparecen todos los elementos de la antigua: fuente curativa, doncella protectora de la fuente, monte sagrado, cueva mágica y bosque sagrado...
Todavía hoy, perdura el recuerdo de las Dríades en esas figuras sagradas que se empotran en el tronco de ciertos árboles centenarios.
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Un resto espiritual que ha sobrevivido, hasta en el “pequeño” detalle del culto al árbol sagrado. Hace poco hablamos de las Dríades y Hamadríades, los espíritus vegetales que habitan dentro de los árboles. Pues bien, junto a la Poza de San Vicente, existe el tronco muerto de un antiquísimo árbol. Alguien, ha horadado un hueco en su madera, ha depositado dentro una pequeña imagen del Hijo, segunda persona de triple-único dios de la nueva religión, y lo ha cerrado con cristal sellado. A su pie colocan ofrendas de flores y hierbas aromáticas, mientras piden interceda para que las aguas curativas del manantial les favorezcan.
La divinidad de la nueva religión, sin proponérselo, ha sido capturada por los espíritus de la Antigua Religión. ¿Simple justicia poética? ¿O es que la “cabra” del culto popular, “tira al monte” de las creencias ancestrales...?
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Pero no es sólo aquí, lo cual sería un exotismo antropológico. En otros muchos lugares hubo, y en algunos ha sobrevivido, la costumbre de introducir imágenes sagradas: vírgenes, santos, dentro de troncos de árboles considerados antaño dignos de veneración. Y aquella serie de leyendas, medievales, sobre la ocultación y encuentro de imágenes de la Virgen –generalmente Vírgenes Negras-, dentro de troncos milenarios, procede del mismo fondo de la Religión Antigua, el culto a los espíritus de los árboles.
Si la humanidad hubiese continuado con esa respetuosa veneración, por los árboles y sus espíritus custodios, otro gallo nos cantara.
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Salud y fraternidad.

4 comentarios:

BARUK dijo...

Es una suerte para nosotros que esas simbólicas relaciones mitológicas fueran recogidas en ese libro.

La causalidad ha hecho que precisamente en estos días me encuentre disfrutando de su lectura y por ello se que el nombre de Casilda significa “poema o canción”. Creo que es el mismo significado del nombre de una de las más populares Vírgenes de nuestra tierra, la Virgen del Carmen . Tendrá alguna relación?

Saluditos

Alkaest dijo...

¿Casualidad...? ¿No será causalidad?
Bueno, he averiguado que, para algunos listillos etimológicos, el nombre podría también derivar del germánico (no olvidemos que su madre se decía vikinga), con el significado, y esto ya no me cuadra mucho en dicha moza, de "el que combate en la batalla". Más me inclino por el arábigo, donde "kassilda" es "cantar", y "qásida" un tipo de poema. Pero no deja de ser curioso que las etimologías "coincidan" con la leyenda... Quizá porque, en toda leyenda, siempre hay algo de realidad.

En efecto, "carmen", en latín, es un canto o poema cantado. Recuerda los "carmine" famosos: "Carmina Burana", de los goliardos (s.XII-XIII). Aunque el apelativo de "Virgen del Carmen", se pretenda hacer pasar como relativo al "Monte Carmelo" de Galilea, con el significado de karm-el: "viña de dios". Pero no vamos a polemizar sobre ello, "doctores" tiene la Iglesia... (Si tales "doctores" sanan o no a sus pacientes, esa es otra historia, ya sabemos como funciona la Sanidad).

Salud y fraternidad.

Minerva dijo...

Preciosa, maravillosa imagen!

Me la robe, solo para admirarla....pero si la uso, ya sabe, le aviso y pongo de donde la tome, si no hay inconveniente. Saludos!

Alkaest dijo...

Amiga Minerva, supongo que se refiere a la imagen del Manantial Sagrado. Por supuesto que la puede "robar" para usarla en su blog, con mucho gusto le cedo el uso y disfrute de esta maravilla de la Naturaleza.
(Si se trata de cualquier otra foto, también vale).

Salud y fraternidad.